jueves, 6 de diciembre de 2018

Pleasantville



   FICHA TÉCNICA

Película: Pleasantville.
Dirección: Gary Ross.
País: Estados Unidos
Año: 1998.
Duración: 121 min.
Género: Comedia, drama, fantástico.
Interpretación: Tobey Maguire, Jeff Daniels, Reese Witherspoon, Joan Allen, William H. Macy, J.T. Walsh, Paul Walker, Don Knotts, Marley Shelton, Natalie Ramsey, Jane Kaczmarek, Marc Blucas.
Guión: Gary Ross.
Producción: Bob Degus, Jon Kilik, Gary Ross, Steven Soderbergh.
Música: Randy Newman.
Fotografía: John Lindley.
Distribuidora: New Line Cinema.

   CRÍTICA

   SINOPSIS: Dos hermanos se ven teletransportados por medio de un mando a distancia mágico, al interior de una serie de televisión de los años cincuenta. Su manera de pensar mucho más moderna causa toda una revolución en el pueblo donde se desarrolla la serie.
   LO MEJOR: A priori parece una película ligerita puramente destinada al entretenimiento en vista de ese envoltorio propio de un cuento de hadas y muy adornado con sentido del humor que funciona bastante bien. Pero ese tono de comedia va poco a poco mutando al drama y a meterse más en harina de lo que realmente quiere contar. Entonces se convierte en una historia distópica, pero del pasado, pues está ambientada en los años cincuenta, por cierto, con una excelente recreación en la categoría de dirección artística, diseño de producción, vestuario, peluquería, pero sobre todo, fotografía, pues es de vital importancia el uso que hace de los colores y el juego simbólico que se trae entre el blanco y negro y el color (éste muestra a quien sufre un cambio interior, un despertar). Porque de lo que realmente habla es de la hipocresía y falsedad de una sociedad que se deja guiar como un rebaño de ovejas al que han convencido de que su modo de vida, por muy monótono y repetitivo que sea, es satisfactorio. Es por ello que rompe una lanza en favor de la libertad de pensamiento, el inconformismo, el ir contra lo preestablecido. Y como consecuencia de ésto, surge la intolerancia, el rechazo, que lleva al sectarismo, con claras alusiones al racismo (personas en color), a la censura y a la violencia fanática.
   Interpretación:  El reparto está genial, desde los protagonistas hasta cualquiera de los secundarios. Tobey Maguire probablemente está en uno de sus papeles más inspirados, previo a su encarnación como Spiderman. Pero es que Reese Witherspoon está especialmente sobrada. Ahora que la mejor de la película, aunque como secundaria, es Joan Allen. Y tampoco nada mal, Jeff Daniels. También participan William H. Macy, Marley Shelton y Paul Walker, antes de saltar a la fama con la saga “A todo gas”.
   Escena (spoiler): Bueno, claro está, cuando se introducen en el televisor, por ende, en la serie “Pleasentville”. Algunas de las situaciones más graciosas son las lecciones de masturbación de Joan Allen o la cita de Reese Witherspoon y Paul Walker en el lago del amor. Ya más en serio y más simbólico, el relato de Tobey Maguire que va rellenando los libros o la llegada de la lluvia que va pasándolos a color. La escena en la que Maguire maquilla a Allen de gris para que nadie vea que está a color es sumamente icónica. Después los libros (referencia clara a “Fahrenheit 451”). Y la parte final con el juicio en la Cámara de Comercio.
   LO PEOR: Es cierto que al final no puede evitar rendirse al “happy end”. Llega incluso a ser un tanto contradictorio. La armonía total es imposible precisamente porque la diferencia de pensamiento, la libertad, provoca enfrentamientos inevitables y el mundo idílico de la conclusión es una utopía.
   CITAS: “No había esposa, ni luces..... ni cena, busqué y rebusqué pero se había ido”. “Es muy raro. Este sitio me asusta. Los libros están en blanco. Fui a la Biblioteca. No hay nada dentro de las tapas”. “Un diluvio no ocurre sin más”. “La vida no debería ser así. - No debería ser de ninguna forma”. “- Sí, la gente cambia. - ¿Y no puede "descambiar"?”.
   REFERENCIAS: Muchas, lo de entrar en la tele o salirse de ella también puede verse en películas como “La rosa púrpura de El Cairo”, “Permanezca en sintonía” o “El último gran héroe”. Pero para mí, guarda más relación con “Las mujeres perfectas”, “Regreso al futuro” y “El show de Truman”, todo envuelto en la estética de Tim Burton para “Big fish”.
   CONCLUSIÓN: 7’5. Original fábula distópica que reflexiona sobre el inmovilismo social y rompe una lanza a favor de la libertad.



martes, 4 de diciembre de 2018

Escenas Míticas: Especial Slasher - Pesadilla en Elm Street





   Sin duda, descendiente de la moda slasher creada por John Carpenter en “La noche de Halloween”, Wes Craven, ya seis años después del estreno de aquella, introdujo varias variantes tanto en el perfil de su asesino como en el tono de la película, metiendo el componente fantástico y paranormal, como renovación de una fórmula que empezaba a dar síntomas de degaste. Algo similar ocurrió con los slashers de los noventa como “Scream” (también de Craven) y “Sé lo que hiciste el último verano”.




   Y es que nadie puede negarle a Freddy Krueger ser un icono del cine de terror de los ochenta que incluso para muchos está por encima de sus otros “compañeros” slashers. Pero Freddy ya presentaba importantes diferencias. De primeras, solo existe en el mundo de los sueños. No es verdaderamente real, aunque si podía matarte. Pero había más distintivos respecto a Leatherface, Michael Myers o Jason Voorhees. Por ejemplo, no lleva máscara, aunque si tiene la cara desfigurada, quemaduras para más señas. Su arma es un guante cuyos dedos son enormes cuchillos. Un manostijeras asesino. Y la más importante, es inteligente y puede hablar. De hecho, lo hace bastante.



   Uno de los ganchos que siempre me ha parecido más astuto de esta película es trasladar el riesgo a cualquier lugar. Cualquiera que se durmiera podría sufrir las cuchillas de Freddy. Para evitar ser víctima de Leatherface, Myers o Jason tan solo había que evitar por ir cierta ruta de Texas, Haddonfield o Crystal Lake. Pero Freddy podía atacarte en tu casa, en tu cama, o donde fuera que te pudieras quedar dormido. Hacía referencia a algo tan antiguo como los terrores nocturnos.



   Pero como tantos, tuvo su inspiración en una historia real. Resulta que en los años setenta, un grupo de refugiados camboyanos que huyeron del genocidio que estaba ocurriendo en su país, a Estados Unidos, comenzaron a tener unas aterradoras pesadillas que provocaron que muchos de ellos se negaran a dormir. Poco después varios de los que dormían murieron durante el sueño, no pudiendo nunca llegar a explicarse la razón. Se determinó como una especie de “muerte súbita” a la que llamaron “síndrome de muerte asiática”.



   Había más diferencias con las sagas de “La matanza de Texas”, “Halloween” o “Viernes 13”, que tenían en común que sus creadores; Hooper, Carpenter y Cunningham estaban en la primera etapa de sus carreras. Sin embargo, Wes Craven llevaba más de doce años desde su primera película hasta esta “Pesadilla en Elm Street”. Ya había dirigido “La última casa a la izquierda” y “Las colinas tienen ojos” varios años antes, y llevaba varias películas sin demasiado éxito.



   Curiosamente, fue el propio Craven quien volvió a renovar el genero slasher en los noventa y precisamente homenajeado a los clásicos setenteros y ochenteros, pero creando un nuevo icono de asesino serial con máscara como fue Ghostface. De hecho, la última película del director norteamericano, que nos dejó en 2015, fue “Scream 4”.



   En el reparto estaba la scream-queen teen del momento, Heather Langenkamp (todas las recordamos en esa escena en la bañera con las cuchillas de Freddy avanzando entre sus piernas). En el casting, que fue multitudinario, se llegaron a probar a unas doscientas actrices, entre las cuales estaba Jennifer Grey ("Dirty Dancing") y Demi Moore. Completaban el reparto, John Saxon y, como no, Robert Englund, que a diferencia de los otros asesinos slashers, interpretados por múltiples actores, solo interpretó él. Salvo en el remake, que correspondió a Jackie Earle Haley.


 
   Algunas curiosidades, inicialmente Freddy Krueger iba a ser un pederasta al que los vecinos de la calle Elm le daban su merecido para proteger a sus hijos. Algo que plantea el remake. Pero Wes Craven decidió finalmente que fuera un asesino de niños y no que tuviera que ver con nada sexual. El nombre venía de un tal Fred Krueger, un abusón que la tenía tomada por Craven en su infancia. Ésta fue su venganza personal. La escena de la sangre saliendo de la cama, se rodó al revés. Es decir, en realidad la sangre sale del techo, de ahí la enorme fuerza con la que sale.



   Por cierto, que la calle Elm está en Postdam, Nueva York, pero existe otra calle Elm, en los aledaños de la Plaza Dealy, en Dallas, ya sabéis, donde mataron a John F. Kennedy. Hasta el momento se han hecho ocho películas en relación al personaje de Freddy Krueger, incluyendo un remake y un crossover donde se enfrentaba a Jason. Tuvo bastantes buenas críticas y fue bastante rentable. Costó menos de dos millones de dólares y logró en taquilla 26. De hecho, en general los slashers son buenos negocios.