Soy
un fan declarado del slasher y no me he podido resistir a la
curiosidad de estas dos películas, aunque en principio no es la
clase de propuesta que me llame la atención. Porque el fenómeno
“Terrifier” es incuestionable, provocado particularmente
por el boca a boca, lo que tampoco entiendo porque películas de
éstas siempre ha habido y no le veo nada especial a esta saga. Si
reconozco que la estética del payaso funciona y que da bastante mal
rollo, que dentro de sus muy limitados medios hacen un muy
buen
trabajo con el maquillaje. Por eso, incluso con esa realización
cutre y prácticamente nulo talento del reparto (que parecen
amateur), resulta medianamente entretenida su primera parte, gracias
a un ajustado metraje de solo ochenta minutos, que le permite
mantener un buen ritmo. 5.
El
problema viene en la segunda, donde su director, Damien Leone, ha
pensado que había que ofrecer más e ir un paso más allá aún. Y
creo que se le va la pinza. Pero no a través de la puesta en escena
o del presupuesto algo mayor que en la película predecesora, sino de
ser más y más explícito, creando una sucesión de larguísimas
secuencias de torture porn totalmente gratuito, que llega un momento
que tanta mutilación, sangre y gore en general es redundante. Es
tan explícito, tan exagerado, que ya me hacía
más reír que aterrorizarme.
Muchas veces, menos es más, y dejar algo a la imaginación es más
efectivo. Además, dura
prácticamente el doble que la otra. ¿Un slasher de 140 minutos? ¿En
serio? Se
me ha hecho insoportable, y no precisamente por las escenas fuertes
sino porque me estaba aburriendo de tanto sin sentido, que
es lo que me pasaba con la saga “Saw”.
Supongo que la moda seguirá, dado el éxito que está teniendo,
porque seguro que vendrán unas cuantas secuelas, pero yo ya he
tenido bastante. 4.
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