Llevamos varias entregas hablando o
adelantando lo que venía tras el western clásico, con directores
como John Ford o Howard Haws como máximos representantes, que no era
otro que el western crepuscular, cuya máxima referencia era
precisamente el autor de esta película, Sam Peckinpah, sin ninguna
duda. No en vano, considero este título al western crepuscular definitivo.
No el
mejor ni más significativo de esta corriente, eso le correspondería
a otro título del mismo cineasta, la inigualable “Grupo salvaje”,
probablemente la mejor película de su filmografía, y eso teniendo
en cuenta que en ella figuran películas como “Duelo en la alta
sierra”, “Perros de paja”, “La huida”, “La Cruz de
hierro” o la que comentamos hoy, es decir mucho.
Pero
me parece el definitivo porque fue el último western de Peckinpah. Y
porque trataba sobre la muerte de uno de los mitos reales del salvaje Oeste, Billy, el Niño, que además lo hacía en la recta final del
periodo histórico en el que basan prácticamente todos los western,
es decir, de 1865 a 1890, cuando Billy moría en 1881.
El
western crepuscular no moría con Sam Peckinpah, de hecho, los cuatro
dirigidas por Clint Eastwood, “Infierno de cobardes”, “El fuera
de la ley”, “ El jinete pálido, y la gran “ Sin perdón”,
son claramente crepusculares, pero tratar la muerte de uno de los
símbolos del salvaje Oeste y no volver a realizar un western
posteriormente me hacen considerar a “Pat Garret y Billy el Niño”
su western crepuscular definitivo.
De
todos modos, aunque para mí esta es sin duda la mejor, de Billy, el
Niño, ha habido innumerables películas, como por ejemplo, “El
zurdo”, con Paul Newman en el papel. No fue la última visita a la
leyenda de Billy, el Niño. Lo fue un binomio formado por “Arma
joven” y su secuela, “Intrépidos forajidos”, con un gran
reparto de actores jóvenes encabezado por Emilio Estévez, entre
1988 y 1990.
Billy,
el Niño, era el apelativo de William H. Bonney (McCarty, en realidad), un
forajido y pistolero al que se le atribuyen 21 asesinatos, aunque
solo están demostrados 9, y varios de ellos fueron en defensa propia
o durante sus huidas. O en tiroteos en los que se vio envuelto, por lo que es probable que le atribuyeran muertos de otros. Sin embargo, en múltiples ocasiones se le ha
mostrado como un ser despiadado.
No obstante, la historia más contrastada no dice eso. Sino que en sus
inicios fue empleado como vaquero por un importante ganadero llamado
John Tunstall, al que Billy consideraba como un segundo padre. Cuando
este fue asesinado en una emboscada, Billy inició una escalada de
violencia como venganza.
Hay
muchas teorías sobre su muerte. La más romántica era que fue a
manos del que fue su amigo, Pat Garrett, quien había sido nombrado
sheriff del Condado de Lincoln, Nuevo México, casi con la exclusiva
misión de dar caza a Billy. Pero el modo difiere en
interpretaciones. Unas dicen que le mató por la espalda. Otras que
le mató otra persona y Garrett se atribuyó la hazaña.
Incluso
que Billy ni siquiera murió. Es más en posteriores investigaciones,
la última no hace tanto, en 2000, que determinó que no estaba
enterrado en Fort Summer, como debería y que probablemente vivió
unos cuantos años más. De hecho, un identificador de rostros del FBI,
establecía sospechosa semejanzas faciales (cicatrices, ojos, nariz)
con un granjero llamado Robert.
Para ponerle cara en la película se eligió a Kris Kristofferson, y para su perseguidor a James Coburn. El reparto lo completaban Jason Robards, un jovencísimo Bob Dylan, que además compuso la banda sonora, y Katy Jurado.
El uso que hacía Peckinpah de la violencia fue una de las novedades que introdujo en todas sus películas y que llamó especialmente la atención en sus western. Con un tratamiento de las escenas más violentas con la cámara lenta que les daba un tono casi poético. Y que ha servido como inspiración a otros directores posteriores como Walter Hill o Quentin Tarantino. Era apodado en Hollywood como "Sam, el sanguinario". La película costó 5 millones de dólares y recaudó 11.
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