La
primera temporada fue toda sorpresa tanto por la elevada calidad de
producción, teniendo en cuenta que estamos hablando de una serie,
como por el interés de la historia, que servía como expansión del
universo de Godzilla a dos niveles, como precuela y secuela a la vez,
en base a moverse narrativamente en torno a dos líneas temporales,
una del pasado y otra del presente. Esa estructura continua en la
segunda aunque la parte del pasado parece agotarse y no sé si
seguirá así para una tercera temporada, porque en esta la han
tenido que forzar ya un poco. Tercera que si habrá, ya está
confirmada. De hecho, al final de la segunda se presenta el titán
(muchos lo recordarán) a enfrentarse en la siguiente. Es decir, lo
mismo que pasó anteriormente. Porque esa parece que va a ser la
tónica, mientras siga interesando a la gente, enfrentarse a algún
titán distinto y que se cruce de vez en cuando con el lagarto . . .
o con el mono. Porque en la segunda temporada han añadido a Kong a
la ecuación. El problema es que parece que la serie tiene medios
pero no tantos como para tener demasiado a todos estos monstruos en
pantalla, lo que incomprensiblemente ha relegado al que debería ser
el protagonista, Godzilla, a un segundo plano, hasta el
punto que solo sale en un episodio. La mayor parte del presupuesto se
la ha llevado el titán “villano”, que hay que reconocer que
es
impresionante, y King Kong (me resisto a quitarle el King de
delante). Por lo demás, la serie sigue a un nivel tan alto como
tenía la primera temporada, funcionando tanto en el género de
ciencia ficción y fantástico como en el de el relato puramente de
aventuras. Y se confirma que todos los integrantes del reparto (los
Russell, Anna Sawai, Mari Yamamoto, Kersey Clemons, y demás, tienen una química
enorme. 7.
Por mucho que se empeñe, que lo hace, está muy por debajo del nivel del “Daredevil” de Netflix aunque es verdad que ha mejorado respecto a la primera temporada, lo cual tampoco es que fuera lo más difícil del mundo. La diferencia radica en el tono dramático y la tensión. Recuerdo ver las tres temporadas de Netflix tensionado y aquí simplemente me entretengo. Ojo, que no es poco, que la serie está bien, pero ya no es un solomillo, es una hamburguesa. Y el problema que lo lastra todo es un guion simplón, meramente funcional, un pretexto para poner una serie de escenas de acción en pantalla, que unas veces funcionan y muy bien, y otras no tanto. En ocasiones, son bastante espectaculares y están muy bien rodadas pero en muchos combates cuerpo a cuerpo pues si, ves muchos primeros planos de puñetazos y demás, pero de la pelea te enteras lo justo. Podrían aplicar la regla de alejarse un metro y mantener el plano más de un segundo. Que parece que las haya montado Michael Bay con sobredosis de cafeína. No obstante, hay que decir que a medida que van pasando los episodios va mejorando en intensidad y termina en todo lo alto, incorporando algunas sorpresas interesantes. Tiene algunos aciertos. Hacer un paralelismo entre Kingpin (porque no me da la gana llamarle Wilson Fisk) con una suerte de Trump, emparentando su tipo de gobierno y política y referiéndose claramente a la brigada antijusticieros con el ICE. Creo que esto está bastante claro. Además, gracias al todopoderoso, al señor Murdock no le da ya alergia su propio traje y podemos verle mucho vestido de Daredevil. Y el darle un poco más de juego a Bullseye y recuperar a la Jessica Jones de Kristen Ritter compensa en parte la ausencia de Punisher. En fin, que mejora, que entretiene, pero sigue faltándole. 6.


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