Terminamos el ciclo (hasta nueva orden), con una de las películas de brujas más icónicas y del género de terror fantástico teen, especialmente de los noventa. Hasta el punto de que, con el tiempo, ha trascendido como un título de culto, que incluso cuenta con un remake, en 2020, aunque no muy acertado, a pesar de contar con Cailee Spaeny en sus filas.
Un fenómeno inesperado hasta para sus propios productores, que no confiando demasiado en la fórmula, limitaron bastante el presupuesto a solo 15 millones de dólares. Que incluso sin contar con muy buenas críticas, reportaron 65 recaudados en taquilla, teniendo además un buen recorrido en el mercado doméstico de alquiler y venta posterior. Y eso sin contar con un director conocido, Andrew Fleming no tiene nada más destacable ni antes ni después, ni estrellas en el reparto.
Porque aquí Neve Campbell tiene un personaje principal pero no protagonista. Y la explosión de su fama vendría unos siete meses después pero en ese mismo año, 1996, con "Scream". A la larga se terminaría convirtiendo en una de las scream queen más famosas del slasher gracias a esa saga. Pero en "Jóvenes y brujas" era más bien una desconocida. Prácticamente lo mismo que las que sí eran verdaderas protagonistas, Robin Tunney y Fairuza Balk.
Por tanto, sirvió como pistoletazo para las tres actrices esta película. No tanto para la cuarta en discordia, Rachel True. En el reparto también estaba Skeet Ulrich, que también repetiría junto a la Campbell en "Scream", y en un papel bastante más relevante que en esta, y probablemente por el que más se le recuerde. Porque tampoco es que haya tenido una filmografía muy destacada.
Por cierto, Fairuza Balk investigó sobre el paganismo para documentarse para su personaje y el tema le interesó tanto que compró una tienda sobre magia y ocultismo en Hollywood, que mantuvo durante varios años. Más concretamente lo que le interesaba era algo que se exponía en la película sin llegar a mencionarlo, la wicca, una religión neopagana moderna.
La wicca no tiene nada que ver con el satanismo o la adoración al diablo aunque mucha gente la confunda con ello. Sino que se centra en el poder que reside en la naturaleza, la magia y la espiritualidad. Una creencia con adeptos aún en la actualidad. Es más, se estipula que existen entre tres y cinco millones de wiccanos en el mundo. La película no la trata en profundidad, ni prácticamente ninguna aunque hay títulos que sí hacen alusión al neopaganismo, como "Prácticamente magia" o "El hombre de mimbre".
"Jóvenes y brujas" tomó como base el libro de Scott Cunningham, "Earth power" para hablar de algunos conceptos de esa corriente pero en realidad la película habla del poder en general, de la identidad, de la pertenencia y del bullying. Sus cuatro personajes principales no dejan de ser unas adolescentes marginadas tomando venganza. Lo que la emparenta en parte con "Carrie" o "Escuela de jóvenes asesinos". Y se hace un guiño a "Las brujas de Eastwick" cuando uno de los personajes las llama literalmente así.
A su vez, la película influyó directa o indirectamente en películas y series posteriores. Como "Ginger Snaps", "La alianza del mal", "All cheerleaders die" o "Jennifer's body". Al menos tienen elementos y tonos similares. También en el campo de la televisión, como "Las escalofriantes aventuras de Sabrina" o, sobre todo y más evidente, "Embrujadas".
Por cierto, el vestuario de las actrices cumple la función de mostrar la evolución psicológica de sus personajes. Por ejemplo, Nancy (Balk) cada vez viste más agresiva y oscura, a la vez que se va acercando a la maldad. Al igual que Bonnie (Campbell) viste más provocativa a la vez que se siente más guapa y menos acomplejada por sus llagas.
La película tiene momentos de CGI como era tendencia en la década de los noventa. En el género de terror los efectos digitales estaban sustituyendo a los prácticos. Sin embargo, la escena más impresionante, la de las serpientes, no se usó CGI. Eran serpientes reales; boas, pitones y hasta una constrictor. Todo real. Porque "Jóvenes y brujas" era un poco eso, un híbrido de lo digital y lo artesanal.

