viernes, 21 de agosto de 2026

Euphoria

 


   Casi hizo más ruido el inicio de su tercera y última temporada que su final. Quizás porque por el camino mucha gente se fueron desenganchando decepcionados por confirmar que ya no era una serie de jóvenes estudiantes muy pasados. Ya lo adelanto, yo no soy uno de ellos. Porque si en la segunda temporada los integrantes de su reparto ya eran plenamente adultos, ahora cuatro años después, lo son aún más, rondando la treintena y algunos superándola. Era absurdo que siguieran interpretando a adolescentes, que esto no es "Grease".


   SI PUDIERA SER UNA PERSONA DIFERENTE, LO SERÍA

   Y es que "Euphoria" nunca ha sido una serie para grandes masas. Todo lo contrario, corresponde mucho más con un producto de culto, una serie de autor, el que es Sam Levinson, que ha escrito y dirigido casi todos los episodios de sus tres temporadas. Con una historia que representaba un enorme riesgo tanto en lo argumental como en lo artístico, donde ha sido tan vital lo que cuenta como cómo lo contaba. Que nunca ha estado exenta de polémica por mostrar de forma sumamente explícita un mundo juvenil marcado por el sexo, las drogas y la violencia. Por no hablar que visualmente es una absoluta maravilla artística, que funciona más por los mecanismos visuales del cine que de la televisión. "Euphoria" nunca ha sido una serie fácil, pero es que tampoco lo ha pretendido.


   ¿ESTA PUTA OBRA ES SOBRE NOSOTROS?

   Personalmente me ha enganchado más esta tercera temporada que la segunda. No obstante, más que una tercera entrega, es una secuela de un combo formado por la primera y la segunda. Es como que nos han querido contar qué es lo que ha pasado con esos personajes que conocimos en la historia contada en las dos primeras temporadas, habiendo pasado varios años, lo que me parece más coherente que seguir mostrándolos yendo al instituto. Es acorde a las edades de su reparto y a las trayectorias de sus personajes. Y sí, se convierte en una historia de traficantes, matones, prostitutas, strippers y plataformas eróticas. Porque no sé si es que el público se ha perdido por el camino pero estos personajes no tenían mucha pinta de terminar siendo cirujanos, abogados o arquitectos. ¿De verdad a alguno le extraña que Cassie se convierta en modelo de OnlyFans, Jules en prostituta de un hombre mayor y Rue acabe en el mundo de las drogas? Y sí, no podría ser un desenlace feliz, esto siempre ha sido una tragedia, con cierto humor negro, pero la historia trágica de un grupo de jóvenes actuales.


   TIENES DOS CAMINOS EN LA VIDA, EL QUE ELIGES, Y EL QUE TE ELIGE A TI

   "Euphoria" ha sido una auténtica fábrica de estrellas hoy indiscutibles. Es donde Zendaya, casi empeñada adrede en aparecer lo menos bella posible, se convirtió realmente en actriz, una a la que hoy no le faltan proyectos de envergadura. O como Sydney Sweeney, que casi se autoparodia a sí misma y a su imagen sexualizada, que ella misma no rechaza y hasta explota, a la que le llueven los contratos. Pero también a Jacob Elordi o Hunter Schaffer. Y en menor medida, Maude Apatow y Alexa Demie. Algo habrá hecho bien esta serie. No solo saber elegir un casting sino además darles personajes y líneas de guion para que crecieran de tal manera que hoy se pelean por ellos.

martes, 18 de agosto de 2026

Escenas Míticas: Monstruos acuáticos - El territorio de la bestia

 


   Si los tiburones son las estrellas de todos los veranos en el cine de monstruos, podríamos convenir que los cocodrilos, aunque a bastante distancia en cuanto a número de títulos, ocupan la segunda posición. Y si este no es el mejor de ellos sobre ellos, poco le falta. Hablo objetivamente porque, personalmente, mi favorita es una bastante menos seria pero tremendamente divertida, “Mandíbulas”.




    Pero sí, “El territorio de la bestia” probablemente es una de las más realistas de cocodrilos. Ese es el título que recibió en España, que en este caso no me parece desacertado pues el original es “Rogue” que vendría a ser como “Solitario”, pero que en el contexto animal es un término que se aplica a ejemplares que se apartan o se ven apartados de la manada y establecen un territorio propio, el cual defienden celosamente.



   Es justo lo que hace el protagonista reptil de esta, comportarse acorde a lo lógico en su especie. No es más inteligente de lo normal como los tiburones de “Deep blue sea”, no está alterado genéticamente ni sufre ninguna mutación. La corre cual Usain Bolt como el de “Cocodrilo, un asesino en serie”, ni ha salido de las alcantarillas como en “La bestia bajo el asfalto” (una de mis favoritas), ni viene como producto de una inundación como en “Infierno bajo el agua”.



   No, es un animal en su propio hábitat, comportándose como lo que es, un gran depredador ejerciendo su soberanía sobre su feudo. Junto con “Black water”, por cierto, estrenada en el mismo año, 2007, son las aproximaciones cinematográficas más realistas que nos han llegado de estos grandes lagartos. Porque no hace falta nombrar todas esas películas que muestran imágenes muy fantasiosas de los cocodrilos. No te digo ya los que saca Asylum, enfrentándolos con anacondas y otros bichos.



   No en vano está inspirada, que no basada, en un cocodrilo marino (el más grande y peligroso) real, Sweetheart. Como el de la película, era un ejemplar enorme, de más de cinco metros, muy aficionado a atacar embarcaciones que entraban en su territorio y que actuó entre 1974 y 1979. Aunque no se le registraron víctimas. Hay fotos reales de periódico en el bar de la primera escena de la película.



   Curiosamente, también “Mandíbulas” tomaba a Sweetheart como referencia, aunque el tratamiento que le da es muy diferente, más cercano al de “Tiburón”, de Steven Spielberg, bastante más grande de lo que son en realidad y con tendencia al asesinato en serie, aunque desde un tono más cómico y exagerado.



   Un factor importante es el escenario. Situado en la tierra de Cocodrilo Dundee, Australia, y de la patria de Sweetheart, un lugar con fama de tener más animales por kilómetro cuadrado que podrían matar a un humano. Pero sobre todo porque es de donde es su director, Greg McLean, quien parece especialmente inspirado en como mostrar y explotar ese espectacular paisaje australiano, que casi se convierte en un personaje más.



   McLean no solo dirige, también escribe y produce la cinta. Un cineasta que apuntaba bastante alto en el género de terror tras su opera prima y anterior película a esta, “Wolf Creek”, título de un slasher muy apreciado en la época. Sin embargo, no se cumplieron las previsiones pues tras la secuela de esta, encadenó una serie de películas de nivel bastante inferior, del que solo se podría salvar “La jungla”.



   El protagonista de “Wolf Creek”, John Jarratt está en el reparto de “El territorio de la bestia”, aunque prácticamente irreconocible y en un papel secundario. Porque los actores principales del elenco eran Michael Vartan y Radha Mitchell, el nombre más conocido en la época de este elenco. También participa Sam Worthington pero todavía no lo había hecho en “Terminator Salvation” y “Avatar”. Y una muy joven Mia Wasikowska.



   Otro de los aspectos positivos de la película es que la criatura no está para nada sobreexpuesta. Como buena aprendiz de “Tiburón”, sus apariciones son esporádicas y su imagen muy dosificada, hasta su final en el que podemos ver de lo lindo al cocodrilo, el cual está realmente bien recreado, mezclando efectos prácticos, animatrónicos, con digitales, los predominantes cuando le vemos de cuerpo entero.



   Sin embargo, a pesar de tener buenas críticas, bastante mejores de las que suelen tener las películas de este tipo, fue un fracaso de taquilla, recaudando apenas 4 millones de dólares, cuando habría empleado 26 en su presupuesto. Aunque, como casi ya es un clásico en estos títulos, tuvo una segunda vida en el mercado de DVD y Blu-ray.