sábado, 4 de julio de 2026

Microcríticas Express: La maldición de Shelby Oaks/Los condenados/Undertone

 



   Contar con Mike Flanagan, uno de los mayores representantes del terror actualmente, como productor no es poca cosa. Aunque tiene más de su apadrinamiento en sus dos primeros tercios que en el tercero, donde para mí, se va un poco abajo, donde se vuelve más convencional y previsible. Porque comienza en lo que parece un formato de falso documental de libro, que funciona bastante bien, crea bastante intriga y capta el interés. Es como un true crime pero con tintes de terror. Está bien porque en el found footage o mockumentary siempre le veo la misma falla, que no me creo que sigan grabando en determinados momentos. Y eso lo sortea bastante bien la película. Luego abandona esa idea para pasar a desarrollar la parte de investigación, que es lo que más me ha gustado porque me ha tenido realmente dentro de la historia y la actriz, Camille Sullivan, me ha parecido muy convincente. Lo que pasa que creo que el guion es más efectivo mientras se mantiene en el terreno del thriller psicológico, de pura intriga por saber que hay detrás de la desaparición de un personaje, que es el motor de toda la trama, que cuando ya descubre sus cartas y se decanta por el terror más puramente sobrenatural. Es como que se prepara muy bien la mesa, la comida que traen tiene buena pinta y efectivamente al probarla está buena pero termina dejándote un regusto a más de lo mismo. Como si no se hubieran atrevido a rematar la faena. Aún así, es una película que entretiene, con un metraje muy medido, de una hora y media, y que se puede ver pero sin muchas expectativas. 6 


   Todo se desarrolla en torno a un puesto pesquero en Islandia donde están sufriendo un duro invierno y tienen los recursos justos para poder sobrevivir. A cuyas costas llega un barco que termina hundiéndose delante de sus pocos habitantes. Aquí es donde hace cierto guiño a “La niebla” de John Carpenter, porque su negativa a auxiliarles hace que algunos piensen que quizá caiga sobre ellos una maldición. Y sobre esto es sobre lo que gira la trama, a si todo lo que comienza a pasarles a partir de ese momento es producto de ello o solo una serie de casualidades o si tal vez el aislamiento y la climatología adversa está haciendo mella en sus cabezas. Por tanto, está entre el thriller psicológico y el folk horror. Pero tiene tan poco presupuesto que han tenido que sacar el barco desde muy lejos para que no se note que es una maqueta. No obstante, su falta de recursos la compensa con una muy acertada puesta en escena, que hace del escenario natural nevado su mejor baza, porque se palpa esa sensación de abandono. La ambientación y la fotografía son sus efectos más potentes. Junto al trabajo de su reparto, donde destaca por encima de todos Odessa Young, quien sostiene la película sobre sus hombros, pero con nombres como Joe Cole (“Gangs of London”) o Rory McCann (el Perro de “Juego de Tronos”). Tiene un ritmo a fuego lento pero tampoco se hace larga porque tiene un metraje muy justo, que no supera la hora y media. Y tiene un giro tremendo en la parte final que te hace plantearte que es lo que ha estado pasando todo el tiempo. Siendo una película sumamente modesta, he terminado con una buena impresión de ella, especialmente gracias al su tercer acto. 6’5.


   En el género de terror el sonido es importantísimo para crear sensaciones y aquí hacen de ello su mejor baza, hasta el punto que es prácticamente la única. Han puesto todos los huevos en la misma cesta. Por suerte, les sale bien. Ahora, no tanto como para decir que si es la película de terror del año, porque tendría por delante unas cuantas. Pero si es otro ejemplo de mínima inversión, máximo rendimiento porque ha sido tremendamente rentable. Prácticamente usa un solo escenario, el del interior de una casa y dos actrices, de las cuales una permanece inmóvil casi todo el tiempo. El resto son voces de audios que la protagonista escucha en lo que parece su trabajo, una especie de podcast de terror basado en las llamadas de la gente. Y ahí está el quid de la cuestión, que esas llamadas van conformando una historia que se va haciendo cada vez más inquietante y más afín a la propia del personaje principal, es decir, progresivamente van teniendo más que ver con ella, y hasta ahí puedo leer. Pero lo cierto es que si que se va haciendo más perturbadora a medida que avanza. Sobre todo porque obliga a espectador a concentrarse en lo que está escuchando y, de alguna manera, ponerse en el lugar de la actriz. Es muy recomendable verla con una buena calidad de sonido e incluso con cascos, porque hay más información en los audios de lo que parece. Diría que pertenece a ese terror sobrenatural que se puso de moda en Japón hace años, donde el peligro llegaba a través de la tecnología, como “The ring” o “Llamada perdida”. El final es lo que podría crear más controversia, pero es que es interpretable. Yo tengo clara la mía. 6.

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