“A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre”. Incluso la gente que nunca ha visto la película, reconoce esta frase. Lo que habla poderosamente del mito alrededor. Porque probablemente sea la película más mítica y mitificada de toda la historia del cine, a parte de considerarla una de las cien mejores de todos los tiempos.
El
estreno de una nueva versión de “Cumbres borrascosas” (los
viejos clásicos nunca mueren) con Jacob Elordi y Margot Robbie, nos
da la excusa para hacer un repaso por el cine de época, y vamos a
empezar por la más grande de todas, que aúna varios géneros; el
romance, el histórico, incluso el western, en definitiva, el cine
épico, lo que es por encima de todo es una película de época.
Un
clásico que nunca muere. No en vano, ha sido reestrenada más veces
que cualquier otro, concretamente en los años 1942, 1954, 1961,
1971, 1974 y 1989. En todos ellos ha captado la atención del
público, acumulando 400 millones de dólares recaudados, cuando solo
costó 4. Que si los trasladamos a la inflación actual se
convertirían en unos 3.500 millones, pues es la película qué más entradas ha vendido, 405
millones.
Además,
es una de las películas más oscarizadas de la historia, llevándose
diez de las trece estatuillas a las que optaba. Entre ellas la
correspondiente a director, a Víctor Fleming, que era el acreditado,
aunque fueron tres los que se sentaron tras las cámaras. Primero fue
George Cukor, que fue despedido bastante pronto por diferencias de
criterio, luego el propio Fleming, y después le sustituyó Sam Woody
para terminar algunas escenas cuando este se retiró por agotamiento.
Porque
haciendo gala de la propia mítica de la película, realizarla supuso
un esfuerzo titánico. Solo para el casting se emplearon casi dos
años, haciendo entrevistas y posteriores audiciones a unas 1400
actrices. Además, el guion, basado en la novela homónima de
Margaret Mitchell, sufrió múltiples revisiones tratando de rebajar
el metraje, que aun así se fue hasta las cuatro horas de duración.
Vivien
Leigh consiguió el papel de Escarlata O’Hara casi de casualidad.
Encajaba perfectamente en el personaje, tanto físicamente (en cuanto
a la descripción de la escritora del libro) como por su rango de
interpretación. Gustaba a todos pero por aquel entonces era una
desconocida y preferían una actriz con más nombre.
Por
eso barajaron nombres como Bette Davis, Katherine Hepburn, Joan
Crawford o Paulette Goddard. Pero cada vez que parecía que tenían a
una, por alguna razón era descartada. Hepburn estaba muy interesada,
pero no convencía el productor, David Selznick, que la vetó. La
favorita de Margaret Mitchell era Goddard pero la controversia de su
matrimonio con Charles Chaplin, la dejo fuera.
Y
vuelta a Vivien Leigh que sorpresivamente se quedó con un papel que
la catapultó como estrella, le otorgó un Oscar y la hizo eterna
como icono del cine clásico. El reparto lo completaban Clark Gabble
(que se impuso a Gary Cooper), Olivia de Havilland, Leslie Howard. Y
Hattie McDaniel, que se convirtió en la primera actriz afroamericana
en conseguir también un Oscar, el de reparto.
Aunque
en la ceremonia no pudo sentarse junto al resto del equipo de la
película, pues en 1939, en Estados Unidos había una importante
segregación racial, y los negros no podían sentarse junto a los
blancos. Lamentable decisión que no puede atribuirse a los
responsables de la película sino a los organizadores del evento, y
que nos sirve para tocar un tema peliagudo.
Tras
someterla al revisionismo histórico, la película fue fuertemente
criticada acusándola de racista, hasta el punto que fue retirada del
catálogo de HBO temporalmente en 2020, al que volvió con una
explicación previa para añadir contexto a la historia, pero
respetando todo el metraje original. Personalmente, creo que las
películas son hijas de su tiempo y deben ser juzgadas en cuanto a su
época y entorno social y cultural del momento.
Es
cierto que se hace una romantización de las plantaciones de algodón,
donde no existe un problema moral sobre la esclavitud, pero es que
todo en esta película está romantizado, hasta la Guerra de
Secesión.
Lo que no se dice es que contribuyó en que se hicieran
cambios respecto al trato a los actores negros en Hollywood. La
propia Hattie McDaniel, criticada por hacer el papel de criada, dijo:
“Prefiero interpretar a una criada que ser una criada”.

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