Más
que un biopic sobre la vida de Mark Kerr, un mítico luchador de la
UFC cuando esta estaba iniciándose y apenas tenía reglas, porque
solo muestra un tramo, un intervalo de años de su carrera,
concentrándose en el descenso a su infierno personal donde una
derrota (interesante la lectura que hace de como afecta a alguien que
solo conocía las victorias) hace que su vida de un vuelco, cayendo
en el abuso de los medicamentos, lo
que se unió a la difícil relación con su pareja. Para contárnoslo,
Bennie Sadfie utiliza un estilo de filmación casi como un
documental, lo que le da bastante realismo pero creo que comete un
error, hace que ese formato este omnipresente, que sea como si los
personajes siempre tuvieran un cámara delante. Me da la sensación
de que estoy viendo más un reality show y eso es perjudicial para
las escenas íntimas, me refiero, a que hasta cuando discuten en casa
o el protagonista muestra sus sentimientos, sus miedos y demás,
sigue pareciendo un reality, y eso ha terminado por sacarme de la
historia, es decir, lo contrario de lo que pretende. Además, que me
parece que perjudica especialmente a Emily Blunt, lo que hace que la
desaprovechen. Pero beneficia a Dwayne Johnson, que claramente
realiza la mejor interpretación de su carrera. Es verdad que tampoco
era difícil superar a lo anterior pero no le quita el mérito de
ofrecer un esfuerzo dramático elogiable, aunque tampoco es que lo
vea para que lo hubieran nominado al Oscar. Pero
si es interesante como muestra a un personaje que continuamente está
conteniendo su furia e intentando ser amable. La película es buena
pero menos de lo que podría haber sido. 6’5.
Partinmos de que todos lo biopics de cantantes “blanquean” la imagen del
personaje en cuestión, que tienden a ser más un homenaje que una
representación fiel
de
la realidad. Y todos lo hacen, salvo algunas excepciones como “The
Doors” o “The Dirt”.
“Bohemian Rhapsody”, que a mí me gustó, lo hacía, pero al
menos tocaba, en mayor o menos medida, ciertos temas polémicos, no
hacía como si no existieran, no tomaban al espectador por tonto,
como si no hubiera estado en este planeta mientras eran de todos
conocidas ciertas situaciones en torno a una figura pública. Es lo
que hacen aquí. Que si Janet Jackson no quiere aparecer en la
película, hacemos como que nunca nació. Que Michael Jackson era
adicto a la cirugía plástica, pues en una escena le sacamos
diciendo que se va a operar y en otra le ponemos una tirita en la
nariz. Eso si, metemos catorce
escenas en las que visita un hospital o en las que se compra una
mascota y demuestra su amor por los animales. Es decir, el objetivo
es mostrar a Michael Jackson como un ángel en la tierra, casi
beatificado. Si vas a hacer esto, di que es una película inspirada
en la figura idealizada de Michael Jackson, no en su vida. Porque
como película, o sea, cinematográficamente, funciona bien. Es
bastante entretenida (si lo tomas como ficción), se me ha pasado
bastante rápido y eso que supera las dos horas. La recreación de
las actuaciones es claramente lo mejor, están
clavadas, gracias, en gran parte, a que el actor, Jaafar Jackson,
emula de maravilla el lenguaje físico y gestual del que fuera su
tío. Aunque funciona mucho mejor sobre el escenario que fuera de
él, donde mantiene exactamente la misma expresión siempre. Habrá
que ver si en la segunda parte se atreven a más, pero teniendo en
cuenta que a esta le quitaron cuarenta minutos, que está de
productor John Branca (su protector) y los hermanos metiendo mano, va
a ser otra tomadura de pelo. Para fans del cantante, pero para fans
incondicionales. 6.
Otro
biopic que en realidad no lo es porque es una interpretación más
que libre de la historia de un jugador de ping pong que si existió,
que fue bastante controvertido y polémico pero que nadie sabe
demasiado de su vida fuera de los torneos que jugaba y algunos
escándalos que aireó la prensa. Aunque se base en un
libro sobre las memorias de Marty Reisman, su director, el otro de
los hermanos Sadfie, Joshua, ha reconocido que tres cuartas partes de
la película son inventadas. Por eso no entiendo porque se le ha ido de
metraje tanto, añadiendo escenas que me cuestan mucho creer y que no
me aportan más que mostrar la personalidad de un tipo que tampoco es
que me resulte demasiado interesante. Se me ha hecho larga porque
todo lo que no tuviera que ver con la parte deportiva directamente me
daba igual. Si tenía un romance con una actriz madurita, me daba
igual, y si le perseguían porque debía dinero, me daba igual. Que
encima son las partes inventadas. Nunca creí que diría una frase
así pero, ojalá hubieran hablado más de ping pong. Me refiero a el
tema de su peculiar estilo de juego, su rivalidad con el mejor
jugador de Japón, eso si me parecía interesante. Porque cuando
digo que se va de metraje es que le sobran veinte o treinta minutos
pero muy a gusto.
Eso
si, Timothy Chalamet está magnífico. Me gusta mucho Michael B.
Jordan y creo que hace una buena interpretación en “Los pecadores”
pero, sinceramente, creo que le han robado el Oscar a Chalamet porque
si la película tiene algún interés es por su interpretación,
metiéndose además en un personaje que no cae precisamente
simpático. Creo que si no fuera tan bocazas en sus entrevistas, le
iría mejor, porque es descarado que está buscando la estatuilla
dorada. 6.




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