Aunque
no es una película de acción puramente, este título me parece
imprescindible en este ciclo de “Mujeres de acción” por ser una
de las mayores representantes del feminismo en el cine, cuyo
tratamiento le valió no pocas críticas y una generosa polémica que
ahora pasaré a explicar por lo injusta que me parece.
La
película tomaba un caso de violencia machista, un intento de
violación, y hacía que sus víctimas reaccionarán con la misma o
mayor violencia que su agresor. Tiene narices que el film fuera
acusado de incitar precisamente a la violencia y de pretender dar una
imagen de los hombres exageradamente negativa. De modo que si a John
Wick le matan el perro todos aplaudimos cuando se carga varias
docenas de personas, pero si unas mujeres son agredidas sexualmente,
no pueden darle su merecido al colega.
De
todas formas, voy a desmontar lo de la imagen negativa de los
hombres. Muchos mantenían la teoría de que todos los hombres de la
película están retratados como unos cretinos. Si, algunos lo son,
pero no precisamente por tratar con mujeres, lo son en general. Y
tenemos los personajes encarnados por Michael Madsen o Harvey Keitel
(que las defiende a muerte), cuya imagen es muy positiva.
Pero
si atendemos a lo que realmente habla la película, más que de
feminismo habla de amistad y para ello se hace con varios
subgéneros. Argumentalmente es una road movie que a su vez es una
buddy movie (película de colegas). Pero en esencia es un neowestern. Básicamente son dos forajidas que escapan de un grupo de
agentes de la ley. Una especie de “Dos mujeres y un destino”, que
incluso tiene un final similar al de la película de Paul Newman y
Robert Redford.
Aunque
también podría considerarse el “Un día de furia” de las
mujeres, por la actitud de justicieras que toman después y que
las hace caer en una escalada de violencia. Por cierto, que
precisamente ese final “no feliz” les hizo desconfiar tanto a los
productores que estuvieron a punto de cancelar el proyecto antes de
iniciarlo.
Ridley
Scott comenzaba la década de los noventa de forma inmejorable con
“Thema y Lousie” pero el resto de la década no fue muy buena con
títulos como “1942, la conquista del paraíso”, “ Tormenta
blanca” y “La teniente O'Neil” (que parece más propia de su
hermano Tony), pero que nuevamente reivindicaba el papel protagonista
de una mujer. Hay que recordar que Ridley Scott ya fue pionero de
este aspecto otorgando a Sigourney Weaver uno de los personajes protagonistas femeninos
más importantes de la historia del cine.
Para
los de ésta pensó en Michelle Pfeiffer y Jodie Foster (que no
estaba dispuesta a ser víctima de otra violación en el cine).
Finalmente los papeles protagonistas cayeron en Susan Sarandon y
Geena Davis, quienes bordaron tanto sus papeles que fueron
nominadas ambas al Oscar como mejor actriz principal. Curiosamente fue
Jodie Foster quien se lo quitó enfrentándose a acierto psicópata
caníbal en “El silencio de los corderos”. El elenco lo
completaban tres habituales de Quentin Tarantino; Michael Madsen,
Harvey Keitel y un joven Brad Pitt.
La
película lanzó al estrellato a Geena Davis, que a la postre se
convirtió en una actriz de acción (de hecho, la veremos en otro
título de este ciclo). Aparte de las nominaciones a las actrices, la
película tuvo otras cuatro, al montaje, la fotografía, al propio
Ridley Scott y al guión original, el único que se llevó la
estatuilla, escrito precisamente por una mujer, Callie Khouri. La
película costó tan solo 16 millones de dólares y recaudó 45 en
taquilla lo que aunque no sea una gran cifra si fue lo
suficientemente rentable.
Personalmente me encanta esta película, una de mis favoritas de los noventa. Me emocionó especialmente su final (el cual estuvo a punto de tener un tratamiento distinto al que Ridley Scott se negó) y lo sigue haciendo. Actualmente es una película que se valora más de lo que se hizo en su momento. Un film cuya influencia eb otros posteriores es más que evidente.
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