Se
la definió como la película de tiburones del verano, dejando
entrever que tenía un nivel superior a lo habitual en este
subgénero. Claro, es que eso tampoco es que fuera muy difícil
porque normalmente es muy bajo. Ahora bien, si es verdad que está
por encima pero yo tampoco la calificaría como una película de
tiburones sino una con tiburones, que no es lo mismo. Es decir, no la
veo como una monster movie sino una película en la que los escualos
son un ingrediente más. Lo cual no quita que no haya escenas
bastante potentes con estos pececillos. Pero aquí el monstruo es un
asesino en serie cuyo modus operandi consiste en dar de comer a estos
bichos con las víctimas que previamente ha secuestrado. De hecho, no
es muy disimulado el paralelismo que plantea entre hombre y bestias y
esa devoción que tiene el asesino por ellas. En este sentido,
probablemente sea el papel que más le haya gustado interpretar a Jay
Courtney, que se nota que se lo está pasando bomba. Aunque la
verdadera protagonista es una tal Hassie Harrison, que anteriormente
no tenía ni idea de quien era pero que tengo que reconocer que se
resuelve bastante bien en su personaje cuando la película se
convierte en un survival desenfrenado y establece un duelo entre el
asesino y su presa, mientras los tiburoncetes casi ejercen como jueces
de la contienda. Además, tiene una muy buena fotografía y la puesta
en escena es más que decente. Así que si, me ha entretenido
bastante. 6’5.
Tiene
notas muy bajas en páginas de cine, sin embargo, división en la
crítica y recomendada en redes sociales. A ver, la película es
mala, pero como el 90% de películas de tiburones, y los que aún así
nos las tragamos, nos puede parecer una de las buenas de entre las
malas. Vamos, que es mejor que la media habitual. La han denominado
la “Sharknado” seria. Lo primero es que tampoco es que sea tan
seria, solo que al lado de esa película cualquiera lo parecería. Yo
la veo una especie de “Infierno bajo el agua” pero con tiburones
en lugar de cocodrilos. Y como en aquella, me lo he pasado bastante
bien, siendo consciente de lo que es desde el principio. Y claro que
hay que hacer ejercicio de suspensión de la incredulidad. Porque yo
me puedo creer que un pueblo se inunde, pero que, de repente, eso
coincida con la mayor concentración de escualos de la historia, algo
que no llega a explicarse realmente en ningún momento, ya no tanto.
Da igual, hay un montón de ataques de tiburones, que se ven bastante
bien en pantalla y que se zampan una buena cantidad de brazos y
piernas. De hecho, están bastante bien rodadas esas escenas por
Tommy Wirkola (“Zombis nazis”, “Hansel y Gretel, cazadores de
brujas”), que me da la impresión que se lo ha pasado bien
haciéndolas. Por tanto, me ha parecido entretenida, los efectos
especiales son bastante aceptables y tampoco tiene otra pretensión
que la de hacer pasar un rato divertido, que lo consigue. Además, a
Wirkola, que también escribe el guion, le tenemos que agradecer una
de las mejores frases de la historia del cine: “Mami tiene que
pelearse con unos putos tiburones”. Pura poesía. Quiero secuela.
6.



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