Si hace una semana poníamos como ejemplo de biopic de cantante que se mete a fondo con todos los aspectos de la figura a "The Doors", de Oliver Stone, esto es justo lo contrario, estaría en el otro extremo. Porque "Bohemian Rhapsody" es más un homenaje que un retrato de uno de los grupos musicales más importantes de la historia de la música moderna, Queen, y más en concreto de su vocalista y líder, Freddie Mercury.
Porque si se había criticado a Stone por excesivo en su forma de retratar a Jim Morrison, con Mercury se hizo lo opuesto, un claro blanqueamiento de su imagen, sobre todo en cuanto a su abuso del alcohol y las drogas, tema por el que se pasa descaradamente de puntillas. Algo parecido a lo que se hizo con biopics de otros cantantes como Whitney Houston, Amy Winehouse o Elvis.
Aunque sí muestra más profundamente el aspecto de su homosexualidad y el debate interno que esto le produjo. Mucho más de pasada se toca el tema de su gusto por las fiestas repletas de excesos o el de su contagio de sida, que final y desgraciadamente fue el motivo de su temprana muerte. Y es que la línea narrativa era estrechamente controlada por los restantes miembros de Queen.
Porque ya los anteriores intentos de hacer un biopic sobre Queen y mostrar un lado más oscuro y realista de Freddie Mercury habían dado al traste con propuestas anteriores y con retiradas de directores de la talla de Stephen Frears o David Fincher, por motivos de diferencia de criterios creativos, que es otra manera de decir que no les iban a dejar plasmar su visión sobre la historia. Algo parecido a lo que ha pasado con el de Michael Jackson, por lo visto.
La que si se puso en pie fue la que contaba con Bryan Singer como director. El responsable de las mejores películas de la saga "X-Men" pero también de títulos muy alejados del género de superhéroes, como las magníficas "Sospechosos habituales" o "Valkiria". Paradójicamente, si se había intentado evitar las polémicas de la vida de Mercury, se iban a dar de bruces con las del cineasta elegido.
Singer fue despedido en la parte final del rodaje. Fue sustituido por Dexter Fletcher, que ya había estado a punto de ser el seleccionado antes que Bryan Singer. Aunque no pudo ser acreditado como codirector, pues la mayor parte de la película era de Singer. Curiosamente, un año después, Fletcher estrenó otro biopic de cantante, más atrevido que este, "Rocketman".
El motivo de su despido, oficialmente, es por "comportamientos poco profesionales". Se decía que por sus continuos enfrentamientos con el protagonista, Rami Malek, y por sus ausencias en el rodaje, que obligaban al director de fotografía, Newton Thomas Sigel, a hacerse cargo de él. Aunque Bryan Singer se defendió haciendo un comunicado quejándose de que no le habían dejado ausentarse por la grave enfermedad de su padre.
Aunque la realidad posiblemente sea bien distinta. Y es que iban a darse a conocer las acusaciones de acoso sexual de personas de películas anteriores. Aunque hay que decir que nunca se demostraron y a día de hoy siguen sin hacerlo. Pero provocaron su despido y que no se le nominara en los Oscars en la categoría de mejor director, como era la intención. Y después fue relegado por la industria hasta justo este año, donde por fin va a poder estrenar una película, "Monument".
Antes de Malek, en anteriores proyectos, habían sido considerados actores como Sacha Baron Cohen (el más atrevido) o Ben Whishaw. Pero en este el elegido fue Rami Malek, tras su trabajo en la serie "Mr. Robot". A quien acompañaron Lucy Boynton (con quien mantuvo una relación sentimental durante cinco años), Joseph Mazzello ("Jurassic Park"), Aidan Gillen, Tom Hollander o Mike Myers. Por cierto, los integrantes de Queen quedaron muy satisfechos con la interpretación de Malek.
La película tuvo mezcla de críticas. Las negativas lo acusaban de superficial y poco realista retrato de Freddie Mercury. Sin embargo, no le fue mal en la temporada de premios, logrando el Globo de Oro como mejor película dramática, y transformando en estatuillas cuatro de sus cinco nominaciones a los Oscars. Concretamente las correspondientes a mejor actor, montaje, sonido y edición de sonido.
Y al público le encantó, convirtiéndola en un absoluto éxito de taquilla. Costó 52 millones de dólares y recaudó nada menos que 911. Se especuló durante un tiempo con una secuela que contara desde el concierto de Live Aid hasta su muerte pero no llegó a concretarse.

