jueves, 10 de septiembre de 2026

Microcríticas Express: Soy un cyborg/La doncella del lago/Las malditas

 




   Tras finalizar su particular Trilogía de la Venganza con “Sympathy for Lady Vengeance”, Park Chan-wook estaba muy reconocido pero también encasillado en el mismo tipo de películas. Por lo cual, cambió radicalmente de registro con su siguiente título, “Soy un cyborg”, que no solo no tiene nada que ver con nada que hubiera hecho antes, e incluso después, sino que parece que el cineasta coreano estuviera experimentando con lo que se podría considerar una comedia surrealista fantástica. Hay quien dice que no parece ni suya, pero quien haya seguido su cine, por muy distinta en cuanto a tono y temática con el resto de su filmografía, se da cuenta que la forma de mover la cámara es muy suya. Es una de las que me faltaban de su filmografía y tenía curiosidad. Confieso que me ha costado un buen rato entender hacia donde iba esto. Es conveniente avisar que no es para todo el mundo ni mucho menos y que si no entras en su juego, no vas a terminarla. Es la historia de una chica que dice ser un cyborg y que por esa razón ha dejado de comer pensando que solo puede alimentarse de la carga de baterías. Evidentemente, reside en un psiquiátrico junto a otros no menos pintorescos pacientes (es de traca lo que le pasa a cada uno), en lo que podría ser el “Alguien voló sobre el nido del cuco” coreano si no fuera porque el mensaje es uno muy distinto. Aunque el tono sea de comedia, y es verdad que tiene momentos de lo más divertidos, en realidad es un drama, porque está chica va a morirse si no empieza a comer. Por eso, aunque parezca una película menor de Park Chan-wook, y probablemente lo sea, no es lo ligera que aparenta y te habla de que para salvar a alguien no hay que sacarle de su mundo sino meterte en el suyo para comprenderla. Cuando he conseguido entrar me ha resultado muy original y, en ocasiones, hasta poética. 6’5.


   Básicamente es como si nos estuvieran contando una fábula, que por lo que he podido investigar, no está basado en el folclore japonés ni en ningún cuento popular de ese país. Pero perfectamente podría porque tiene esa ambientación. Situada en 1958 pero que a su vez se retrotrae a la era medieval en Japón, donde se encuadra la mayor parte de la historia, para contarnos el origen de la leyenda de una doncella cuya tristeza provoca desastres naturales cada cierto tiempo, según las creencias del lugar. No es para impacientes que necesiten mil planos por minuto. Es lenta, esa es la verdad, pausada y hasta contemplativa, dejándote sentir la presencia del bosque. Donde prácticamente no ves más edificaciones que unas humildes casas. Y apenas hay música, sí, no hay más banda sonora que la del sonido de la propia naturaleza. El agua del río o las cascadas, el viento, los árboles. Es muy sensorial en ese sentido. Porque además, visualmente es una película preciosa, que aprovecha el paisaje natural para mostrar una belleza casi extasiante. Yo no me he aburrido porque he disfrutado de esas imágenes omnipresentes y de las sensaciones que consigue evocar la película. Cuya historia es realmente sencilla pero incluso tiene su punto de ciencia ficción, por muy raro que pueda sonar. Aunque más desde el género fantástico. Pero si, tiene un tramo en el que juegan con el tiempo, con como lo perciben unos y otros, sin dar más detalles de en qué consiste. Aunque en su conjunto, viene a ser una alegoría sobre la intervención del hombre en la naturaleza. En su modestia, me parece realizada con gran mimo y sensibilidad, me he dejado seducir por ella y ha terminado por gustarme bastante. Incluso la considero una pequeña joyita de esas que no verá casi nadie. 6’5.


   Hubo un tiempo en el que nos llegaban muchas películas de Japón, de hecho, era el país asiático del que más cine llegaba a occidente, especialmente a través del género de terror, que se puso de moda con títulos como “Ringu” (The ring) o “Ju-on” (La maldición). Pero luego le pasó por la derecha el cine coreano. Pero ahora parece que vuelve a coger fuerza el japonés. Aunque no tanto con el terror esta vez. Por eso destaco este título, que vendría a ser como la Annabelle nipona. Claro, a su manera, enganchando con el folk horror de ese país como origen de una muñeca que da un mal rollo que no veas, a pesar de que siempre la vemos como muñeca. Me explico, no es Chucky y tampoco Annabelle, en el sentido de que no la vemos moverse apenas. Y es un gran acierto, porque a parte de ahorrarte los efectos especiales de moverla, siempre estas pensando que lo va a hacer. Podríais decir, pues ya nos estás diciendo que no, muchas gracias. Es que he dicho que apenas, no es lo mismo. De todos modos, no está el suspense en esas escenas sino en todas las veces, y no son pocas, que juegan a confundirnos con la figura de la muñeca y de la niña, la hija de la protagonista. Y en ese sentido, hay varias secuencias impactantes, incluso angustiantes. Aunque tampoco llegue a inventar nada en cuanto a puesta en escena. Lo que pasa es que el guion tiene algunas cosas que no cuadran. Por ejemplo, no entiendo como dejan tantas veces a niños pequeños solos en casas, coches, . . . Espero que no sea verdad porque si es así, poco les pasa. No es nada del otro mundo ni tampoco me recuerda a las mejores películas de terror que se pusieron de moda antaño, pero entretiene y alegra que salgan películas japonesas de este género. 6.

martes, 8 de septiembre de 2026

Escenas Míticas: Brujas - Las brujas de Eastwick

 


   Si precisamente se estrena esta semana la secuela de "Prácticamente magia", viene muy a cuento hablar de uno de sus referentes, "Las brujas de Eastwick". No solo por darle un protagonismo compartido a varias actrices ya consideradas estrellas y que todas sean brujas, sino también por darle a la película un tono de comedia y mezclarlo con géneros como el fantástico y el romántico.




   No es a la única a la que inspiró. Los paralelismos con "Jóvenes y brujas" (que también veremos aquí en su momento) son tan evidentes que casi parecía una versión teen de ella. Pero a su vez "Las brujas de Eastwick" era una adaptación bastante libre de la novela homónima de John Updike, de 1984. Justamente una de las críticas que sufrió fue rebajar considerablemente la oscuridad de la obra literaria original por un tono más ligero y cómico.



   Y eso que tomaba elementos de películas bastante lejos de ser comedias, como "Las brujas" (1966), "La bella y la bestia" o "La semilla del diablo". Esa poca seriedad a la hora de abordar el tema de la brujería le valió la calificación O por parte de la Iglesia Católica de Estados Unidos, que significa moralmente ofensiva. Que poco sentido del humor.



   No fueron los únicos que se enfadaron. Una congregación de brujas reales (sí, es lo que se consideraban a sí mismas) de Salem, con su líder, Laurie Cabot, a la cabeza, denunció la manera en la que era mostrado su colectivo (tiene narices el asunto) al mundo. Vamos, que no les gustaba que se las tomara a "cachondeo". Igual les debía haber preocupado más que esta protesta podía provocar más risa que la propia película.



   Donde sí hubo buen rollo, a pesar de los rumores de una rivalidad entre ellas, fue entre las actrices. Aunque tanto Cher, Michelle Pfeiffer como Susan Sarandon ya eran estrellas muy reconocidas, no tuvieron problema alguno en compartir el protagonismo. Se llevaron muy bien e incluso se hicieron buenas amigas durante el rodaje.



   No sabemos qué hubiera pasado en caso de que la terna de actrices hubiera sido otra. Ojo a los nombres que rechazaron el ofrecimiento: Anjelica Huston, Daryl Hannah, Pam Grier, Kim Cattrall y Kathleen Turner. Tampoco fue Jack Nicholson la primera opción, sino Bill Murray, aunque ahora no podamos imaginarnos a otro actor que al protagonista de "El resplandor", dando vida al Diablo.



   A Nicholson le debe el director de la película, George Miller, el no haber sido despedido por sus continuos enfrentamientos con el productor, Jon Peters. Claro que este tipo tenía ideas tan de bombero como exigirle meter extraterrestres en la historia como fuera. Miller se negó, por supuesto, y cuando fue amenazado con el despido, Jack Nicholson hizo lo propio asegurando que si se iba el cineasta, él abandonaría.



   Un George Miller que venía de concluir su trilogía de "Mad Max" y que "Las brujas de Eastwick" suponía su primera película en Hollywood. No podía estar más alejada de lo que había hecho el cineasta en Australia. Pero demostraría que era capaz de dirigir películas muy diferentes también con títulos como "El aceite de la vida", "Babe, el cerdito valiente" o "Happy Feet", antes de volver a lo suyo con "Mad Max, Furia en la carretera" y "Furiosa".



   Más que de sexo, la película hablaba de la independencia femenina, del deseo y de la guerra de sexos (lo que la acercaba levemente a la screwball comedy). La evolución de la libertad sexual y el despertar de los poderes de las protagonistas lo podemos ver simbolizado en el aspecto de las melenas rizadas de unas actrices que ya eran sex symbols previamente a la película.

 

   Por cierto, el personaje de Susan Sarandon, Jane, es estéril al comienzo de la película. Sin embargo, tras ser seducida por Daryl Van Horne (Nicholson) queda "mágicamente embarazada". A la actriz le pasó algo paradójicamente similar. Estaba diagnosticada de endometriosis severa, lo que le impedía tener hijos. Sin embargo, previamente a su fichaje por "Las brujas de Eastwick", para la cual no fue la primera opción, se quedó embarazada y dio a luz a su primera hija, la también actriz ahora, Eva Amurri. El milagro pasó en la realidad y la ficción.



   La película fue nominada al mejor sonido y la banda sonora, sin obtener estatuilla alguna. Y en 1992 se intentó llevar a cabo un remake en forma de serie pero se quedó en un episodio piloto fallido. Tuvo críticas divididas, aunque comercialmente salvó los muebles. Costó 22 millones de dólares y recaudó 63 en taquilla.