viernes, 25 de septiembre de 2026

In search of darkness

 


   Si te consideras un aficionado al género de terror, más específicamente al de la década de los ochenta y de los que se podrían considerar muy cafeteros, esta serie de documentales es imprescindible. Tres de las temporadas, cada una de seis episodios, están dedicadas a esos ochenta en los que algunos nos criamos, quizá viendo películas que no deberíamos haber visto a esas edades. La primera habla de los títulos más representativos. La segunda, de los no tan conocidos. Y la tercera, a los más desconocidos, los que estaban en los estantes más bajos de los videoclubs. Las dos siguientes temporadas están dedicadas al terror de los noventa, una a la primera parte de la década y otra a la segunda, y se enfoca bastante al cambio de los efectos especiales de maquillaje hacia los efectos digitales, entre otros aspectos. Y como guinda hay otra temporada dedicada a la ciencia ficción, nuevamente de los ochenta. En total, más de treinta horas de disfrute nostálgico, de repaso de unas películas que marcaron especialmente la evolución del género en el cine. Lo próximo de su creador, David A. Weiner, es un repaso del terror pero esta vez de los setenta. Deseando estoy.

   EL AMOR AL TERROR DE VIDEOCLUB

   Un Weiner claramente enamorado del género del terror ochentero y del género en general pero no solo de los títulos más icónicos. Pone un especial amor a la serie B. Películas con las que muchos crecimos, viéndolas muchas veces incluso a escondidas. Algunas de ellas muy desconocidas, de presupuestos muy bajos, otras casi experimentales. A alguien le leí llamarlas "cine de mazmorra" y no precisamente con connotación despectiva. Películas cuyas llamativas carátulas captaban nuestra atención en los videoclubs. Son tantísimos los títulos que repasa que incluso a alguien con un gran dominio del género como se considera un servidor, le ha descubierto muchas que no conocía y que, evidentemente, ha procedido a apuntar. Ha sido una auténtica gozada recordar los que ya conocía y descubrir los que no.


   MADE BY FANS FOR FANS

   Hay que tener en cuenta que el proyecto está financiado directamente por fans del tema mediante el método de crowdfunding, es decir mediante sus donaciones. A quienes David A. Weiner les hace su homenaje poniendo sus vídeos en los larguísimos créditos finales de cada temporada. Pero que la serie documental sea tan humilde no la exime en absoluto de talento. Weiner realiza un montaje maravilloso, enlazando perfectamente las imágenes de las películas con los testimonios de los invitados para comentar multitud de curiosidades y anécdotas de sus rodajes, experiencias y reacciones. No solo se palpa el cariño del creador, Weiner, a esa clase de cine, sino también de aquellos que participaron en ese cine.


   HIJOS DE UN GÉNERO Y UNA ÉPOCA

   Que es otro de los grandes alicientes de la serie, poder ver hablar de esas películas a reinas del terror de los ochenta como Barbara Crampton, Caroline Williams, Cassandra Peterson, Linnea Quigley o Heather Langenkamp, entre muchas otras. O directores como John Carpenter, Joe Dante, Mick Garris, Brian Yuzna o Don Mancini, también entre muchos otros. O leyendas ocultas tras las máscaras más míticas del slasher ochentero, como Doug Bradley (Pinhead), Nick Castle (Michael Myers) o Kane Hodder (Jason Voorhees).


martes, 22 de septiembre de 2026

Escenas Míticas: Brujas - El crisol

 


   No hay brujas en la película. Ni siquiera se puede considerar que pertenezca al género de terror propiamente dicho. Aunque la historia sí se centra en la especulación sobre si unas personas practicaron la brujería e, incluso, muestra ambigüedad sobre si es una sospecha justificada, aunque más como ejemplo de lo que puede suponer la interpretación de un acto sacado de contexto. Por lo que, lo que nos muestra la película puede ser más terrorífico que unas mujeres montando en escobas o cocinando pócimas de encantamiento.   




   Una adaptación de la obra teatral homónima de 1953, llevada al guion de la película por su propio escritor, Arthur Miller, quien fue nominado al Oscar en la categoría de mejor guion adaptado. Una de las dos nominaciones que obtuvo la cinta, la otra fue a mejor actriz de reparto, a Joan Allen. Aunque no transformó ninguna de las dos en estatuillas.   




   Miller se basó en un hecho real, los Juicios de Salem, donde en 1692, 144 personas (muchas más que en la película) fueron acusadas de practicar la brujería y la adoración al diablo, de las cuales 19 (14 mujeres y 5 hombres) fueron ejecutadas y una de ellas murió a consecuencia de las torturas durante los interrogatorios.    




   Fue el caso más sonado o el que más ha trascendido en la cultura popular pero ni mucho menos el único. Las acusaciones de este tipo comenzaron casi medio siglo antes, en 1647, y en distintas ciudades, pero nunca con tantos acusados como en Salem, que prácticamente cierra el ciclo de estos juicios. Acusados y víctimas porque, evidentemente, todos fueron procesados injustamente.   




   Es lo que Arthur Miller utilizó para hablar de lo que realmente quería hablar, del macartismo. Estableciendo un paralelismo entre los Juicios de Salem y la persecución política llevada a cabo por el senador republicano Joseph McCarthy sobre una serie de personas a las que acusó de ser comunistas, o cualquiera con ideas de izquierdas. De hecho, se llamó "la Caza de brujas".  

 


   Miller se inspiró en la comparecencia de un amigo suyo ante el Tribunal de Actividades Antiestadounidenses, el cineasta Elia Kazan, que ante las presiones, delató a varios compañeros del mundo del cine que pasaron directamente y sin pasar por la casilla de salida, a formar parte de la famosa Lista Negra de Hollywood, acabando casi con sus carreras.  




   El escritor compara esa histeria puritana con la vivida en Salem, y señala el peligro del extremismo religioso, del peso de las acusaciones falsas tomadas como pruebas, de los fallos del proceso judicial y de la intromisión gubernamental. Aunque el verdadero mensaje es que el peligro no está tanto en quien miente sino en una sociedad predispuesta a creer esas mentiras. 

  


   Tiene un gran reparto, con Daniel Day-Lewis al frente, seguido de Winona Ryder, Joan Allen, Paul Scoufield, Jeffrey Jones y Bruce Davison (años más tarde participaría en otra película que hace referencia a las brujas de Salem, "The Lords of Salem"). Curiosamente, Day-Lewis y Ryder eran pareja en la vida real y en la ficción de la historia protagonizan una relación que es el detonante de las acusaciones de brujería.




   En la dirección estaba Nicholas Hytner, que venía de realizar "La locura del rey Jorge". Pero después de "El crisol", no ha dirigido nada demasiado destacable, por lo que se pueden considerar sus dos mejores películas. La segunda tuvo muy buenas críticas pero comercialmente fue un fracaso. Costó 25 millones de dólares y solo recaudó 7 en taquilla.  




   No toma como referencia específicamente ninguna película anterior ni tampoco es influencia directa de otras posteriores. Pero a quien le interese el tema le recomendaría "Los demonios" (por el clima de histeria y persecución), "La bruja" (mismo contexto fanático religioso) y "Akelarre" (una caza de brujas en el País Vasco y Navarra).  




   El título de la película hace referencia a un doble sentido. Por un lado, es un recipiente para mezclar sustancias a altas temperaturas. Por otro, se refiere a la situación de tensión que envuelve a personas sometidas a mucha presión.