martes, 10 de marzo de 2020

Escenas Míticas: Especial Juicios - Las dos caras de la verdad



   Como ya decía en la primera película del ciclo, “La caja de música”, el cine de juicio a menudo se utiliza como mensaje de denuncia. Sin embargo, de todas las elegidas que hemos visto y veremos, quizá esta sea la menos reivindicativa, aunque eso no significa que no tenga una total ausencia de ese aspecto dado que toca un par de temas a considerar socialmente.




   Por un lado, aunque no lo hace en profundidad y no sea el tema central del argumento, se tira un dardo contra la Iglesia y sus, ya hoy día mas tristemente conocidos, abusos sexuales a personas jóvenes, mostrando nada menos que a un obispo que obliga a unos adolescentes a escenificar unos vídeos de carácter pornográfico.



    Y, por otro lado, se plantea el tema de la personalidad múltiple en cuanto a su enfoque legal. Ya comentábamos en “Múltiple” que el personaje principal se inspiraba en un hombre que alegó tener un trastorno disociativo de personalidad que fraccionaba su psique en varias y que solo algunas eran responsables de sus crímenes. Aquel fue el primer caso que fue en ser dictaminado “no culpable“ por un juzgado popular.



   Y moviéndose entre esas ideas y entre el más puro thriller y drama judicial, fue como montó Gregory Hoblit su trama. Un Hoblit que, tras una etapa televisiva, con series policíacas y judiciales como “Canción triste de Hill Street” y “La ley de Los Ángeles” debutaba a lo grande en la gran pantalla con esta magnífica película, “Las dos caras de la verdad”, aunque es cierto que el estilo televisivo se le notaba.



   Pero lo cierto es que la película tuvo excelentes críticas, en la que se la calificó como que si era verdad que era efectista pero que no se podía negar que también era efectiva de cara al espectador. No en vano supuso un buen negocio pues convirtió su inversión de 30 millones de dólares en más de 100 de recaudación en taquilla. A éste le siguieron algunos títulos que gozaron de cierta fama como “Fallen”, “Frequency” o “Fracture” (también judicial).



   Pero aparte del buen oficio de su director y de tocar algunas cuestiones mas o menos morbosas, la película le debe mucho a la elección de un gran reparto, formado por Richard Gere, Edward Norton, Laura Linney, Maura Tierney y Frances McDormand. Y tanto las interpretaciones principales como secundarias elevaban este título de telefilm a espléndido thriller.



   Mención aparte para un joven Edward Norton que se estrenaba, aunque ese mismo año, 1996, participó en otras películas (“Todos dicen I love you” y “El escandalo de Larry Flynt”(. Papeles secundarios pero nada menos que para Woody Allen y Milos Forman. El caso es que pocas veces se había visto un debut tan atronador como el de Norton.


   Lo que tras ganar el Globo de Oro y ser nominado al Oscar, haría presagiar que seria ganador de la preciada estatuilla en cualquier momento. Sin embargo, 24 años después, tras tres nominaciones, no ha sido así. El caso es que la primera elección para el papel fue para Leonardo DiCaprio, quien lo rechazó. Y se pasó un enorme casting con mas de 2000 aspirantes del cual fue elegido Edward Norton.


 

   Por cierto, suya fue la idea de modificar el personaje con el detalle del tartamudeo. Pero también sirvió de reivindicación para Richard Gere, a quien perseguía esa etiqueta de guaperas sin talento, mucho más viniendo de protagonizar “El primer caballero”. Un par de detalles más. Figura ente las películas con final mas sorprendente del género. Y atención al bellísimo tema musical, un fado de Dulce Pontes, “Cancao do mar”.


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