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martes, 6 de mayo de 2025

Escenas Míticas: Acción al aire - Aeropuerto 75

 

   Aunque España parece que no llegará hasta junio, el estreno en Estados Unidos de “Flight or flights, sicarios en el aire”, protagonizada por Josh Harnett, en lo que a simple vista, luego ya veremos, parece una propuesta similar a la de la divertidísima “Bullet train”, cambiando el escenario de un tren por el de un avión, nos sirve como excusa para repasar unas cuantas películas cuyas tramas se desarrollan precisamente en torno a ese medio de transporte.


   Porque en el cine han dado para mucho, casi podría considerarse un subgénero en sí mismo. Secuestros, atentados, accidentes, batallas aéreas. Hay de todo, y vamos a ver unas cuantas. Comenzado por esta “Aeropuerto 75”, que en realidad no es la primera sino la segunda película de una saga de cuatro entregas en total, aunque totalmente independientes.


   Pero sí compartían todas el mismo tema, el desarrollarse todas principalmente en un avión de pasajeros, con argumentos distintos, y a cuál más inverosímil, y repartos diferentes. A excepción de un actor que se repite en las cuatro películas, George Kennedy, que interpretó al personaje Capitán Joe.


   La primera de ellas, “Aeropuerto” de 1970, se basaba en la novela homónima de Arthur Hailey, cuyo argumento consistía en el sospechoso maletín de uno de los pasajeros de un avión. Se la considera la mejor y tuvo un considerable éxito, lo que además supuso la inauguración del subgénero de catástrofes de moda en los años setenta y que dio lugar, a parte de tres secuelas más, a títulos como “El coloso en llamas”, “La aventura del Poseidón” o “Terremoto”, entre otras.


   En 1974, se estrenó precisamente “Aeropuerto 75”, de la cual hablaremos más profundamente. En 1977, lo hizo “Aeropuerto 77”, donde un Jumbo caía al mar y, vaya por Dios, justo en el “Triángulo de las Bermudas”. Y finalmente, en 1979, “Aeropuerto 79” donde el mismísimo Concorde, el único avión de pasajeros capaz de romper la barrera del sonido, que fue real, era atacado en pleno vuelo.


   ¿Por qué he elegido, de todas ellas, ”Aeropuerto 75”? Pues sencillamente porque me parece de largo la más entretenida de todas ellas, la más divertida y, por tanto, la más disfrutable. De hecho, “Aterriza como puedas” que era prácticamente una parodia de toda la saga, se centraba más en esta secuela, con la que tenía muchos puntos en común en su disparatado argumento.


   Que consistía en la inhabilitación de los pilotos de la aeronave a causa de un accidente. Esta premisa estaba inspirada en hechos reales, en una serie de impactos en el aire que se produjeron en esa época. Es más, el propio avión usado para la película, el que choca contra el Boeing 747, Beechcraft Baun, impactó con una avioneta Cosmo 180 dando como víctimas mortales a todos los ocupantes de ambos aparatos.


   Como ya se puso de moda en todo el cine de catástrofes, tenían unos repartos muy corales y plagados de caras conocidas. Por esta saga han pasado estrellas del calibre de Burt Lancaster, Dean Martin, Jack Lemmon o Alain Delon. Y para esta “Aeropuerto 75” no podía ser menos. A George Kennedy le acompañaba Charlton Heston, quienes además coincidían precisamente en “Terremoto”.


   Charlton Heston se convertía en el rey del cine de catástrofes. Recordemos, que aparte de las mencionadas, protagonizó varios títulos que también podrían considerarse pertenecientes a ese género, como “El planeta de los simios” o “El último hombre vivo”. Le acompañaban Karen Black (aunque se había pensado en Joan Crawford), Susan Clark y Linda Blair. Y aparecían viejas glorias como Gloria Swanson (“El crepúsculo de los dioses"), que fue su última película, o Myrna Loy (“La cena de los acusados”).


   Tras la cámara, Jack Smight, proveniente de la televisión (“La dimensión desconocida”) pero con títulos tan reconocidos como “Harper, investigador privado” o “La batalla de Midway”. Smight aportó un gran realismo a la película, rodando tanto los interiores como varias tomas exteriores aéreas, sobre las montañas de Utah, en un Boing 747 real. Sin embargo, las críticas fueron más bien negativas. Lo que no importó al público. Costó 4 millones de dólares y recaudó 47 en taquilla, un éxito total.

martes, 22 de octubre de 2024

Escenas Míticas: Maldiciones encadenadas - Destino final

 


   Con esta película se iniciaba la que personalmente considero una de las sagas más divertidas de terror de este siglo. Quizá no sean grandes películas, que cuenten con el beneplácito de la crítica profesional pero es innegable que al público le gustan y mucho, como confirman los 663 millones de dólares que han recaudado las cinco películas estrenadas hasta ahora, es decir, una media de más de 100 millones por entrega.




   Películas que contaron con presupuestos bastante ajustados, como el de esta, de solo 23 millones de dólares, perfectamente rentabilizados con una recaudación de 112 en taquilla, lo que supuso toda una sorpresa en su día el éxito que tuvo. Porque simplemente venía a aprovechar el de “Scream” primero, y otras que repetían esa fórmula como “Sé lo que hiciste es el último verano” o “Leyenda urbana”.



   Muchos dirán que aquellas eran todas slasher. Bueno, y esta también. Solo que aquí el asesino es invisible, es la propia Muerte. De hecho, inicialmente se pensó en la idea de que fuera un enviado de ella como la personificación de esta, que fuera asesinando una detrás de otra a las víctimas, repitiendo el esquema de esos slasher mencionados.



   Pero esa idea se descartó considerando que sería más interesante que todas las muertes fueran accidentes enmascarados. De hecho, todas las películas se empiezan con un accidente múltiple cuyos supervivientes pasan a ser el objetivo de la Muerte. No es descabellado ver esta saga en listas de películas de catástrofes, porque todas sus entregas contienen una de grandes dimensiones.



   La primera era la explosión de un avión en el aire, la segunda, un accidente en cadena de tráfico, en la tercera, una montaña rusa, en la cuarta, un accidente en el circuito de una carrera de coches y en la quinta, la caída de un puente. Por cierto, en elaboradas, muy sangrientas (incluso tirando de gore) y muy bien rodadas las secuencias.



   En todas ellas uno de los personajes tiene una premonición del accidente, el cual evita que varios de los otros personajes sobrevivan y eludan el plan de la Muerte, la cual pasará a perseguirlos para acabar con ellos en originales, truculentos y muy imaginativas formas “accidentales” de morir. Hasta el punto que muchos parecen sacados, y no descarto que alguno se inspire, del programa “1000 maneras de morir”.



   Por cierto, premonición que siempre se inicia con un primer plano de la pupila del protagonista. En todas menos en esta, curiosamente. Empezó en la segunda parte. A pesar de dicha premonición, la cual no se explica por qué se produce en ninguna de las entregas de la saga, da paso a una especie de “Profecía”, porque estoy seguro que la idea de la inevitabilidad de las muertes también aparentemente accidentales de la película de Richard Donner, fue inspiración para esta.



   Aunque la película no reconocía ninguna referencia, hay que resaltar algunas películas previas que tenían tramas como poco parecidas. A parte de aprovechar no solo el tirón de los slasher mencionados, lo hacía de películas desarrolladas recientes en aviones, como “Con Air” o “Air Force One”, aunque en esta el avión solo sea escenario de una secuencia de la película. De hecho, sus creadores pretendían recrear el efecto que produjo “Tiburón” en los bañistas, a los que viajaban en avión.



   Además, la película “Sole survivor”(1984) tenía una premisa parecida. La cual también podría inspirarse en “El carnaval de las almas”(1962). Y justo un año antes un episodio de la serie clásica “La dimensión desconocida”, uno titulado “Veintidós”, tenía también cierta semejanzas argumentales.



   Sin embargo, muchos pensaron que la inspiración procedía de un accidente real, el del Vuelo 88 de la TWA, sobre un Boing 747 que se partió en dos en el aire. Pero eso ocurrió en 1996, y el guion estaba escrito en 1994, para la serie “Expediente X”. De hecho, el director, James Wong, era uno de los directores recurrentes de dicha serie.



   El reparto estaba formado por actores que después si han gozado de cierta fama pero que entonces no lo eran tanto. Como Devon Sawa, que venía de “El diablo metió la mano”, Ali Larter (la única que repitió en la segunda película), o Sean William Scott (que venía de “American Pie”. Si contaba con un veterano del género, Tony Todd (“Candyman”). Por cierto, Mary Elizabeth Winstead salió precisamente de esta saga, concretamente de “Destino final 3”. Los nombres de los personajes hacían referencia a directores y actores clásicos del terror como Alfred Hitchcock, Todd Browning, Lon Chaney, Max Schreck o Friedrich Murnau.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Escenas Míticas: Accidentes - Viven




   Tocaba meter alguna película con accidente aéreo de por medio y en lugar de decantarme por las más famosas, estilo “Aeropuerto” y demás, donde todo el film desarrolla en el interior de un avión, he preferido escoger uno que de verdad se base en un accidente aéreo real y que supone una de las historias más duras que se conocen.




   El 13 de octubre de 1972, un avión que transportaba un equipo de rugby uruguayo, el Old Christian Club de Carrasco, colisionó contra uno de los picos de la cordillera de los Andes haciéndolo estrellarse en la nieve. Los supervivientes pasaron 72 días aislados allí sin ropa adecuada ni comida, y soportando temperaturas de -40 grados.



   El secreto de su supervivencia fue la manera o, más bien, las cosas que se vieron obligados a hacer para subsistir. Lo que tristemente dio popularidad a este hecho fue que los pasajeros tuvieron que practicar la antropofagia, o lo que es lo mismo, el canibalismo. Quizá hoy en día, se ve como un recurso lógico, pero tengamos en cuenta la época, con sus correspondientes convicciones religiosas, tanto de familiares como de la propia sociedad en si del momento.



   Para la reconstrucción de los hechos se adaptó la novela homónima de Jean Paul Read que recoge minuciosamente la historia narrada por los supervivientes del desastre. Además, se contó como asesor de rodaje con uno de ellos, Fernando Parrado, interpretado por un jovencísimo Ethan Hawke en la película.



   A cargo del proyecto estaba parte del equipo de Steven Spielberg, o al menos de varios de sus colegas. Su productora habitual Kathleen Kennedy también ejerciendo las labores de producción aquí. Y su marido, Frank Marshall, que también colabora habitualmente con Spielberg como productor, e incluso guionista. Aquí se ocupó de la dirección.



   Aunque no se haya prodigado demasiado en esta función, fue el director de una muy buena película pero que jamás conseguí volver a ver por el pavor que me inflige, “Aracnofobia”. Ese film causó un terror similar, aunque a otra escala por supuesto, al creado con “Tiburón”, de la cual participó.



   El reparto está casi totalmente exento, ya no de estrellas, sino de nombres conocidos. Y tan solo Ethan Hawke y Josh Hamilton sonaban al público, y más bien el primero. Si es de reseñar la participación de John Malkovich como narrador al comienzo y al final, en la versión original.



   Las reacciones fueron dispares. Cinematográficamente tuvo buenas críticas y se destacó el empeño de Marshall en no buscar el morbo de la historia y si la dignidad de los protagonistas. Pero, por otro lado, se criticó el poco parecido a éstos con las personas reales y el no contar el viaje de los tres supervivientes que se aventuraron a través de las montañas y que finalmente posibilitó el rescate.

  Quizá si estuviera justificado haber empleado unos 30 o 40 minutos en completar la historia, pero me resultó una buena película igualmente. Es recomendable leer el libro de Read o, en su defecto visionar el documental “Viven, la tragedia de los Andes” y "Sobrevivientes, los Andes 25 años",  donde cuenta como los 45 pasajeros de aquel avión se convirtieron en 16 supervivientes y entrevistas con ellos 25 años después, respectivamnete.

martes, 22 de noviembre de 2016

Escenas Míticas: Accidentes - Titanic




   El proyecto no se inició como película sino como un documental sobre una expedición a los restos del verdadero Titanic a cargo del propio James Cameron, lo que explica los primeros veinte minutos de la película, y cuya impresión por parte del director fascinó hasta el punto de proponer un film basado en el naufragio del imponente trasatlántico a cuál se le denominó erróneamente “insumergible”.




   El 14 de abril de 1912, uno de los tres gemelos que fueron construidos como total exaltación de la opulencia humana, el Titanic, que realizaba la ruta Southampton-Nueva York, se hundió tras el impacto con un iceberg en el océano Atlántico. Entre tripulación y pasaje sumaban 2223 personas, de las cuales tan solo sobrevivieron 705, ante la escasez de botes y el mal aprovechamiento de los que había. El buque Carpathia recogió a los supervivientes.



   La película es una de las más grandes triunfadoras de los Oscars de todos los tiempos, igualando a “Ben-Hur” y siendo igualada posteriormente a su vez por “El retorno del rey”. Y eso que las previsiones no era nada halagüeñas, vaticinando un soberano fracaso por el alto coste del proyecto. Sin embargo, fue todo lo contrario, las críticas fueron muy buenas y la taquilla mucho mejor, alzando al film en el primer puesto, el cual no abandonó hasta ser desplazada por “Avatar”, también de Cameron. La inversión fue de 295 millones, pero es que la recaudación ha llegado hasta 2.185.000, incluyendo su reestreno en 3D en 2012.



   No se reparó en gastos ni detalles para adaptar lo más fiel posible la tragedia. La recreación del barco, tanto exterior como interiormente, se realizó con una exactitud milimétrica. Además, muchos de los personajes fueron basados en los reales, no los protagonistas pero si algunos como el capitán, el constructor, la orquesta …..



   También se hace un retrato de las clases sociales del pasaje. El Titanic se hizo para la clase de la alta sociedad, pero también viajaban gente de menor estado social que, evidentemente, fueron discriminados a la hora del reparto de botes y, en su mayoría, dejaron su vida ese día en las gélidas aguas del océano. Los que no se cuentan son los numerosos casos de premoniciones de muchos pasajeros, los cuales no llegaron a embarcar ante la intuición del desastre.



   No tuvo un reparto repleto de estrellas como otras películas del genero de catástrofes como “La aventura del Poseidón” o “El coloso en llamas”. Pero si algunos rostros conocidos como Leonardo DiCaprio (que no era la estrella que es hoy), Kate Winslet, Billy Zane, Bill Paxton, Kathy Bates o Frances Fisher. Curiosa es la “maldición” que sufrió DiCaprio a partir de este momento, siéndole negados sistemáticamente los reconocimientos a su indudable talento hasta la reciente “El renacido”.



   Desde 1912, que se hicieron “La noche y el hielo”, una película basada en el hundimiento del Titanic, se han realizado 17 películas acerca del desastre, entre adaptaciones televisivas y cinematográficas. Las más destacadas podrían ser “Atlántico”, “La última noche”, “Titanic (1953), y la que hoy comentamos de 1997. Incluso una versión muda de 1912 llamada “Salvada del Titanic”.



   En mi opinión toda la parte anterior al impacto con el iceberg es demasiado extensa y uno llega a pensar que es relleno. El comienzo si me parece interesante desde el punto de vista informativo. Pero lo que es inapelable es toda la hora final donde se da lugar el desastre. Las imágenes del hundimiento se encuentran entre lo más espectacular que un servidor haya visto en un cine.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Escenas Míticas: Accidentes - La aventura del Poseidón




   Dos décadas antes del “Titanic” de James Cameron, el naufragio más famoso del cine era el del Poseidón. Vale, antes habían sido las versiones clásicas precisamente de “El hundimiento del Titanic” pero fue “La aventura del Poseidón” quien reinició la moda de accidentes de barcos, aviones, edificios y demás, en las salas de cine.




   Habría que pararse a reflexionar porque el género de catástrofes tiene tan poderosa respuesta en taquilla desde siempre. Porque nos gusta tanto ver escenas de destrucción; edificios desplomándose, terremotos, tornados, aviones estrellándose, o como en este caso, barcos siendo volteados por olas gigantes, cuando no son golpeados por icebergs.



   Tal vez la posibilidad de que pueda convertirse en realidad nos despierta esa adrenalina causada por la exacerbación del miedo más interno. Algo parecido a la atracción por el género de terror. Si además agregamos que estas películas aportan una generosa cantidad de secuencias espectaculares y multitud de situaciones de elevado suspense, ya tenemos la clave del incontestable éxito de este subgénero.



   Basada en la novela homónima de Paul Gallico, la historia tenía la original propuesta de no ser un simple naufragio en la que un gran navío se hunde sino la particularidad de que sus viajeros debían sobrevivir mientras aun permanecían en él después de haber sido puesto boca abajo. Es decir, un punto de vista muy diferente a lo ocurrido en el Titanic.



   En la producción estaba un especialista como Irwin Allen, que años más tarde haría lo propio en otro de los grandes del cine catastrófico como fue “El coloso en llamas”. En la dirección estuvo Ronald Neame, que también posteriormente quiso repetir éxito con una película de formato similar, pero con muy diferente resultado. Fue con “Meteoro” y supuso un auténtico fracaso, a pesar de contar con actores como Sean Connery, Natalie Wood o Henry Fonda.



   Sin embargo, el dúo Allen/Irwin en este film lo bordó. Y ésto se debió a varios aciertos. Por un lado, el diseño artístico fue verdaderamente meritorio para la recreación de un barco que era el auténtico protagonista de la función. Para las escenas pre-accidente se rodó en el Queen Mary. Y, por otro lado, el escaso tiempo de introducción, sin perderse en largas presentaciones de personajes. No, se va al grano desde bastante pronto y se imprime un gran ritmo.



   Se tomó por costumbre para estas grandes películas con repartos corales bien amplios mezclar un par de estrellas en plenitud con otras en el declive de sus carreras, pero cuyos nombres y aportaciones daban lustre al film de cara al objetivo comercial. Cumpliendo con ésto, tenemos a Gene Hackman, Ernest Borgine, Shelley Winters, Pamela Sue Martin, Red Buttons, Roddy McDonald o el mismísimo Leslie Nielsen.
   Fue un considerable éxito de taquilla y critica que además optó a ocho Oscars en 1972, aunque tan solo consiguió el botín de dos de ellos y a los Efectos Especiales y Mejor Canción por “Morning after”.



   Contó con una secuela “Más allá del Poseidón” con Michael Caine, Sally Field y Telly Savalas, Karl Malden y otros, pero no dio el resultado de su predecesora. Otra versión para televisión en 2005 con el mismo título de la que hoy comentamos y un remake dirigido por Wolfgang Petersen en 2006, con Kurt Russell y Richard Dreyfuss, bastante aceptable y que fue un éxito de taquilla.

martes, 8 de noviembre de 2016

Escenas Míticas: Accidentes - El coloso en llamas




   Como es costumbre, buscando pretextos para iniciar ciclos relacionados con algún estreno importante, he encontrado el de “Sully”, la última película de Clint Eastwood, basada en un piloto que logró salvar un montón de vidas gracias a sus habilidades a los mandos de un avión. Por lo que este mes lo dedicaremos a las películas de accidentes, y no lo confundamos con el género de desastres naturales. Es cine catastrófico, pero digamos que provocado por accidentes en creaciones humanas.




   Repasaremos todo lo que nos puede pasar por tierra, mar y aire, en toda clase de vehículos e instalaciones. Y comenzaremos por uno de los edificios más famosos creados para el cine junto a la Torre Nakatomi de “La jungla de cristal” y al que curiosamente no ponen nombre. Al menos no se menciona, aunque este “Coloso” es sobradamente conocido.



   La envergadura del proyecto exigió de la alianza de dos grandes estudios para llevarlo a cabo como eran, ahí es nada, la Fox y la Warner Bros, que colocaron, a su vez, a dos de sus mayores especialistas en el cine de aventuras en formato de superproducción, y catastrofista para más señas. Por tanto, el director fue John Guillermin, autor de la versión de “King Kong” de 1976, e Irwin Allen como productor, que tenía otros ejemplos similares como “El enjambre” o “La gran aventura del Poseidón” (que abrió la veda de este subgénero). Se dice que alternaron sus roles.



   Ya desde “La aventura del Poseidón” que, como decía, fue el que inició toda una corriente de películas de desastres como continuaron precisamente “El coloso en llamas” y lo haría también “Terremoto”. La línea a seguir era similar. Un argumento repleto de microhistorias de múltiples personajes, interpretados por toda una nómina de caras conocidas, que se unían para lograr el objetivo común de la supervivencia.



   Y como no podía ser de otra manera, el reparto era de auténticas campanillas. El protagonismo estaba compartido y, sobretodo, reñido, tanto dentro como fuera de la pantalla, por dos auténticas estrellas del momento como eran Paul Newman y Steve McQueen. Acompañados de lujo por otras también estrellas, aunque en momentos muy diferentes en sus carreras como William Holden, Richard Chamberlain, Robert Wagner, Faye Dunaway, Susan Blakely, Robert Vaughn, Fred Astaire e incluso O.J. Simpson. 



   Obtuvo muy buenas críticas y se la considera todo un clásico del cine catastrofista. De hecho, contó con hasta ocho nominaciones al Oscar, incluida la categoría de mejor película, que finalmente no consiguió. Pero si las tres estatuillas a la Fotografía, Canción original y Montaje. Y ya me extraña que no lograra también el de sus excepcionales efectos especiales con un trabajo de maquetación espectacular, como bien dicen las imágenes del edificio en la película.



   La taquilla también le sonrió, convirtiéndola en la segunda película que más dinero recaudó ese año, 1975, tan solo superada por la que fue indiscutiblemente la reina en esas lides, el “Tiburón” de Steven Spielberg. Curiosamente, el film fue bastante barato, invirtiendo en ella 14 millones de dólares, pero transformándolos en casi 140 de beneficios.



   En mi opinión una película mítica e iconográfica del subgénero, que, a pesar de su enfoque comercial, tenía su particular moraleja. De alguna manera el desastre es una especie de castigo a la opulencia y soberbia humana. Aspecto que comparte con “Titanic”, pues tanto el famoso barco como el rascacielos de “El coloso en llamas” son ejemplos de la exacerbación del lujo y sus personajes figuran mayoritariamente en la más alta clase social y sus respectivos accidentes sobrevienen por las decisiones tomadas a partir de intereses económicos.