A
Ryan Murphy hay que quererle tal y como es, y a nadie puede cogerle
por sorpresa su manera de presentar las historias aunque estas estén
basadas en hechos reales. Inspiradas sería un término más
correcto. Porque esta cuarta temporada se parece más a la tercera,
la de Ed Gein, que a la primera, la de Jeffrey Dahmer. Y la
explicación es bastante fácil. La de Ed Gein tiene una
característica muy en común con la de Lizzie Borden, que son
historias con muchos más huecos que rellenar y, por tanto, tomarse
más libertad a la hora de mostrarla. Justo lo contrario que en el
caso de Jeffrey Dahmer. Veremos como enfocan el caso de Dannis Rader,
el que parece que será el protagonista de la quinta temporada, que
tiene más en común con este último. Porque es que de Lizzie Borden
ni siquiera se sabe con certeza que fuera una asesina. Por tanto, que
nadie espere una recreación realista de lo que ocurrió, sino más
bien, y tampoco pasa nada, una historia ficticia alrededor de un caso
real, en la que toma algunos datos verdaderos para adornar una
reconstrucción bastante fantasiosa de los hechos. Hasta el punto que
hasta conecta a Lizzie Borden con otras dos asesinas famosas, una del
pasado y otra del futuro, casi como si una hubiera servido de modelo
a la siguiente. En este caso, Elizabeth Bathory a Lizzie Borden, y
esta a Aileen Wuornos. Conexiones que no tienen ningún fundamento
pero que igualmente me han parecido curiosas desde la ficción.
Aunque me parece un poco peligroso justificar sus actos con maltratos
previos masculinos para darle un enfoque justiciero feminista. Porque
precisamente las víctimas de Bathory fueron, probablemente, cientos
de mujeres. Aún así, la serie me ha parecido muy entretenida, por
supuesto, muy morbosa, y el trabajo de Ella Beatty me ha terminado
convenciendo. Para los que les interese la historia de Lizzie Borden,
les recomiendo tres películas; “La leyenda de Lizzie Borden”
(1975), “Lizzie Borden, took an ax” (2014), “Lizzie” (2018),
con Elizabeth Montgomery, Christina Ricci y Chloe Sevigny,
respectivamente, en el papel. 6’5.
Aunque
la sinopsis hable de una asesina en serie, en realidad no lo es, no
en sentido literal. Es más una especie de justiciera. Y esto es
importante en cuanto como se desarrolla la historia en torno a una
trama de explotación sexual infantil y a como empatiza con ello la
agente del FBI que la persigue. Una relación en la distancia que
establece un paralelismo que cada vez es más evidente. No va de
descubrir quien está cometiendo los crímenes porque eso se sabe
desde el minuto uno del primer episodio. La serie nos habla de la
impunidad de las personas poderosas para cometer delitos sin que les
pase nada, aunque estos sean auténticas atrocidades del tipo Jeffrey
Epstein que resultan totalmente vomitivas. Y eso que, aunque podría
prestarse a mostrar imágenes explícitas, la serie no lo hace en
ningún momento. Se las ingenia para que te enteres de todo, para que
te provoque el mismo rechazo que si lo estuvieras viendo, pero esquivando
caer en el morbo. Incluso utiliza varias veces el fuera de campo.
Todo lo sabemos a través de los diálogos y las expresiones de los
personajes. Y ahí hay que destacar que la clave está en el de Alice,
interpretado magníficamente por Emmy Rossum, en una de las mejores
actuaciones que le he visto a esta actriz. Pero la sorpresa de un
reparto que raya a buen nivel incluso en los papeles secundarios, es
la desconocida, al menos para mí, Lola Petticrew, que logra que su
personaje sea aterrador, vulnerable y adorable al mismo tiempo. La
trama no abandona nunca el foco de ese juego del gato y el ratón
entre policía y asesina pero poniendo mucha atención en el
desarrollo de esos personajes porque es vital para entender la forma
de actuar de ambas. La serie termina con un final con seguro. Es
decir, tiene intención de continuar, de hecho, dando un gran giro,
pero la historia de esta temporada queda concluida y si no se hubiera
renovado, no quedaría mal. Pero el caso es que si lo ha hecho, se ha
confirmado la segunda. 7’5.
Que
buen noir tienen los nórdicos, ya sean los suecos, noruegos o
daneses, como en este caso. Muy apoyados en su propia literatura, con
abundante material en cuanto a novelas policiacas, con un subrayado estilo autoral y enmarcado en su lugar de origen. Con tramas llenas
de asesinos en serie de modus operandi rituales. Tras la muy
destacable ·”El caso Hartung”, adaptación de la primera novela
de la “Saga de los inspectores Thulin y Hess” de Soren Sveistrup,
se adaptó la segunda, que en su paso a serie se llama “El caso
Holst”. Totalmente independiente del de la primera temporada pero
con evidentes vínculos y secuelas con ella, dado que los
protagonistas son los mismos. Para quienes conozcan los libros, les
advierto que en esta temporada se introduce un enorme giro respecto a
la historia contada en el papel. Absolutamente inesperado y que me
ha dejado con la boca abierta. Aún así es coherente con lo que
estaban contando pero que condiciona bastante la continuidad de la
serie. Claro que ya no sería desde la adaptación de una novela de
esta saga porque solo tenía dos y ni parece que vaya a escribirse
una tercera ni tampoco la serie ha confirmado que haya renovado por
una temporada más. Por tanto, al igual que en la anterior, el caso
queda totalmente cerrado y concluido. No hay nada que temer por eso.
Podrían seguir pero con cambios importantes. La cuestión es que
nuevamente nos presentan una investigación muy complicada,
ambientada en unos asesinatos bastante impactantes y una resolución
bien retorcida. Aún así, he adivinado el asesino, pero no porque
sea muy previsible, lo esconde razonablemente bien, pero quienes ven
y leen muchas series, películas y libros noir, se lo pueden ver venir antes.
7.




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