miércoles, 1 de abril de 2026

Escenas Míticas: Sectas - La invitación

 


   De todas las que forman parte de este ciclo, quizá sea la que mejor encaje en el perfil de película de sectas, aunque esa condición no se revela hasta ya entrada la película. Al igual que encaja perfectamente en la denominación de título de culto en el que prácticamente se convirtió desde el principio y en cuya consideración ha ido reforzándose más con el paso del tiempo, a pesar de ser relativamente reciente pues solo han pasado diez años de su estreno.




   Que ya fue muy limitado, llegando a muy poquitas salas, recaudando tan solo 350.000 dólares, sin cubrir siquiera la ya muy escasa cifra de su presupuesto, pues era claramente cine independiente, de un millón de dólares. Sin embargo, las críticas fueron muy buenas, incluso ganando el premio a mejor película en el Festival de Sitges. 



   Pero también del público, lo cual se refleja en las buenas notas medias con las que figura en las distintas webs de cine. Es de esas películas que no triunfan comercialmente pero que han ido ganando reconocimiento por parte de los espectadores y que ha tenido influencia en películas posteriores tan conocidas como “Déjame salir” o “Midsommar”, y otras más recientes como “Fresh”, “Muerte, muerte, muerte” o “El menú”.



   Al no haber detrás ningún gran estudio presionando, tanto su directora, Karyn Kusama, como los guionistas, Phil Hay y Matt Manfredi, gozaron de toda la libertad creativa que necesitaban, logrando un thriller de suspense construido sobre prácticamente un único escenario (la casa) y basándose casi exclusivamente en los diálogos. Aún así, la tensión de la historia es constantemente creciente, alcanzando cotas finales de terror.



   Directora Kusama, que venía de realizar dos películas que no tenían nada que ver entre sí (ni con la que hoy comentamos), que aunque no estén muy valoradas por la crítica, tienen sus seguidores, que son “Aeon Flux” y “Jennifer’s body”. El resto de su carrera, a excepción de “Destroyer”, con Nicole Kidman, se ha desarrollado en el terreno de la televisión, dirigiendo episodios para series como “El hombre del castillo”, “Yellowjackets” o “El visitante”.



   En el reparto no hay estrellas pero sí caras conocidas aunque habitualmente más en papeles secundarios o de la televisión, como Logan Marshall-Green (“Prometheus”), Michiel Huisman (“Juego de tronos”), Tammy Blanchard (“Moneyball”) o John Carroll Lynch (“Zodiac”).



   El “grupo” (secta) de la película pretende practicar el culto a la liberación del dolor causado por los traumas pasados, y la reunión con los seres perdidos, como no, a través de la muerte, lo que parece inspirado en la secta Puerta del Cielo, cuyos miembros creían que los cuerpos físicos solo eran contenedores y que se podían dejar para dar paso a una existencia superior.



   Que sonaba muy bonito. Pero no tanto si continuamos su credo diciendo que pensaban que sus almas serían recogidas por una nave espacial escondida tras un cometa, y que terminó con el suicidio colectivo de 39 personas. Lo cual nos recuerda al destino de otras sectas, como la de los Davidianos (cuyo líder era David Koresh), la de People’s Temple (Jim Jones), la japonesa Aum Shinrikyo (Shoko Asahara) o la familia Manson.



   “La invitación” es de esas películas que contiene lo que en el argot cinematográfico se conoce como un plot twist, es decir, un gran giro que recontextualiza todo lo visto anteriormente y que además termina en un gran final sorpresa que deja al espectador impactado. Aunque la narración va dejando pistas a lo largo de todo su desarrollo.



   Que comienzan en el propio cartel de la película poniendo en primer plano un elemento clave de la historia, una copa de vino. Líquido servido durante toda la película desde botellas, menos el del final, desde un decantador. Para no destapar demasiado la trama, se eliminaron escenas como la de la mujer que abandona la reunión, que era asesinada. En el montaje final dejan el destino de forma más ambigua.



domingo, 29 de marzo de 2026

La asistenta

 

   FICHA TÉCNICA

Título: La asistenta.
Dirección: Paul Feig.
País: Estados Unidos.
Año: 2025.
Duración: 131 min.
Género: Thriller, suspense.
Interpretación: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone, Megan Ferguson, Ellen Tamaki, Indiana Elle, Brian D. Cohen, Amanda Joy Erickson, Maury Ginsberg, Don DiPetta.
Guion: Rebecca Sonnenshine. Novela: Freida McFadden.
Producción: Todd Lieberman.
Música: Theodore Shapiro.
Fotografía: John Schwartzman.
Distribuidora: Lionsgate.

   CRÍTICA

   SINOPSIS: Una chica joven que pretende dejar su pasado atrás, comienza a trabajar como asistenta en la casa de una familia de buena posición. Pero lo que parecía un buen trabajo se comienza a convertir en una pesadilla.

   LO MEJOR: Soy una tramposa y estoy orgullosa de ello. Es lo que diría la película si pudiera hablar, aunque es verdad que lo hace a través de sus imágenes. Porque ya no es que no oculte su descarado entramado de trucos para engañar al espectador, es que hace de ellos su bandera. Por tanto, es inevitable, y también juega eso, que recuerde a ciertos thrillers que tuvieron éxito en los noventa, donde todo valía con tal de entretener al público y lanzarle una lluvia de sorpresas, sin importar cuán inverosímil sea el giro en el argumento. Es por eso que, igual que aquellas, te quede una sensación de placer culpable porque, buena no es pero es tremendamente disfrutona. Por tanto, entiendo que haya tenido bastante éxito en taquilla, al igual que la novela que adapta, un bestseller en toda regla. Para ello, han elegido a un director, Paul Feig, que ya había aplicado una fórmula muy similar en la recomendable “Un pequeño favor”, también apoyado en el protagonismo y enfrentamiento de dos mujeres en una trama de intriga. Y donde también, como aquí, es muy importante el montaje en cuanto a cómo se dosifica la información al espectador. Aunque hay que decir que cuando mejor funciona es cuando se desmelena, cuando pierde la corrección formal para dejarse llevar por el caos narrativo. De hecho, contra menos en serio te la tomas, más divertida resulta.

   Interpretación: No tiene ningún complejo de apostar por el tremendo atractivo de su trío protagonista, tanto el de Sydney Sweeney, el de Amanda Seyfried como el de Brandon Sklenar. Sweeney está alternando proyectos donde desplegar su talento, que lo tiene con otros más comerciales. Es perfectamente consciente de su potencial como sex symbol y tampoco renuncia a él. Aunque hay que decir que cuando mejor está es cuando cohabita en pantalla con Seyfried. Porque es esta última la verdadera estrella de la fiesta.

   Escenas (SPOILERS!!): Es tramposa porque no oculta sus giros mediante el ingenio del guion sino mostrándonos ciertas escenas de manera que parecen lo contrario de lo que son. El ejemplo más claro es el grito de Nina (Seyfried) cuando se va de la casa, que nos hacen creer inicialmente que es de rabia y después vemos que es de alegría. Aunque el giro de que Andrew (Sklenau) sea en realidad un maltratador si se veía venir, era demasiado perfecto. No tanto el de que Millie (Sweeney) sea bastante violenta y de armas tomar, hasta el punto que al final se convierte, en lo que plantea para una secuela, en una especie de justiciera de maridos maltratadores. Aunque también hay casualidades demasiado casuales, como que al final acuda una agente de policía cuya hermana había sido una víctima anterior de Andrew. Y claro, haga la vista gorda diciendo que su asesinato es verdaderamente un accidente. Eso no se lo cree nadie.

   LO PEOR: Vale hacer trampas pero es que a veces parece que se las hace al solitario. Aunque su mayor debe es que se le va un poco la mano con el metraje, y está bastante claro de dónde se le podría haber recortado, que es la primera parte, que se hace demasiado larga. Hasta que llega el click que lo cambia todo.

   REFERENCIAS: Recuerda al tono de ciertos thrillers de los noventa como “Durmiendo con su enemigo”, “La mano que mece la cuna” o “ La huérfana”. Está aprobada ya la secuela y si funciona, será más, pues la saga de novelas de “La asistenta”, de Freida McFadden, es un trilogía.

   CONCLUSIÓN: 6’5. Es tramposa pero en favor de una diversión tan disfrutona que hace que se le perdone todo, porque toma la esencia de un tipo de thriller que triunfaba hace un par de décadas y que se echa de menos actualmente.