martes, 8 de noviembre de 2016

Escenas Míticas: Accidentes - El coloso en llamas




   Como es costumbre, buscando pretextos para iniciar ciclos relacionados con algún estreno importante, he encontrado el de “Sully”, la última película de Clint Eastwood, basada en un piloto que logró salvar un montón de vidas gracias a sus habilidades a los mandos de un avión. Por lo que este mes lo dedicaremos a las películas de accidentes, y no lo confundamos con el género de desastres naturales. Es cine catastrófico, pero digamos que provocado por accidentes en creaciones humanas.



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   Repasaremos todo lo que nos puede pasar por tierra, mar y aire, en toda clase de vehículos e instalaciones. Y comenzaremos por uno de los edificios más famosos creados para el cine junto a la Torre Nakatomi de “La jungla de cristal” y al que curiosamente no ponen nombre. Al menos no se menciona, aunque este “Coloso” es sobradamente conocido.


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   La envergadura del proyecto exigió de la alianza de dos grandes estudios para llevarlo a cabo como eran, ahí es nada, la Fox y la Warner Bros, que colocaron, a su vez, a dos de sus mayores especialistas en el cine de aventuras en formato de superproducción, y catastrofista para más señas. Por tanto, el director fue John Guillermin, autor de la versión de “King Kong” de 1976, e Irwin Allen como productor, que tenía otros ejemplos similares como “El enjambre” o “La gran aventura del Poseidón” (que abrió la veda de este subgénero). Se dice que alternaron sus roles.


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   Ya desde “La aventura del Poseidón” que, como decía, fue el que inició toda una corriente de películas de desastres como continuaron precisamente “El coloso en llamas” y lo haría también “Terremoto”. La línea a seguir era similar. Un argumento repleto de microhistorias de múltiples personajes, interpretados por toda una nómina de caras conocidas, que se unían para lograr el objetivo común de la supervivencia.


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   Y como no podía ser de otra manera, el reparto era de auténticas campanillas. El protagonismo estaba compartido y, sobretodo, reñido, tanto dentro como fuera de la pantalla, por dos auténticas estrellas del momento como eran Paul Newman y Steve McQueen. Acompañados de lujo por otras también estrellas, aunque en momentos muy diferentes en sus carreras como William Holden, Richard Chamberlain, Robert Wagner, Faye Dunaway, Susan Blakely, Robert Vaughn, Fred Astaire e incluso O.J. Simpson. 


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   Obtuvo muy buenas críticas y se la considera todo un clásico del cine catastrofista. De hecho, contó con hasta ocho nominaciones al Oscar, incluida la categoría de mejor película, que finalmente no consiguió. Pero si las tres estatuillas a la Fotografía, Canción original y Montaje. Y ya me extraña que no lograra también el de sus excepcionales efectos especiales con un trabajo de maquetación espectacular, como bien dicen las imágenes del edificio en la película.


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   La taquilla también le sonrió, convirtiéndola en la segunda película que más dinero recaudó ese año, 1975, tan solo superada por la que fue indiscutiblemente la reina en esas lides, el “Tiburón” de Steven Spielberg. Curiosamente, el film fue bastante barato, invirtiendo en ella 14 millones de dólares, pero transformándolos en casi 140 de beneficios.


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   En mi opinión una película mítica e iconográfica del subgénero, que, a pesar de su enfoque comercial, tenía su particular moraleja. De alguna manera el desastre es una especie de castigo a la opulencia y soberbia humana. Aspecto que comparte con “Titanic”, pues tanto el famoso barco como el rascacielos de “El coloso en llamas” son ejemplos de la exacerbación del lujo y sus personajes figuran mayoritariamente en la más alta clase social y sus respectivos accidentes sobrevienen por las decisiones tomadas a partir de intereses económicos.

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