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martes, 1 de marzo de 2022

Escenas Míticas: Whodunit - Puñales por la espalda

 


   Este mismo año, si nada cambia, se prevé el estreno de la secuela, aunque en plataforma, concretamente en Netflix, con Daniel Craig repitiendo en el papel, de hecho, utilizando la misma estrategia de las películas basadas en las novelas de Agatha Christie. Es decir, todas protagonizadas por el mismo detective pero en casos independientes y con repartos diferentes. En esta segunda parte se ha contratado a Edward Norton, Dave Bautista, Kate Hudson, Janelle Monae, entre otros.



   Porque lo que hace esta película es precisamente un homenaje al whodunit, y a esas adaptaciones de la literatura de Christie pero a la manera de Rian Johnson, es decir, incorporando sus propias claves, e incluso parodiando este subgénero en cercanía con títulos como “Un cadáver a los postres” o “El juego de la sospecha” (Cluedo), aunque sin llegar a tanto.



   Porque Johnson es un verdadero troll. Y lo digo en buen sentido. Un tipo capaz de saltarse todas las reglas fijas y convencionalismos de los géneros, y reinventarlos, pinchandole los globos que haga falta los fans, lo que le ha valido el odio de muchos de ellos incluso perder algunos proyectos.



   Porque Rian Johnson había sido elegido para crear una trilogía relacionada en el universo “Star War” pero fuera de la línea Skywalker aunque el desmesurado apaleamiento sin cuartel al que fue sometido por los fans más recalcitrantes de la saga galáctica tras “Episodio VIII, los últimos Jedis”, dio al traste con el proyecto. Y todo su pecado se debió a intentar hacer algo diferente, hacer algo original, innovar.



   Que es lo que ha hecho con todas las películas de su corta filmografía, en su totalidad partiendo de un guion escrito por él, porque Johnson es buen director pero mejor guionista. Primero llegó “Brick” qué causó muy buena impresión, ya un tanto menos “Los hermanos Bloom”. Y luego sus tres títulos más conocidos por el público.



   “Looper”, magnífica película de paradojas temporales, nuevamente introduciendo variantes y mezclando con otros géneros, como el terror. La mencionada “Los últimos Jedis”, por mucho que le moleste al fandom, una de las mejores películas de la saga y la mejor de la última trilogía. Y ahora que me caigan todas las piedras que quieran. Y “Puñales por la espalda”, de la cual la secuela también será suya.



   El director y guionista pretendía realizar una versión americanizada y actualizada de Hércules Poirot en el personaje del detective Benoist Blanc, para ello eligió a un Daniel Craig que demostró que se le daba muy bien salirse del smoking de James Bond, pasándoselo bomba con el personaje, el cual repetirá en la secuela, y no se descartan más películas al estilo de la saga Poirot de los setenta.



   Le acompañaba Ana de Armas (con la que coincidió en su última película como James Bond, “Sin tiempo para morir”, de hecho, fue recomendada por él), y todo un elenco de estrellas, como Chris Evans, Don Johnson, Jamie Lee Curtis, Michael Shannon, Toni Collette y un Christopher Plummer que en la película moría a los 85 años, en homenaje a la edad con la que murió la propia Agatha Christie.



   Pero Rian Johnson se saltaba varias claves del whodunit, como no desarrollar toda la trama encerrando a los personajes en un mismo escenario, como variante principal al subgénero. La película tuvo excelentes críticas y comercialmente funcionó de maravilla, por lo que me extraña que la secuela no se estrene en cines. Costó tan solo 40 millones de dólares, a pesar de su espectacular elenco, y recaudó en taquilla 311, un exitazo.



martes, 22 de febrero de 2022

Escenas Míticas: Whodunit - Malos tiempos en el Royale

 

    No es exactamente un whodunit pero sin duda le guiña a ese subgénero en varias ocasiones, lo que provocó que me llevara una grata sorpresa en el momento de su estreno, aunque parece que no surtió el mismo efecto en el resto del público dada su escasa recaudación, 32 millones de dólares, exactamente los mismos que invirtieron para hacerla, así que, cubrieron gastos, pero fue un fracaso.




   Quizá por ello, desde entonces, por ahora, Drew Goddard no haya vuelto a dirigir, aunque tampoco hace más de cuatro años de ésta. Un Goddard que tan solo tenía una película previa en su filmografía, “La cabaña en el bosque”, pero hizo el suficiente ruido como para estar atentos a su próximo proyecto, que fue éste, y que incluso muchos la consideran un título de culto.



   Drew Goddard estaba más reconocido en el mundo de la televisión como showrunner de series tan populares como “Alias”, “Angel”, “Buffy, cazavampiros” o “Perdidos”. Aunque también ha escrito los guiones de varias películas de renombre como “Cloverfield” (“Montruoso” en España), “Guerra Mundial Z” o “Marte.



   Decía que no es un whodunit al uso y es porque aquí no hay que descubrir a un asesino que está acabando con el resto de personajes. No responde a las claves exactas del subgénero creado, o popularizado, por Agatha Christie en sus novelas. Pero existen variantes a ello. La propia saga “Scream”, y que nadie se lleve las manos a la cabeza, es un whodunit hibridado con el slasher, al que también reformulaba.



   Pero si comparte algunas características del más clásico, cómo encerrar a los personajes en lugar determinado y que sus personajes no sean quiénes dicen ser, o que sus intenciones son otras. Aunque aquí las referencias están más próximas a dos títulos más modernos que las adaptaciones de novelas de Agatha Christie anteriores, y son “Identidad” y “Los odiosos ocho”.



   Ambas comparten un aspecto que no suele ser habitual ni mucho menos en el whodunit, una violencia bastante explícita. De hecho, a Goddard se le ha nombrado en alguna ocasión como uno de los posibles herederos de Quentin Tarantino, al cual admira. Aunque Goddard tiene más inclinaciones por el terror. Sí, en ésta también. Es más, hay un tema de la película que tiene cierto paralelismo con otra película de terror “Habitación sin salida”, con Kate Beckinsale.



   Tiene un reparto bastante nutrido de nombres conocidos pero no de estrellas, si exceptuamos el del gran Jeff Bridges. Que podría no haber sido la única porque también se habló con Russell Crowe para el papel que finalmente fue para Jon Hamm. También tenemos a Dakota Johnson, Cinthya Erivo y Chris Hemsworth (también le tuvo en “La cabaña en el bosque”), cuyo personaje está basado en Charles Manson.



   Aunque el personaje más importante, por muy típico que pueda parecer, es el propio escenario en el que ven inmersos a los demás, el hotel. Un hotel exactamente situado en la frontera de los Estados de Nevada y California, cómo separación entre el frío y el calor pero también, simbólicamente, cómo de dos vidas. Se realizó una gran labor de ambientación, recurriendo al papel de impresión de las paredes de la época y la recreación de maquinas de discos y tragaperras como las originales.



   Pero no es real, sus mil metros cuadrados están basados en el Cole Neva Resort, que en su momento fue comprado por Frank Sinatra. De hecho, la película está situada temporalmente en 1969, lo sabemos porque hay un momento en el que puede verse en un televisor la rueda de prensa de Richard Nixon y otro la noticia de la masacre de Cielo Drive, donde fue asesinada, entre otros, Sharon Tate, precisamente por la Familia Manson.


martes, 15 de febrero de 2022

Escenas Míticas: Whodunit - Muerte en el Nilo

 


   Ya en el final del remake de “Asesinato en el Orient Express”, Kenneth Branagh anunciaba que la siguiente película apuntaba lo que claramente era otro remake de las novelas de Agatha Christie, vinculados por el personaje creado por ésta, uno de los más famosos de su obra literaria, el detective Hércules Poirot, interpretado por él mismo, que esta vez se ha rodeado de nombres como Gal Gadot, Armie Hammer, Annette Bening o Emma Mackey.




   Tras la cámara, un artesano todoterreno pero con gran predominancia de las películas de aventuras, de carrera irregular pero que venía de firmar dos películas que me encantan como son “El coloso en llamas” y el remake de “King Kong” de 1976. Y cuya versión de la novela de Christie fue bien valorada por la crítica. Sin embargo, tras ella solo hizo tres películas más y de muy menor calidad, en un declive inexplicable que terminó con su retirada del cine en 1988, diez años después de ésta.



   Era la tercera adaptación de una novela de Agatha Christie, en realidad cuarta, pues “Diez negritos” ya contaba con dos versiones, a las que habría que sumar la de “Asesinato en el Orient Express”. No obstante, los productores quisieron cambiar la línea creativa respecto a aquella para paliar los defectos que los críticos veían en las propias novelas de la escritora.



   A lo que se refería es que en sus libros los personajes apenas tienen desarrollo y tan solo ejercen como meras piezas en una partida de ajedrez. También a que las tramas eran demasiado mecánicas y en pantalla podrían resultar reiterativas. Además, se consideraba que caricaturizaba demasiado a los personajes.



   Por lo cual se contrató al guionista Anthony Shaffer, al que se debían los libretos, nada menos, de películas como “La huella”, “Frenesí” o “ El hombre de mimbre”, y al que tras el de ésta, también se ocupó de los de las dos siguientes adaptaciones de la novela de Christie, “Muerte bajo el sol” y “Cita con la muerte”.



   Shaffer, dramaturgo de obras teatrales y especialista en el género policiaco y especialmente el detectivesco, transformó ciertos aspectos del texto original literario. Concretamente eliminó todo el tratamiento colonialista que la escritora había imprimido a la trama principal. Redujo el número de personajes para evitar la repetición de interrogatorios. Y además introdujo algunos elementos de tensión en la descripción de éstos.



   Aún con los cambios, Shaffer consiguió ser bastante fiel a la novela original, conservando su espíritu y manteniendo la trama principal intacta, consciente que su fuente era el misterio de cómo iban sucediéndose los asesinatos y su resolución final. Para llevarla a cabo, el rodaje se llevó a Egipto donde se rodó íntegramente durante ocho semanas, cuatro de las cuales se dieron en un barco, donde los personajes están encerrados gran parte de la película, como mandan los cánones de whodunit.



   Por lo que las localizaciones culturales que vemos, las pirámides, las Esfinges, o los templos de Abu Simbel y Karnak, son los reales. Por cierto, las altas temperaturas, en ocasiones llegando a los 54 grados al mediodía, obligó a maquillar a los actores de cuatro a seis de la madrugada. Un reparto plagado de estrellas consagradas del cine.



   Como Hércules Poirot el gran Peter Ustinov (el mejor que ha interpretado el personaje para mí) acompañado nada menos que de Bette Davis, Mia Farrow, David Niven, Ángela Lansbury (más tarde encarnaría otro personaje mítico de Agatha Christie, Mrs. Marple) y luego otro muy parecido en la serie “Se ha escrito un crimen”, (Jessica Fletcher), George Kennedy, Jack Warden y Olivia Hussey.



      La música la puso Nino Rota, el compositor de la mítica melodía de "El padrino". La película obtuvo el Oscar al mejor vestuario y tuvo buenas críticas. Sin embargo, en taquilla solo recaudó 14 millones de dólares, habiendo costado 8, pero inferior a los 25 de "Asesinato en el Orient Express" y a la parodia del género whodunit, "Un cadáver a los postres", con 32.


martes, 8 de febrero de 2022

Escenas Míticas: Whodunit - Un cadáver a los postres




   Por fin llega a la pantalla grande el segundo remake de una película basada en las novelas de Agatha Christie, por parte de Kenneth Branagh, tras el que ya realizó de “Asesinato en el Orient Express”. En este caso en “Muerte en el Nilo” la que se estrena con más de año y medio de retraso a causa de los efectos de la maldita pandemia.




   Precisamente como parodia al subgénero del “whodunit”, se hizo esta película que caricaturizaba más específicamente las adaptaciones de las novelas de Agatha Christie. Aunque curiosamente solo se habían llevado a cabo dos en ese momento, dos años antes, precisamente “Asesinato en el Orient Express”. Pero que a la vez coincidía con el remake de “Diez negritos”.



   “Un cadáver a los postres” se reía de todos los clichés típicos de esta clase de películas y por extensión a la literatura en la que se basaban. Como es el encerrar a una serie de personajes en un lugar donde se van sucediendo los asesinatos y en el que el único objetivo es descubrir quién lo hizo como si fuera un juego de Cluedo.



   Es más, no hay ninguna consideración más que descubrir al asesino y sus motivaciones atendiendo a las pistas y a las coartadas de los personajes. De hecho, los asesinatos no son violentos, y ni siquiera llegan a verse, solo se descubren los cadáveres. Precisamente “Cluedo”, o cómo la conocimos aquí “El juego de la sospecha” ya 1985, era una especie de remake no declarado de la que hoy comentamos.



   Tras la cámara, Robert Moore, que venía del mundo de la televisión y cuya filmografía tan solo la componían tres películas, la primera de ellas, y la mejor muy de largo es “Un cadáver a los postres”, a la que siguió “Un detective barato” y “Capítulo dos” que tenían todas en común que eran comedias policíacas y que eran adaptaciones de las obras teatrales del dramaturgo Neil Simon.



   La trama consistía en citar a una serie de detectives supuestamente famosos que claramente estaban inspirados en algunos de los más populares de la literatura policíaca y de misterio. De tal manera, el Sidney Wang interpretado por Peter Sellers está basado en el detective Charlie Chan creado por Earl Derr Biggers.



    Dick y Dora, interpretados por David Niven (que también haría un papel dos años después en “Muerte en el Nilo”) se basan en Nick y Nora Charles de las novelas de Dashiell Hammeth, Milo Perrier, en la piel del actor James Coco, se inspira en el celebre Hércules Poirot. Sam Diamond, con el actor Peter Falk (qué más tarde encarnaría a otro detective, Colombo), parodia a Sam Spade, nacido de la pluma de Hammet, concretamente en “El halcón maltés”. Y finalmente, Jessica Marbles, con la actriz Elsa Lancaster, es el fiel reflejo de Miss Marple, de Agatha Christie.



    Para colmo, en una escena que finalmente fue eliminada pero que puede encontrarse en su edición en DVD, al final de la película aparecía Sherlock Holmes y su inseparable Watson para resolver el misterio. Un impagable Alec Guinnes y el propio Truman Capote, que fue nominado al Globo de Oro, completaban el reparto.



    Por cierto, el título original es “Murder by death”, es decir “Asesinato por muerte” en lugar de lo correcto que sería al revés “Muerte por asesinato”. La película está considerada de culto y personalmente me parece divertidísima. Consiguió 32 millones de dólares en taquilla superando incluso a los 25 de “Asesinato en el Orient Express”.

martes, 12 de diciembre de 2017

Escenas Míticas: Whodunit - Identidad




   Quizá suponga una variante tan alejada de este subgénero llamado “Whodunit” que algunos les puedan hacer dudar de su pertenencia a este tipo de película. Pero esa variante se percibe ya entrados en su último tercio. Prácticamente todo lo acontecido hasta esa fase si obedece a los cánones característicos de las películas que venimos mostrando en este ciclo.




   Y es que esta película está planteada es ese esquema de whodunit pero toma elementos de otras fuentes e, incluso, otros géneros, con sus directores representativos a la cabeza. Inicialmente es claramente un film de intriga, pero a lo largo de su desarrollo tiene varias querencias al terror, tocando descaradamente el slasher y llegando a hacer dudar al espectador sobre si quizá lo que está viendo es más un thriller sobrenatural.
   

   Ese acercamiento al terror se hace más palpable en el tratamiento de los asesinatos. No se caracteriza precisamente el whodunit por prestar demasiada atención a éstos más allá que para extraer pistas en vista de poder resolver quien es el culpable. Sin embargo, aquí hay un evidente y muy consciente tono estético en ellos, especialmente en relación a la truculencia de las muertos. Y es que no se cortan en absoluto con el modo de producirse los crímenes o en como son encontrados los cadáveres.



   Pero más allá de tratamientos estéticos, no hay duda de que la película bebe directamente de la estructura clásica de las novelas de Agatha Christie. Incluso, en el argumento también son diez los personajes encerrados como en el titulo de la famosa escritora, “Diez negritos”. Pero también toma nota de la forma de construir tramas de intriga de Hitchcock. De hecho, el motel, único escenario de la historia, podría ser un homenaje al que Norman Bates regentaba en “Psicosis”.



   Pero todavía hay un nuevo salto de género, o, al menos, de tipo de entrega allá por el tercer acto. Quien no la haya visto (aunque es de 2003) que no siga leyendo este párrafo. Pero en la fase final nos vamos al thriller psicológico. Aquello de “nada de lo que estamos viendo está realmente ocurriendo salvo en la mente de alguien”. Nos mete de lleno en un argumento ficticio donde los personajes son meros avatares de las diferentes personalidades del psicópata que ni siquiera está entre ellos, y en cuyo cerebro se está disputando una gran batalla de “identidad”.



   Es, por tanto, una de esas películas de final sorpresa (aunque dicha sorpresa se dé de forma más anticipada) que se volvieron a poner de moda a raíz de “El sexto sentido” (1999) y Night Shyamalan tomó como una de sus señas de “identidad”. Muchos catalogan esta clase de filmes como tramposos, precisamente acusación habitual sufrida por otro representante, Brian De Palma, y del cual también se cogen elementos, por ejemplo, si recordamos “En nombre de Caín”.



   Pero el encargado de llevar a cabo el proyecto fue James Mangold, que venia de tener muy buenas críticas por títulos como “Inocencia interrumpida” y “Copland”. Y que más recientemente se ocupó de devolverle el lustre a uno de los superhéroes más carismáticos con “Lobezno inmortal” y sobre todo con “Logan”. En “Identidad” consiguió un film entretenidísimo, con un excelente ritmo que mantiene al espectador enganchado gracias a su narración ágil y al acertado guión de Michael Clooney, trazado a modo de puzzle, y a una excelente puesta en escena de la trama.



   El reparto estaba plagado de caras conocidas, pero por encima de todo intérpretes de mucho oficio. Al frente, John Cusack, que, por entonces, ahora caído un poco en desgracia, era un actor sobradamente reconocido. Ray Liotta, uno de esos actores que nunca falla y siempre dan lustre. Amanda Peet, llamada a convertirse en una gran estrella que no ha llegado a concretarse, aunque quizá lo mereciera. La que si lo fue y aquí casi se interpreta paródicamente a si misma es Rebecca de Mornay. Y otros secundarios como Alfred Molina o John C. McGinley.



   En general, la película recibió buenas críticas y algunos premios en festivales como el Saturn. Costó 28 millones de dólares y triplicó esa cantidad en taquilla hasta los 90 millones. Por tanto, aunque no sea una película demasiado recordada, se puede decir que gozó de cierto éxito.

martes, 5 de diciembre de 2017

Escenas Míticas: Whodunit - El nombre de la rosa




   No es la clásica “whodunit”  pues no se desarrolla en una gran mansión o un medio de transporte como son el tren o el barco. Pero el efecto esta igualmente conseguido, tras los muros de una abadía italiana de la edad media, periodo histórico que tampoco coincide con el habitual contemporáneo del subgénero. Aun así cumple con el resto de características de este tipo de cine.




   Se adaptaba la novela homónima convertida sorprendentemente en best seller de Humberto Eco y que hoy en día se considera un clásico imprescindible de la literatura. Digo sorpresa porque a pesar de que indudablemente contiene trama detectivesca incuestionablemente interesante,  también incorpora numerosas y extensas reflexiones filosóficas-teológicas para nada favorecedoras para que un libro sea comercial. De hecho, dichas reflexiones fueron excluidas del guión de la película.



   Para llevar a cabo la película tuvo lugar mediante una coproducción entre Alemania Occidental (pues aun estaba dividida), Francia e Italia. Y se tardó en gestar nada menos que cinco años. Aun los costos tampoco se elevaron demasiado, unos 17 millones, que fueron ampliamente recuperadas  pues el film reportó 77 en taquilla, aunque prácticamente todo ello en Europa,  porque en Estados Unidos fue un completo fracaso.



   Su director fue Jean Jacques Annaud, cuya anterior película es otro clásico de culto “En busca del fuego”. Después de “El nombre de la rosa” vinieron otras muy conocidas como “El oso”, “El amante”, “Siete años en el Tibet” o “Enemigo a las puertas”. Annaud puso especial énfasis en la ambientación del film a través de una soberbia fotografía, la construcción de enormes decorados y la música de un joven James Horner, hoy tristemente desaparecido.



   Todo para extraerle al máximo a una excelente trama de elevadas cantidades de intriga e importantes asesinatos, en un escenario que remarcaba la sensación de aislamiento del mundo y, por tanto, ese sentido claustrofóbico característico del whodunit. No se perdía tampoco la oportunidad de retratar a la Inquisición como institución represora de todo aquello que saliera de sus directrices y de su mandato.



   El reparto estaba plagado de nombres conocidos hoy. Porque en su momento tan solo Sean Connery estaba catalogado como una estrella, que había interpretado a James Bond en “Nunca digas nunca jamás”, que venía de participar en un título de culto de cine fantástico como “Los Inmortales” y que curiosamente doce años antes también lo había hecho en un whodunit de pura cepa, de la cual se estrena en estos días el remake y que es el motivo de este ciclo, “Asesinato en el Orient Express”.



   Sin embargo, ni mucho menos fue la opción pues no se le consideraba un actor que acompañaron las grandes recaudaciones. Y primero se preguntó a Jack Nicolsohn, Michael Caine, Ian MacKellen, Marlon brando, Paul Newman, Donald Sutherland y Robert de Niro, que si no fuera porque este se empeñaba un duelo a espada al final de la película habría aceptado pues estaba interesado en el papel y a Annaud le parecía el indicado. Pero se negó a hacer tan sustancial cambio y el papel de Guillermo de Baskerville recayó en manos de Sean Connery.



   Hoy no nos podemos imaginar otro Baskerville que él. Por cierto, un año más tarde recibiría el Oscar como actor de reparto por “Los intocables de Elliot Ness”. Le acompañaba un jovencísimo Christian Slater (16 años) que como anécdota resultaba que estaba realmente impresionado por la actriz Valentina Vargas, con quien le tocaba hacer un escena de sexo sumamente tórrida. Seguramente las hormonas estaban a flor de piel. Un por entonces desconocido Ron Perlman (Salvatore) y F. Murray Abraham (Salieri en "Amadeus") completaban el reparto.



   Como curiosidad, la rosa a la que hace referencia el título no es el indicado en la película que deja caer que la rosa era precisamente la campesina a la que daba cuerpo Valentina Vargas. El libro de Humberto Eco se refería a algo más filosófico “De la rosa solo queda el nombre. Solo tenemos nombres vacíos”, esa es la frase con la que define el titulo el escritor.