El estreno de la secuela, veinte años después de su precedente, de “El diablo viste de Prada”, recuperando a prácticamente todo el reparto, con varios de sus integrantes claramente revalorizados, e incluso convertidos en estrellas en estas dos décadas, nos da la posibilidad de realizar un repaso de varios títulos que tienen el mundo de la moda como trasfondo. Y lo hacemos intentando tocar varias vertientes de cine dentro de este tema.
Como no, comenzando con la original de la que se estrena ahora, que muchos se equivocarían si la tomaron por una comedia ligera más. Es más, tuvo más controversia de lo que cabría esperar aunque esta fuera más bien previa a su llegada a las salas de cine. Sobre todo en cuanto a la negativa de varios diseñadores a aparecer en la película realizando un cameo por miedo a las represalias.
Porque aunque el argumento gire en torno a una revista de moda ficticia, Runway, no es muy difícil adivinar que está representando realmente a Vogue, y que el personaje de Miranda Priestly hace lo propio con su directora, Anna Wintour. Y tal era su poder en el sector de la moda y tan despiadado el retrato que se hace de ella en la película, que muchos no quisieron participar de ello por miedo a ella.
Porque está basada en la novela, bestseller en su momento, de Lauren Weisberger, quien precisamente trabajó para Wintour y Vogue durante once meses y es más que probable que la historia adapte vivencias propias de la periodista, y que incluso el personaje de Andy Sachs se refiera a ella misma cuando ejerció de asistente suya. De hecho, el despotismo de Miranda en la película es calcado al de Anna Wintour en la vida real.
Weisberger tomó su experiencia como excusa para llevar a cabo una sátira del mundo de la moda, inspirándose también en la película “Prêt-à-porter” de Robert Altman. Además, se muestra la jerarquía de ciertas empresas y de sus mandatarios como un reflejo de las luchas de poder, a la vez de los abusos de esos directivos y jefes sobre sus subordinados.
Por muy exagerado que pueda parecer el retrato que se hace de Anne Wintour, por lo visto en el documental “The September issue”, no lo es en absoluto, y resulta que ese despotismo que se exhibe en la película es totalmente fidedigno. Sin embargo, contrariamente a lo que se podría esperar, Wintour declaró que le había gustado la película y elogió la interpretación de Meryl Streep.
Que fue nominada al Oscar, aunque incomprensiblemente en la categoría de actriz principal cuando la protagonista era una Anne Hathaway no muy conocida por entonces, que solo había desempeñado ese rol en “Princesa por sorpresa” y solo había aparecido en una película de relevancia, “Brokeback Mountain”, en un papel secundario. Por tanto, fue “El diablo viste de Prada” la que la lanzó realmente como actriz. Seis años después lograría su propia estatuilla por “Los miserables”.
Tampoco era muy conocida su compañera de reparto, Emily Blunt, hoy una actriz muy reconocida por interpretaciones como la de “Sicario” o “Un lugar tranquilo”, entre otras. Sí lo era como secundario de lujo Stanley Tucci. Acompañados por figuras de la moda que no tuvieron problemas en realizar sus respectivos cameos, como Heidi Klum, Gisele Bündchen o el diseñador Valentino Garavani.
Como tampoco pusieron objeción a estar presentes en pantalla marcas tan reconocidas como Chanel, Pellegrino, Starbucks, Calvin Klein, Armani o Hermès. Y no les salió mal la jugada pues la película, incluso teniendo división de opiniones en cuanto a las críticas, fue un rotundo éxito de taquilla. Costó 35 millones de dólares y recaudó 326.
Que, sin embargo, contaba con un director poco fraguado en cines y que había cimentado su carrera en la televisión, eso si, en series de la calidad de "Hermanos de sangre", "De la tierra a la luna" o "Sexo en Nueva York". Se trata de David Frenkel, que también ha vuelto para ocuparse de "El diablo viste de Prada 2".

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