Quien hace la ley hace la trampa, y en el mundo informático digital, la ley es el sistema informático y la trampa los hackers. Por eso vamos a abordar una película sobre uno de los hackeos más icónicos del cine, en una de las películas más representativas de la cultura pop de los años ochenta. Por eso la incluyó Ernest Cline en su novela "Ready player one", que es todo un homenaje a esa década, y cuya adaptación pasará también por este ciclo.
Inspirada en un caso real, lo que momentáneamente supuso una alarma nuclear, cuando la simulación de un ataque soviético, el sistema informático estadounidense se lo tomó como verdadero y cundió el pánico en el NORAD (Mando de Defensa Aeroespacial de América del Norte), durante seis minutos que de no haberse confirmado que era una falsa alarma, pudo ser un desastre internacional.
El hacker, David Lightman, también está inspirado en uno real, David Scott Lewis, a quien entrevistaron los guionistas para construir su personaje. Pero no tiene nada que ver ni en el incidente del NORAD ni en ningún otro de ese calibre. Simplemente era un joven informático con mucha curiosidad por "explorar" los sistemas informáticos de seguridad.
La película fue vista por el presidente de los Estados Unidos de aquella época, Ronald Reagan, quien quedó muy preocupado por lo que planteaba y pidió informes sobre la posibilidad de que ocurriera de verdad, lo cual hizo que se revisara la vulnerabilidad del sistema informático militar. Hay que tener en cuenta que estábamos hablando de los últimos años de la Guerra Fría. Aunque tampoco podemos saber si esto fue exclusivamente provocado por la película.
Pero lo verdaderamente interesante es que plantea algo que es aplicable precisamente a nuestra actualidad, como si se hubiera adelantado a su tiempo, poniendo en duda la posibilidad de darle el control a un ordenador. Lo que extrapolable a nuestros tiempos sería dárselo a la IA y al riesgo de que pueda tomar decisiones de forma autónoma.
No obstante, aunque la computadora WOPR (pronunciado como la hamburguesa de Burger King, Whopper) puede parecer una proto inteligencia artificial pre-Skynet de la saga "Terminator", el ordenador no está tildado como el villano pues toma decisiones sin saber qué significan, haciendo valer la premisa de que calcular no es lo mismo que juzgar otra situaciones, por muy potente que sea su capacidad.
No les permitieron la entrada a las instalaciones reales del NORAD por lo que tuvieron que recrearlas usando la imaginación, en lo que supuso el decorado más caro para el cine en ese momento. Unos decorados que luego fueron aprovechados para otras películas, como "Quién engañó a Roger Rabbit" o "Regreso al futuro 2".
Al mando del asunto estaba John Badham, un director que venía del mundo de la televisión pero que ya había hecho películas conocidas, como "Fiebre en el sábado noche", "Drácula" (1979) o "Mi vida es mía". Y que tuvo uno de sus mayores éxitos con "Juegos de guerra". Posteriormente realizó otros títulos también muy populares, como "El trueno azul", "Cortocircuito" o "La asesina" (remake de "Nikita, dura de matar").
Esta fue la película que lanzó a la popularidad a Matthew Broderick. Después vendrían otras como "Lady Halcón", "Tiempos de gloria" o "Proyecto X". Le acompañaban Ally Sheedy y John Wood. Este último también le puso la voz a la computadora, Joshua. Para que sonara artificial, el actor pronunciaba las frases al revés y luego se invertía la grabación. Es decir, se reproducía al contrario.
La película podría haberse inspirado en "Teléfono rojo, ¿volamos a Moscú?", y a su vez estaba influenciando, o dando ideas, a títulos como "Hackers", "Los fisgones" o la propia "Terminator". Tuvo buenas críticas en general y comercialmente fue un éxito de taquilla. Costó 12 millones de dólares y recaudó 124 en salas de cine.

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