martes, 5 de diciembre de 2017

Escenas Míticas: Whodunit - El nombre de la rosa




   No es la clásica “whodunit”  pues no se desarrolla en una gran mansión o un medio de transporte como son el tren o el barco. Pero el efecto esta igualmente conseguido, tras los muros de una abadía italiana de la edad media, periodo histórico que tampoco coincide con el habitual contemporáneo del subgénero. Aun así cumple con el resto de características de este tipo de cine.




   Se adaptaba la novela homónima convertida sorprendentemente en best seller de Humberto Eco y que hoy en día se considera un clásico imprescindible de la literatura. Digo sorpresa porque a pesar de que indudablemente contiene trama detectivesca incuestionablemente interesante,  también incorpora numerosas y extensas reflexiones filosóficas-teológicas para nada favorecedoras para que un libro sea comercial. De hecho, dichas reflexiones fueron excluidas del guión de la película.



   Para llevar a cabo la película tuvo lugar mediante una coproducción entre Alemania Occidental (pues aun estaba dividida), Francia e Italia. Y se tardó en gestar nada menos que cinco años. Aun los costos tampoco se elevaron demasiado, unos 17 millones, que fueron ampliamente recuperadas  pues el film reportó 77 en taquilla, aunque prácticamente todo ello en Europa,  porque en Estados Unidos fue un completo fracaso.



   Su director fue Jean Jacques Annaud, cuya anterior película es otro clásico de culto “En busca del fuego”. Después de “El nombre de la rosa” vinieron otras muy conocidas como “El oso”, “El amante”, “Siete años en el Tibet” o “Enemigo a las puertas”. Annaud puso especial énfasis en la ambientación del film a través de una soberbia fotografía, la construcción de enormes decorados y la música de un joven James Horner, hoy tristemente desaparecido.



   Todo para extraerle al máximo a una excelente trama de elevadas cantidades de intriga e importantes asesinatos, en un escenario que remarcaba la sensación de aislamiento del mundo y, por tanto, ese sentido claustrofóbico característico del whodunit. No se perdía tampoco la oportunidad de retratar a la Inquisición como institución represora de todo aquello que saliera de sus directrices y de su mandato.



   El reparto estaba plagado de nombres conocidos hoy. Porque en su momento tan solo Sean Connery estaba catalogado como una estrella, que había interpretado a James Bond en “Nunca digas nunca jamás”, que venía de participar en un título de culto de cine fantástico como “Los Inmortales” y que curiosamente doce años antes también lo había hecho en un whodunit de pura cepa, de la cual se estrena en estos días el remake y que es el motivo de este ciclo, “Asesinato en el Orient Express”.



   Sin embargo, ni mucho menos fue la opción pues no se le consideraba un actor que acompañaron las grandes recaudaciones. Y primero se preguntó a Jack Nicolsohn, Michael Caine, Ian MacKellen, Marlon brando, Paul Newman, Donald Sutherland y Robert de Niro, que si no fuera porque este se empeñaba un duelo a espada al final de la película habría aceptado pues estaba interesado en el papel y a Annaud le parecía el indicado. Pero se negó a hacer tan sustancial cambio y el papel de Guillermo de Baskerville recayó en manos de Sean Connery.



   Hoy no nos podemos imaginar otro Baskerville que él. Por cierto, un año más tarde recibiría el Oscar como actor de reparto por “Los intocables de Elliot Ness”. Le acompañaba un jovencísimo Christian Slater (16 años) que como anécdota resultaba que estaba realmente impresionado por la actriz Valentina Vargas, con quien le tocaba hacer un escena de sexo sumamente tórrida. Seguramente las hormonas estaban a flor de piel. Un por entonces desconocido Ron Perlman (Salvatore) y F. Murray Abraham (Salieri en "Amadeus") completaban el reparto.



   Como curiosidad, la rosa a la que hace referencia el título no es el indicado en la película que deja caer que la rosa era precisamente la campesina a la que daba cuerpo Valentina Vargas. El libro de Humberto Eco se refería a algo más filosófico “De la rosa solo queda el nombre. Solo tenemos nombres vacíos”, esa es la frase con la que define el titulo el escritor.

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