No es precisamente la favorita de los seguidores de su director, Rob Zombie, quienes se decepcionaron al no encontrarse con un sucedáneo de “Los renegados del diablo”. De hecho, en su momento, fue bien calificada por la prensa, pero puntuada muy negativamente por el público. Solo con el tiempo, como no podía ser de otra manera, ha adquirido su merecida denominación de título de culto.
Pues ahí va eso, personalmente la considero la mejor película de Rob Zombie y de muy largo. Lo voy a argumentar; narrativamente es mucho más equilibrada y coherente que “La casa de los 1000 cadáveres” o la propia “Los renegados del diablo”, y creativamente tiene más personalidad que las dos películas que hizo de “Halloween”. Luego, tras “The Lords of Salem”, bajó notablemente su nivel con “31” o “3 del infierno”, ya no digamos con su versión de “La familia Monster”.
Aquí se percibe un cineasta más maduro cinematográficamente hablando y más personal. No en vano gozó de mayor libertad creativa que con “Halloween”. Quizás por ello no tuvo una gran respuesta comercial. Costó tan solo 1,5 millones de dólares pero es que también tan solo recaudó 2,2 en taquilla, y en algunos países no se estrenó, fue directamente a DVD.
Zombie creció en la ciudad de Salem y desde hacía años quería hacer una película relacionada con ella. Para eso se inspiró en los juicios de brujería de Salem en 1691, donde alrededor de una veintena de personas fueron ajusticiadas (ejecutadas) bajo esa acusación. Casi se podría decir que era un proyecto personal del director, el cual escribió el guion y dirigió, y hasta ejerció de productor de él, y además rodó en la verdadera Salem.
Sin embargo, la propuesta partió de un productor especializado en sacar proyectos de terror de bajo presupuesto, Jason Blum, que bajo una subdivisión de su propia productora, Blumhouse, llamada Haunted Films, creada para realizar películas independientes, y que llevaba ya dos películas de éxito producidas, “Paranormal Activity” e “Insidious”, le propuso a Rob Zombie hacer una de tipo sobrenatural.
Para ello le ofrecieron un presupuesto muy limitado y poco tiempo para llevarlo a cabo, a cambio de darle el control creativo total sobre el guion y la dirección. Zombie retomó una idea que había tenido anteriormente y aunque tuvo que reescribir algunas partes y recortar otras para ajustarse a los plazos de rodaje, pudo llevar a cabo su visión original.
Rob Zombie ya era un músico de enorme éxito, fundador y líder de la banda de rock y heavy, White Zombie. Pero también era un adicto a las películas de terror, lo cual influyó en su propia música y en la estética de sus videoclips (dirigidos por él mismo) e incluso en el show mostrado en sus conciertos, y en especial en las películas de serie B.
Aunque en “The Lords of Salem”, sus referentes son más elevados. Él mismo la definió como si Ken Russell (“Los demonios”) dirigiese “El resplandor”. Pero se pueden apreciar influencias tan variadas como la del giallo de Dario Argento y su “Suspiria”, o de Roman Polanski y sus “Repulsión” o “La semilla del diablo”. Zombie demuestra tener un gran dominio de la iconografía del género y se puede interpretar la película como un homenaje al cine de terror de los setenta y ochenta.
Como es una constante en toda su filmografía, la participación de su esposa, Sheri Moon Zombie, vuelve a darse, aquí además como protagonista absoluta, y la rodea de auténticas leyendas del terror de serie B, como Dee Wallace (“Aullidos”, “Cujo”), Barbara Crampton (“Re-Animator”) y Meg Foster (“Están vivos”, “Leviathan, el demonio del abismo”), aunque, inicialmente se había pensado en Goldie Hawn,
Meg Foster calificó el trabajo en esta película con Rob Zombie como una de las mejores experiencias de su carrera. Completan el reparto Udo Kier, Maria Conchita Alonso y Bruce Davison (en sustitución de Bruce Dern), y de no haber tenido que recortar la escena donde aparecería, también habríamos visto a la reina del “rape and revenge”, en “I spit on your grave”: Camille Keaton.
Como curiosidad, la historia lleva una estructura dividida en cuatro partes. Primero la invocación, la primera vez que se escucha el vinilo ritual demoníaco. Segundo, contagio, cuando lo ponen en la emisora. Tercero, purificación, cuando Heidi se rompe. Y cuarto, la entrega, en el clímax final.
