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martes, 7 de julio de 2026

Escenas Míticas: Héroes de leyenda - El Cid

 


   El estreno de la última película, probablemente la más esperada de este año, de Christopher Nolan, "La Odisea", nos va a servir como excusa para tratar un tema bastante interesante, el de los personajes adaptados al cine que o bien han sido totalmente idealizados o directamente inventados, que es justo lo que hizo Homero con los de su poema "La Odisea", por lo que aquellos que van de historiadores, ahora hay muchos, deberían tener en cuenta que es ficción y no historia y, por tanto, sus críticas son absurdas.




   Algo que no ocurría con el protagonista de esta película, el Cid Campeador, a pesar de las cuantiosas inexactitudes históricas y de ofrecerse una visión de esa figura bastante distorsionada de la realidad. Pero es que eran ellos, el público de aquella época, allá por los sesenta, los acertados y no nosotros, porque una película de aventuras no es un documental.



   No obstante, el Cid sí existió, fue el apodo de Rodrigo Díaz de Vivar pero la versión que se hace de él está basada en un poema, el "Cantar de Mio Cid", que es una romantización posterior de esa figura histórica, lo cual se convertiría en leyenda. Y aquí viene lo interesante, hasta el punto que gran parte del público considera lo que cuenta la película como muy fiel a la realidad.



   Efectivamente, el Cid se convirtió en un símbolo mítico español de la Reconquista contra los musulmanes durante la segunda mitad del siglo XI. Pero no fue un cruzado sino más bien un caudillo militar que sirvió sus capacidades de liderazgo y estrategia a diferentes reyes, que tuvo bajo sus órdenes tanto a cristianos como a moros y que estaba más cerca de ser un mercenario que de otra cosa.



   No hay pruebas de que obligara al rey Alfonso a jurar su no culpabilidad por la muerte de su hermano Sancho ni de que ganara la batalla de Valencia prácticamente muerto. Pero es que la película ni siquiera es demasiado fiel al "Cantar del Mio Cid", del que solo se toman algunas partes, como la de su destierro, porque toda la parte romántica con Jimena se tomó de la obra teatral "Le Cid", de 1637.



   Charlton Heston, que era un apasionado de la historia, estaba fascinado con la figura del Cid, precisamente desde esa visión heroica del personaje. Sin embargo, en un principio se manejó la opción del español Francisco Rabal, con Sean Connery y Orson Welles en el reparto. Incluso para el papel de Jimena se rumoreó un enfrentamiento entre Carmen Sevilla y Sara Montiel.



   No se sabe si esa pugna llegó a darse de verdad, pero en cualquier caso, el papel fue para Sophia Loren, que formó una pareja cinematográfica con Charlton Heston con quien tuvo una enorme química, de las más icónicas de la época y del cine en general. Les acompañaron Raf Vallone y John Fraser en papeles secundarios.



   La dirección cayó en manos de un cineasta tan reputado como Anthony Mann, con sobrada experiencia para dar carácter épico a sus películas. Estamos hablando del autor de clásicos como "Horizontes lejanos", "Winchester 73", "La caída del imperio romano" o "Cimarrón". Y, por supuesto, "El Cid".



   El rodaje fue todo un acontecimiento en España, donde fue filmada casi de forma íntegra, con localizaciones como Ávila, Burgos, Madrid o Toledo entre otras muchas. Se llegaron a utilizar hasta 7.000 extras (de los reales, no digitales), gran parte de ellos estaban cumpliendo el servicio militar. Se confeccionaron 10.000 trajes y se construyeron 35 barcos y 50 máquinas de asedio.



   Es una de las películas favoritas de Martin Scorsese, bajo cuya supervisión se realizó la restauración de la película en 1993. La película tuvo muy buenas críticas y es considerada un clásico incuestionable de la historia del cine. Tuvo tres nominaciones a las categorías de dirección artística, canción original y banda sonora. Costó 6 millones de dólares y recaudó 26 en taquilla, es decir, un éxito.



   Se cita muy poco a "El Cid" como influencia en el cine posterior, mucho menos que otros títulos clásicos como "Lawrence de Arabia" o "Ben-Hur". Pero lo cierto es que influyó, y mucho, en el cine épico de Ridley Scott, especialmente en "El reino de los cielos", "Gladiator" y "Robin Hood", y en películas de corte épico y de leyenda como "Excalibur" o "Braveheart".

miércoles, 4 de febrero de 2026

Escenas Míticas: Cine de época - Lo que el viento se llevó

 

   “A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre”. Incluso la gente que nunca ha visto la película, reconoce esta frase. Lo que habla poderosamente del mito alrededor. Porque probablemente sea la película más mítica y mitificada de toda la historia del cine, a parte de considerarla una de las cien mejores de todos los tiempos.



   El estreno de una nueva versión de “Cumbres borrascosas” (los viejos clásicos nunca mueren) con Jacob Elordi y Margot Robbie, nos da la excusa para hacer un repaso por el cine de época, y vamos a empezar por la más grande de todas, que aúna varios géneros; el romance, el histórico, incluso el western, en definitiva, el cine épico, lo que es por encima de todo es una película de época.


   Un clásico que nunca muere. No en vano, ha sido reestrenada más veces que cualquier otro, concretamente en los años 1942, 1954, 1961, 1971, 1974 y 1989. En todos ellos ha captado la atención del público, acumulando 400 millones de dólares recaudados, cuando solo costó 4. Que si los trasladamos a la inflación actual se convertirían en unos 3.500 millones, pues es la película qué más entradas ha vendido, 405 millones.


   Además, es una de las películas más oscarizadas de la historia, llevándose diez de las trece estatuillas a las que optaba. Entre ellas la correspondiente a director, a Víctor Fleming, que era el acreditado, aunque fueron tres los que se sentaron tras las cámaras. Primero fue George Cukor, que fue despedido bastante pronto por diferencias de criterio, luego el propio Fleming, y después le sustituyó Sam Woody para terminar algunas escenas cuando este se retiró por agotamiento.


   Porque haciendo gala de la propia mítica de la película, realizarla supuso un esfuerzo titánico. Solo para el casting se emplearon casi dos años, haciendo entrevistas y posteriores audiciones a unas 1400 actrices. Además, el guion, basado en la novela homónima de Margaret Mitchell, sufrió múltiples revisiones tratando de rebajar el metraje, que aun así se fue hasta las cuatro horas de duración.


   Vivien Leigh consiguió el papel de Escarlata O’Hara casi de casualidad. Encajaba perfectamente en el personaje, tanto físicamente (en cuanto a la descripción de la escritora del libro) como por su rango de interpretación. Gustaba a todos pero por aquel entonces era una desconocida y preferían una actriz con más nombre.


    Por eso barajaron nombres como Bette Davis, Katherine Hepburn, Joan Crawford o Paulette Goddard. Pero cada vez que parecía que tenían a una, por alguna razón era descartada. Hepburn estaba muy interesada, pero no convencía el productor, David Selznick, que la vetó. La favorita de Margaret Mitchell era Goddard pero la controversia de su matrimonio con Charles Chaplin, la dejo fuera.


   Y vuelta a Vivien Leigh que sorpresivamente se quedó con un papel que la catapultó como estrella, le otorgó un Oscar y la hizo eterna como icono del cine clásico. El reparto lo completaban Clark Gabble (que se impuso a Gary Cooper), Olivia de Havilland, Leslie Howard. Y Hattie McDaniel, que se convirtió en la primera actriz afroamericana en conseguir también un Oscar, el de reparto.


   Aunque en la ceremonia no pudo sentarse junto al resto del equipo de la película, pues en 1939, en Estados Unidos había una importante segregación racial, y los negros no podían sentarse junto a los blancos. Lamentable decisión que no puede atribuirse a los responsables de la película sino a los organizadores del evento, y que nos sirve para tocar un tema peliagudo.


   Tras someterla al revisionismo histórico, la película fue fuertemente criticada acusándola de racista, hasta el punto que fue retirada del catálogo de HBO temporalmente en 2020, al que volvió con una explicación previa para añadir contexto a la historia, pero respetando todo el metraje original. Personalmente, creo que las películas son hijas de su tiempo y deben ser juzgadas en cuanto a su época y entorno social y cultural del momento.


   Es cierto que se hace una romantización de las plantaciones de algodón, donde no existe un problema moral sobre la esclavitud, pero es que todo en esta película está romantizado, hasta la Guerra de Secesión. 


   Lo que no se dice es que contribuyó en que se hicieran cambios respecto al trato a los actores negros en Hollywood. La propia Hattie McDaniel, criticada por hacer el papel de criada, dijo: “Prefiero interpretar a una criada que ser una criada”.



martes, 9 de septiembre de 2025

Escenas Míticas: Especial Fantasmas - Poltergeist

 



   Sin duda, una de las películas más famosas, si no la que más, de casas encantadas, fantasmas y demás, de la historia del cine. Y tanto se podría decir de la icónica frase de Carol Anne frente a la estática del televisor, “Ya están aquí”. Y desde luego figura en todas las listas de películas más terroríficas del cine, aspecto que se ganó sobradamente y que permanece hasta hoy en día.




   Lo que seguramente no mucha gente sepa es que tanto “Poltergeist” como “E.T. el extraterrestre” partieron de la misma idea. La de un guion escrito por Steven Spielberg para una historia sobre una home invasión de alienígenas. Pero esta idea se bifurcó en dos, una más centrada en el terror y otra más familiar y orientada a la ciencia ficción. Sin embargo, el Sindicato de Directores de Estados Unidos prohibía dirigir dos películas a la vez y Spielberg se decantó por “E.T”.



   Por lo que eligió, pues si podía ocuparse de la producción, a Tobe Hooper, que estaba bastante reconocido por su trabajo en uno de los ya míticos slasher del cine, “La matanza de Texas”. Hooper propuso cambiar los alienígenas por fantasmas, como amenaza de una familia típica americana y convertirla en una película clásica de casas encantadas.



   Fue de las pocas decisiones que tomó Tobe Hooper porque aquí viene una de las polémicas que siempre ha habido sobre la película, si dirigía él o solo era la fachada para el Sindicato de Directores y el que dirigía realmente era el propio Steven Spielberg. Ambos lo han negado siempre categóricamente incluso el segundo le ofreció una carta pública a la prensa otorgándole todo el mérito al primero.



   No obstante, muy probablemente la realidad fuera otra. Es sabido, y más en esa época, la influencia de Spielberg en los proyectos que dirigía. Sin embargo, aunque es bastante perceptible en otra película producida por él y de la misma década, como es “Gremslins”, si se nota que la dirección pertenece a Joe Dante y lo podemos saber por la comparación con sus películas anteriores y posteriores.



   Si hacemos el mismo ejercicio con la filmografía de Tobe Hooper, no vemos ningún parecido entre “Poltergeist” y títulos anteriores como la propia “La matanza de Texas”, “Trampa mortal”, “Phantasma 2”, “La casa de los horrores” o la miniserie “El misterio de Salem’s lot”. Y tampoco posteriores, como “Lifeforce”. Porque estamos hablando de un estilo muy apegado a la serie B. Que no era ni mucho menos el de “Poltergeist”.



   Que se asemejaba mucho más al estilo narrativo, la manera de mover la cámara y la puesta en escena de Spielberg. ¿O alguien me puede decir que el que hizo la escena de abducción del niño en “Encuentros en la tercera fase” y esta no es el mismo director? Tiene la misma capacidad de crear imágenes icónicas. Además de que hay numerosas personas integrantes del equipo, incluido el reparto, que afirman que quien realmente dirigía era él.



   Para colmo, es de esas películas calificadas como malditas a causa de una serie de muertes de miembros del reparto. Pero aquí hay que aclarar varias cosas. La muerte de la joven Heather O’Rourke, se produjo por un paro cardíaco producido por una obstrucción intestinal, y fue antes del estreno de “Poltergeist 3”, no de la primera. El que sí fue antes de esta fue el asesinato de Dominique Dunne a manos de su expareja, que hacía de hermana mayor.



   Por lo demás, Julian Becky (el célebre Reverendo Kane) murió por un cáncer de estómago bastante avanzado y Will Sampson por complicaciones en un trasplante de corazón. Es decir, causas naturales, separadas en el tiempo y hasta predecibles. Y si, algunos actores señalaban haber sido testigos de sucesos inexplicables e incluso la actriz Zelda Rubinstein (Tangina Barrons en la película) decía tener visiones como su personaje, lo que atiende más a una posible sugestión.



   Por cierto, el personaje de Carol Anne estuvo a punto de ser para Drew Barrymore, el lugar de Heather O’Rourke, que finalmente fue elegida para la “otra” película de Spielberg, “E.T. el extraterrestre”. El reparto lo completaban Craig T. Nelson y JoBeth Williams, que es en realidad la más protagonista de todos ellos.


   La película podría inspirarse en los sucesos ocurridos en una casa de la ciudad de Seaford, cincuenta años antes, donde se llegaron a registrar hasta 70 incidentes inexplicables. La película estuvo nominada a los mejores efectos visuales y sonoros, y la banda sonora de Jerry Goldsmith. Tuvo dos secuelas y una serie spin-off, de 1996 a 1999, con 88 episodios. Y un remake, muy inferior, en 2015. Costó 10 millones de dólares y recaudó la friolera de 121 en taquilla.

martes, 5 de agosto de 2025

Escenas Míticas: Artes Marciales - Los siete samuráis

 


   El estreno de “Karate Kid Legends”, como producto de la resurrección de la saga gracias a la exitosa serie de Netflix, “Cobra Kai”, nos sirve para continuar el ciclo sobre el artes marciales. Y lo haremos escogiendo títulos que las muestren de formas variadas y con distintos estilos, ángulos y nacionalidades. Comenzando con un absoluto clásico del género aunque en su vertiente de cine de samuráis.




   De hecho, lo que son artes marciales más bien se ven poco y ni tan siquiera las coreografías de peleas y combates están demasiado elaboradas. Pero no creo que haya ninguna duda de que es una de las películas imprescindibles de temática oriental. De hecho se considera una de las diez películas más influyentes de la historia del cine. Probablemente la obra más importante de su director.



   Lo que ya decir mucho pues estamos hablando de nada menos que Akira Kurosawa, el autor de títulos, entre muchos otros, como “Dersu Uzala”, “Yojimbo” (la película en la que se basó Sergio Leone para su “Por un puñado de dólares”, con la que iniciaba su “Trilogía del Dólar”), “Rashomon”, “El infierno del odio” o “Ran”.



   Un cineasta que miraba mucho a Occidente para inspirarse. Por ejemplo, precisamente “Ran” es una adaptación, a su manera, de “El rey Lear”, porque a Kurosawa le interesaban mucho los personajes shakespearianos. Aunque su mayor referente, sin duda, era John Ford, al cual reconoció, en varias ocasiones, admirar. Y su influencia en su obra es más que evidente. No en vano se le llamó el John Ford japonés.



   Esto se debe a que Kurosawa trataba muchas de sus películas como western. Y probablemente esta más que ninguna. La cual sirvió como inspiración para uno de los clásicos del género más conocidos, “Los siete magníficos”. Si, así es, me hacía mucha gracia como cuando hicieron una versión de esa película, a cargo de Antoine Facqua y como Denzel Washington como protagonista, muchos se llenaban la boca diciendo que preferían la original.



   Sin embargo, la original no era “Los siete magníficos” de John Sturges, con Yul Bryner y compañía, sino precisamente esta. La cual influyó, junto con en general el resto de la obra del cineasta japonés, en directores de la talla de Sam Peckinpah primero y George Lucas (su “Star Wars” es un claro ejemplo), Steven Spielberg o Martin Scorsese.



   La producción estaba a cargo de los ahora míticos estudios Toho, especializado en películas de monstruos y de anime (como el de los estudios Ghibli). De hecho, ese mismo año se estrenaba “Japón bajo el terror del monstruo”, lo que sería la primera película del que sería su kaiju favorito, Godzilla. Y a la postre Toho produciría varias películas más de Kurosawa, a pesar de que para esta estuviera en constante gresca con él.



   De hecho, llegaron a cancelarle la producción hasta en dos ocasiones. A lo cual Kurosawa reaccionaba, literalmente, yéndose a pescar, seguro de que el estudio la retomaría pues había invertido demasiado dinero ya en la película como para dejarla sin estrenar, lo que podría desembocar en la quiebra. No obstante, el enfrentamiento con el cineasta era continuo.



   Kurosawa había esperado varios años para desarrollar el proyecto esperando la caída del gobierno de ocupación instaurado en Japón en 1945, tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. Cuando lo hizo, presentó un guion de 500 páginas. Si contamos, a grosso modo, que cada página equivaliera a un minuto de metraje, estaríamos hablando de una película de más de ocho horas. Por supuesto, se vio obligado a reducirlo drásticamente.



   Aun así, el metraje se fue hasta los 205 minutos, casi tres horas y media, la película más larga de la carrera del director. La cual tuvo un rodaje repleto de problemas a causa del tiempo, con mucho frío y lluvia, pues Kurosawa se empeñó en no rodar en un estudio, construyendo un pueblo entero para darle a la historia mayor realismo, pero se elevó considerablemente el presupuesto.


   Que se fue hasta los 120 millones de yenes, que al cambio era medio millón de dólares. Aunque recaudó el doble, un millón, considerándose un éxito razonable dado su limitado estreno internacional. Casi todo corresponde a lo recaudado en Japón. Confirmó a Toshiro Mifune como actor fetiche de Akira Kurosawa. Fue nominada en los Oscars a la dirección artística y el vestuario. Y ganó el León de Plata en la Mostra de Venecia.

martes, 7 de enero de 2025

Escenas Míticas: Licántropos - Aullidos

 


   Últimamente no se prodigaba mucho el subgénero de hombres lobo pero parece que está de vuelta. En el mes de diciembre ha habido un par de películas aunque han pasado prácticamente de forma inadvertida. No creo que lo haga el motivo por el que vamos a hacer este ciclo, el estreno del “Hombre lobo”, de Leigh Whannell, que ya actualizó otro clásico en su anterior película, “El hombre invisible”. Y si además, esta Julia Garner, pues mucho mejor.




   Según la mitología y el folclore, un licántropo es un hombre que se convierte en lobo, básicamente. Es una criatura legendaria presente en muchas culturas y cuyas reglas divergen de unas a otras, aunque hay una en la que parecen coincidir, la transformación se da en noches de luna llena. Bueno, pues el guionista del asunto no debió pensar lo mismo porque sus hombres lobo se transforman a voluntad.



   John Sayles comenzó como guionista, de la mano de Roger Corman, con productos muy de serie B y con monstruos de por medio, como “Los siete magníficos del espacio”, “La bestia bajo el asfalto” o “Piraña”, donde conoció a Joe Dante, que le embarcó en otra película de serie B con monstruos, esta “Aullidos”.



   Ya en su primera película, “Esos locos del cine”, Dante parodiaba el cine de serie B, en el cual se movió temáticamente en su carrera, como con las citadas “Piraña” y “Aullidos” o “Exploradores”, aunque luego contara con el respaldo de gente tan importante en el cine como Steven Spielberg. De hecho, esta película y la de las pirañas, que era una emulación de su “Tiburón”, fueron el motivo por el que el rey Midas eligió a Dante para dirigir “Gremlins”.



   Curiosamente, el primer director elegido para esta película fue John Landis, que a la postre lo sería para su rival aquel año, pues en 1981, se estrenaron con pocos meses de diferencia, esta y “Un hombre lobo americano en Londres”, aunque esta más con un tono de comedia de terror. Este aspecto siempre ha provocado una inevitable comparación entre estos dos títulos.



   Basada, aunque muy libremente, en la novela homónima de Gary Brandner, esta también iba a ser bastante cómica. Sin embargo, la película tuvo un tono bastante más serio y terrorífico, aunque también se detectaba el sarcasmo y la historia. Prueba de ello es precisamente su escena final, con ese perrito en el que se convierte la periodista.



   Tuvo mayoritariamente críticas positivas y comercialmente fue un excelente negocio. Tan solo costó un millón y medio de dólares y recaudó 18 en taquilla. Hasta ahora ha tenido siete secuelas, ninguna de ellas dirigidas por Joe Dante, y de bastante baja calidad. Hace unos años se confirmó que Andy Muschietti, cuando estrenó “It, parte 2” dirigiría el remake de la primera pero eso parece que, de momento, no pasará. El director argentino ha sido seleccionado por James Gunn para dirigir una película de Batman, “The Brave ande the Bold”.



   Los guiños a la serie B también fueron en forma de cameos, como la del propio Roger Corman o el de Lon Chaney Jr., uno de los primeros hombres lobos del cine, concretamente de la película de 1941. Por no decir, una de las “scream queen” de la época, a la que muchos recordarán por “ET, el extraterrestre”, Dee Wallace, pero que era habitual de títulos como “Las colinas tienen ojos”, “Critters” o “Cujo”. En el reparto estaba un fijo como secundario en la filmografía de Dante, Dick Miller.



   Para la recreación de los licántropos, de nuevo nos tenemos que remitir a su competidora, “Un hombre lobo americano en Londres”, pues el encargado del maquillaje, el ahora mítico, Rick Baker, dejó la película para irse a aquella, dejando a cargo a su mano derecha, Rob Bottin, que realizó un gran trabajo. Suya fue la idea de las bolsas de aire en las transformaciones. Por cierto, unos lobos con las orejas más grandes del cine.



   Sin embargo, todavía no existía la categoría de maquillaje en los Oscars y no pudo ser recompensado con el premio. Maquillaje que tardaban hasta seis horas en aplicar. Por cierto, como curiosidad, es la primera película en la que una mujer se convierte en lobo. Dos, de hecho, la propia Dee Wallace y Elizabeth Brooks.

martes, 24 de diciembre de 2024

Escenas Míticas: Especial Drácula - Nosferatu, vampiro de la noche (1979)

 


   Ahora que estamos a punto de ver el estreno de la nueva versión, a cargo de Robert Eggers, vamos a recuperar la anterior, que ya era un remake y no una nueva adaptación de la novela de Bram Stoker. Werner Herzog consideraba a la original de 1922 como la mejor película alemana de todos los tiempos y con esta pretendía hacerle un homenaje pero de forma actualizada, es decir, en color y con el sonido de los diálogos.

   Aunque el “Nosferatu” de Murnau esté considerada una de las piedras angulares del cine de terror clásico, hay que recordar que fue una adaptación ilegal de “Drácula” de Bram Stoker, por lo que el nombre de los personajes estaban cambiados, lo cual no esquivó la demanda por plagio de la viuda del escritor, a la cual dieron la razón, provocando que se eliminaran todas las copias de la película.


   Bueno, todas no. Algunas sobrevivieron y tras la muerte de la esposa de Stoker, se procedió a su restauración. Además, para 1979, los derechos de explotación de la novela ya habían prescrito y se pudo adaptar con los nombres verdaderos de la película. Es decir, el Conde Orlock pasó a llamarse como en ella, Drácula.


   Sin embargo, su apariencia era la misma que tenía Max Schreck en la versión de 1922, esta vez en la piel de Klaus Kinski, que tenía que soportar hasta cuatro horas de maquillaje para ser caracterizado como el personaje. Algo que aguantó bastante bien y eso que era un actor conocido por sus rabietas y quejas durante los rodajes en los que participaba.


   Bien lo sabía Werner Herzog quien trabajó con él, con esta, en cinco ocasiones. Cómo fueron en las películas “Fitzcarraldo”, “Cobra verde”, “Wayzack” y “Aguirre, la cólera de Dios”. Las relaciones entre el director y el actor se podría considerar como de amor-odio. Se admiraban mutuamente pero sus conflictos eran bastante sonados. Aunque, en honor a la verdad, a Klaus Kinski no le soportaba nadie, tenía fama de ser inaguantable.


   Tanto fue así que la actriz seleccionada para ejercer de protagonista femenina, Sylvia Kristel, conocida por sus películas de corte erótico, como la mítica saga “Emmanuelle”, rechazó el papel por no querer compartir reparto con Kinski. En su lugar se contrató a la francesa Isabelle Adjani. En el elenco también estaban Bruno Ganz, a quien muchos recordarán por encarnar a Adolf Hitler en “El hundimiento”.


   Vayamos a uno de los puntos más peliagudos del rodaje. La utilización 11.000 ratas reales para recrear la plaga con la que Drácula trae la peste al lugar. Lo cual les obligó a cambiar de ciudad por que inicialmente no les permitieron soltar las ratas para realizar sus escenas. Y razón no les faltaba porque a pesar todas las medidas de contención, que no fueron pocas, se escaparon muchísimas. Lo que hizo que ofrecieran cinco florines (unos dos euros) a quienes capturara una rata.


   Ratas que, para colmo, durante su transporte se convirtieron en 30.000, que fueron dejadas en una granja. Pero, al parecer, el granjero a cargo de ellas no las alimentó debidamente, lo que ocasionó un enfrentamiento con las dos biólogas que debían supervisar su buen cuidado. El incidente tuvo como resultado varios heridos entre los miembros del equipo, que por cierto, ya era bastante reducido, tan solo 16 personas.


   Porque se trabajó con un presupuesto lo más reducido posible, de 2’5 millones de dólares, que reportaron 5 en taquilla, lo que se consideró un buen resultado teniendo en cuenta las características un tanto experimentales de la película, no favorecedoras a lo comercial. Sin embargo, las buenas críticas la ayudaron.


   Eso y satisfacer la petición de Fox de rodarla en dos idiomas, el alemán y el inglés, para favorecer su distribución. La repercusión de la película fue evidente. Se creó un videojuego inspirado en ella tanto para Amstrad, Commodore o Spectrum. Además, tuvo una secuela, un tanto tardía, 1988, "Nosferatu en Venecia", en la cual solo repitió precisamente el propio Klaus Kinski, y con una calidad muy inferior a la que estamos comentando.



miércoles, 18 de diciembre de 2024

Escenas Míticas: Especial Drácula - Drácula (1958)

 


   Algunos la consideran incluso mejor que la anterior versión, que nuevamente se alejaba de la novela de Bram Stoker, y que en Estados Unidos se estrenó como “Horror of Drácula”, no sólo para evitar problemas legales con la versión de 1931 sino porque casi treinta años después, esta seguía siendo proyectada en algunos cines del país. John Carpenter afirmó que era la mejor película de vampiros y la ha homenajeado en varias de sus películas.




   Aunque la Hammer llevaba más de veinte años creada, con un buen saco de títulos a sus espaldas, fue a partir de esta, junto con “La maldición de Frankenstein” con las que se inició un ciclo de monstruos clásicos y un período sumamente provechoso comercialmente para la productora. Ambas estaban dirigidas por Terence Fisher que se convirtió en uno de sus directores franquicia.



   El principal, lo cual confirma en un buen lote de títulos posteriores como “El perro de los Baskerville”, “Drácula, príncipe de las tinieblas” (secuela de la que estamos comentando), “La momia”, “Las novias de Drácula”, “La maldición del hombre lobo” o “El fantasma de la ópera”. De hecho, este Drácula, el interpretado por Christopher Lee, apareció en otras siete películas más, aunque no en todas como protagonista.



   Aunque lo de ser protagonista es un decir. Pasa como en otras películas, como “Tiburón”, “Alien, el octavo pasajero” o la propia “Bitelchus”, que quien da título a la película y supuestamente es el protagonista, el monstruo, tenemos la sensación de que su presencia es constante. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Drácula solo está en pantalla siete minutos y el personaje tan solo tiene 16 líneas de diálogo.


   Un Christopher Lee que pasaría a ser uno de los Drácula más icónico de la historia del cine y que junto a Peter Cushing formaría uno de los dúos protagónicos, muchas veces enfrentados en la ficción, aquí como Van Helsing, más recordados. Les acompaña Michael Gough (el primer Alfred del cine, el del “Batman” precisamente de Tim Burton) y Melissa Stribling y Carol Marsh en el capítulo femenino. 



   Esta versión era considerablemente diferente a la de 1931, que era mucho más teatralizada. Incorporó de forma mucho más clara el componente fantástico, el romance, la sexualidad y la visión de la sangre de forma explícita, a lo cual le sacaron gran rendimiento gracias a ser una película en color.



   Es más, se especuló con que existía una versión con los 36 minutos que fueron censurados en su estreno en Europa, que la leyenda decía que estaba en Japón, donde no había sido censurada. Eso es lo que se pensaba, que había sido una leyenda. Pero no, efectivamente se encontró una versión en Tokio, que fue restaurada en 2007.

 

  La película tuvo un presupuesto limitadísimo, tan solo de 81.000 libras esterlinas, unos cien mil dólares americanos. Para ajustarse a él, se excluyeron todas las transformaciones y los viajes. Todos menos uno, para el cual pidieron el carruaje prestado a un coleccionista, George Mossmam, que accedió encantado. El negocio salió redondo porque aunque inicialmente las críticas no fueron demasiado positivas, solo en su estreno logró recaudar tres millones y medio de dólares, y a lo largo de todas las explotaciones en salas se calcula que su recaudación total fue de 25 millones.



   Algunas curiosidades del rodaje. En algunas escenas, Lee debía llevar unas lentillas que hacían parecer que tenía los ojos inyectados en sangre, pero que limitaban tanto su visión que incluso provocaron que se saliera varias veces del plano. Por cierto, se eliminó el sonido de sus pasos en montaje para dar una sensación más sobrenatural a su presencia en pantalla.



   Tras esta película quedó totalmente instaurada la imagen del vampiro con colmillos. Respecto a la capa que llevaba en la película, estuvo perdida durante décadas, y no fue recuperada hasta encontrarse en el inventario de una tienda de disfraces de Londres. El tema de las capas que llevan los actores que hacen de Drácula siempre ha suscitado curiosidades.

martes, 10 de diciembre de 2024

Escenas Míticas: Especial Drácula - Drácula (1931)

 


   Le han echado bastante humor negro colocando el estreno del “Nosferatu” de Robert Eggers, el que será el segundo remake del de Murnau, de 1922, el 25 de diciembre, es decir, el que se supone fue el día de nacimiento de Jesús de Nazaret. Básicamente, porque su protagonista, el Conde Orlok, estaba concebido como la propia encarnación del mal. Pero, como todos sabemos, Orlok era en realidad Drácula, por lo que vamos a ir viendo varias de las distintas versiones que se han hecho del personaje.


   Así le llamó Friedrich Wilhelm Murnau, porque su película era una adaptación ilegal de la novela de Bram Stoker, “Drácula”. Bastante descarada porque salvo ese cambio de nombre y algunos detalles, su historia era clavada a la de la obra literaria, lo que provocó la denuncia de la viuda del escritor, Florence Balcombe, por plagio, otorgándole la razón.


   Pero sí tuvo a bien ceder los derechos del libro, a cambio de una respetable suma de dinero, a los literatos Hamilton Deane y John L. Balderston para realizar una obra de teatro. Más tarde sería la Universal Pictures la que compraría los derechos para llevarla a la gran pantalla. Por tanto, oficialmente es esta la primera adaptación oficial de la novela de Stoker, aunque tomara más como referencia la propia obra de teatro.


   Curiosamente, se rodaron dos versiones de forma simultánea y en los mismas decorados de Universal. La que estamos comentando, y otra en español y con un reparto completamente diferente, que se rodaba por la noche. Al frente de la oficial colocaron a Todd Browning, a quien debemos varios clásicos del terror como “Muñecas infernales”, “La casa del horror”, “La marca del vampiro” o “La parada de los monstruos”.


   La película tuvo un presupuesto alrededor de los 350.000 dólares y recaudó justamente el doble, 700.000. Hay que entender que en la época eso se consideraba un gran éxito. Tanto que provocó que se dieran varias secuelas; “La hija de Drácula” (para aquellos que tanto les gusta usar la expresión “inclusión forzada”, esta era una versión femenina del personaje), “Hijo de Drácula”, “La maldición de Frankenstein” y “La mansión de Drácula”.


   Pero hay que hablar de su reparto, o más bien de su protagonista. Porque, si bien los que encarnaban a personajes secundarios, como Helena Chandler o David Manners, no pasaron a la historia, Bela Lugosi se convertiría en un icono del terror clásico para siempre. Hasta el punto que hasta el propio Tim Burton le dio una importancia capital al interpretado por Martin Landou, en su homenaje al cine de serie B de terror en “Ed Wood”.


   Por cierto, Bette Davis estuvo a punto de interpretar a Mina Harker. Pero la cuestión es que el personaje casi se convirtió en una maldición para el actor húngaro, que quedó permanentemente encasillado en él. Ya lo había interpretado en la obra de teatro de Deane y Balderston, aunque inicialmente no iba a hacerlo en la película. El papel era para Lon Chaney, pero su fallecimiento provocó que se pensara en el Drácula teatral, y terminaron eligiendo a Lugosi.


   No obstante, hay mucha mito en torno al actor en relación al personaje. Es cierto que desarrolló cierta obsesión por su interpretación, paseando en solitario por los decorados mientras ensayaba sus frases, y que no parpadeaba en sus escenas (aunque eso era un recurso para hacer a su personaje más amenazador), pero no dormía en un ataúd. Ni tampoco fue enterrado vestido de Drácula. Si con una copa pero no precisamente la del Conde, una suya.


   Tampoco es verdad que Bela Lugosi se aprendiera sus diálogos sin entender qué significaban. Llevaba ya algún tiempo en Estados Unidos y hablaba un inglés bastante fluido. Pero si es verdad que tenía un acento húngaro marcadísimo, lo cual vino bien para interpretar a un personaje natural de Transilvania, Rumanía.

   Evidentemente, es la versión más clásica de Drácula, con poco menos que un siglo ya de vida, 93 años para más señas, que curiosamente era casi más una precuela del libro de Stoker. Por cierto, los mordiscos del vampiro se consideraban casi un encuentro sexual, por eso solo los vemos realizar a mujeres. De haberlo hecho con hombres, se podría haber considerado un comportamiento homosexual, y eran los años treinta.

martes, 5 de noviembre de 2024

Escenas Míticas: Especial Péplum - Ben-Hur

 


   Como ya hizo hace casi un cuarto de siglo, Ridley Scott nos trae de vuelta un subgénero que tuvo su auge en épocas pretéritas, el péplum, con uno de los estrenos más esperados de este año, “Gladiator 2”. Aunque aquí hay que puntualizar que el término “péplum” se aplicaba a las producciones sobre todo italianas, que pretendían emular a la superproducciones norteamericanas tipo “Espartaco”, “Cleopatra” o esta “Ben-Hur”, lo que venía a ser el cine de “espada y sandalia”. Es decir similar al término ”spaghetti western”.



   Sin embargo, con el tiempo la denominación péplum se ha terminado aplicando incluso a las películas que pretendían emular. La propia “Gladiator”, como decía, muy lejos de ser una producción de modesto presupuesto, se consideró como el relanzamiento del péplum, porque volvió a ponerlo de moda, con títulos que vinieron después como “Troya”, “Inmortals” o “Pompeya”.



   Así que vamos con la que se considera una de las películas más grandiosas de la historia del cine. Lo que le valió para ser designada para su conservación en el Registro Nacional de Cine de Estados Unidos por su valor cultural, histórico y estético. Y que a día de hoy continúa siendo la película más oscarizada con once estatuillas, las cuales sólo han podido ser igualadas, pero no superadas, por “Titanic” y “El retorno del rey”, de la saga “El señor de los anillos”.



   Una película que es péplum y a la vez bíblica, siendo uno de los títulos más programados televisivamente en la Semana Santa. Prácticamente se emite todos los años. Aunque su carga religiosa es menor a la de otras películas bíblicas como “Quo Vadis”, “Rey de Reyes” o “Jesús de Nazaret”. Pero lo suficiente para que fuera prohibida en China, bajo el yugo del dictador Mao Zedong, por su proclamación del cristianismo.



   Pero sí es cierto que, aunque en esa época no sé terciaba el concepto, se le podría considerar una especie de spin-off de las películas dedicadas a la vida de Jesucristo, porque aunque su importancia en el trasfondo de “Ben Hur” es vital para el mensaje final, el propio personaje de Jesús de Nazaret no deja de ser un secundario que aparece en muy pocas ocasiones en pantalla y del que ni siquiera llegamos a ver el rostro.



   Se podría considerar el remake del clásico del mismo título pero del cine mudo, en 1925. O una reinterpretación de la novela homónima de Lewis Wallace, publicada en 1800. A parte de una miniserie y una versión animada, hubo una versión posterior, a cargo de Timur Bekmambetov, en 2016, muy, pero que muy inferior a las dos anteriores, especialmente a esta de 1959.



   Todo es grandioso en esta versión, un poco queriendo emular este aspecto en “Los diez mandamientos”, unos pocos años antes. Se construyeron los mayores decorados hasta la fecha. Se llegaron a utilizar 200 camellos, 2500 caballos y hasta 10000 extras. Lo cual elevó el presupuesto a 15 millones de dólares, el más alto hasta entonces,  hay que considerar que estábamos en 1959. Pero salió muy bien, recaudando 145 millones y colocándose como a la película más taquillera del año. Solo “Lo que el viento se llevó” había sido más rentable.



   Así eran los blockbusters de antes, despliegues mastodónticos de producción pero que no estaban reñidos, todo lo contrario, con la calidad. “Ben-Hur” es puro entretenimiento, épica y espectáculo, que a pesar de su extensísima duración, que se va hasta los 211 minutos, no se hace pesada (aunque si la ves en los canales convencionales de televisión puedes echar la tarde entera sin ningún problema).



   La película tiene escenas míticas inolvidables, como las de las galernas, la batalla naval o la carrera de cuadrigas. Sólo esa secuencia requirió una planificación que llegó hasta un año. No fue rodada directamente por William Wyler sino por dos directores de segunda unidad, especialistas en escenas de acción. Cada uno tenía un asistente de dirección. Uno de ellos, curiosamente fue Sergio Leone. Dos años después estrenaría su propio péplum, su ópera prima, "El coloso de Rodas".



      Un William Wyler que probablemente fue uno de los cineastas más prestigiosos y reconocidos de Hollywood, galardonado con tres Oscars, más uno honorífico, uno de ellos por esta película. Autor de títulos como "Vacaciones en Roma", "Horizontes de grandeza", "Los mejores años de nuestras vidas", "Funny girl", "Jezabed", "La calumnia", . . . y muchos más, porque su aportación fue muy prolífica.



   Para el papel protagonista se consideraron grandes nombres de estrellas como Marlon Brando, Paul Newman, Burt Lancaster o Rock Hudson. Finalmente fue para Charlton Heston, que se impuso a un Kirk Douglas que se había interesado por el papel, pero que apenas dos años después estrenaría su propio péplum también, "Espartaco". Heston logró su único Oscar, interpretando a su mejor personaje, y teniendo en cuenta su trayectoria, es un dato a destacar. Le acompañaron Stephen Boyd, Haya Harareet, Jack Hawkins y Hugh Griffith.