Tras
finalizar su particular Trilogía de la Venganza con “Sympathy for
Lady Vengeance”, Park Chan-wook estaba muy reconocido pero también
encasillado en el mismo tipo de películas. Por lo cual, cambió
radicalmente de registro con su siguiente título, “Soy un cyborg”,
que no solo no tiene nada que ver con nada que hubiera hecho antes, e incluso después, sino que parece que el cineasta coreano estuviera
experimentando con lo que se podría considerar una comedia
surrealista fantástica. Hay quien dice que no parece ni suya, pero
quien haya seguido su cine, por muy distinta en cuanto a tono y
temática con el resto de su filmografía, se da cuenta que la forma
de mover la cámara es muy suya. Es una de las que me faltaban de su filmografía y tenía
curiosidad. Confieso que me ha costado un buen rato entender hacia
donde iba esto. Es conveniente avisar que no es para todo el mundo ni
mucho menos y que si no entras en su juego, no vas a terminarla. Es
la historia de una chica que dice ser un cyborg y que por esa razón
ha dejado de comer pensando que solo puede alimentarse de la carga de
baterías. Evidentemente, reside en un psiquiátrico junto a otros no
menos pintorescos pacientes (es de traca lo que le pasa a cada uno),
en lo que podría ser el “Alguien voló sobre el nido del cuco”
coreano si no fuera porque el mensaje es uno muy distinto. Aunque el
tono sea de comedia, y es verdad que tiene momentos de lo más
divertidos, en realidad es un drama, porque está chica va a morirse
si no empieza a comer. Por eso, aunque parezca una película menor de
Park Chan-wook, y probablemente lo sea, no es lo ligera que aparenta
y te habla de que para salvar a alguien no hay que sacarle de su mundo
sino meterte en el suyo para comprenderla. Cuando he conseguido
entrar me ha resultado muy original y, en ocasiones, hasta poética.
6’5.
Básicamente
es como si nos estuvieran contando una fábula, que por lo que he
podido investigar, no está basado en el folclore japonés ni en
ningún cuento popular de ese país. Pero perfectamente podría porque tiene esa ambientación. Situada en 1958 pero que a su vez se
retrotrae a la era medieval en Japón, donde se encuadra la mayor parte
de la historia, para contarnos el origen de la leyenda de una
doncella cuya tristeza provoca desastres naturales cada cierto
tiempo, según las creencias del lugar. No es para impacientes que
necesiten mil planos por minuto. Es lenta, esa es la verdad, pausada
y hasta contemplativa, dejándote sentir la presencia del bosque.
Donde prácticamente no ves más edificaciones que unas humildes
casas. Y apenas hay música, sí, no hay más banda sonora que la del
sonido de la propia naturaleza. El agua del río o las cascadas, el
viento, los árboles. Es muy sensorial en ese sentido. Porque además,
visualmente es una película preciosa, que aprovecha el paisaje
natural para mostrar una belleza casi extasiante. Yo no me he
aburrido porque he disfrutado de esas imágenes omnipresentes y de
las sensaciones que consigue evocar la película. Cuya historia es
realmente sencilla pero incluso tiene su punto de ciencia ficción,
por muy raro que pueda sonar. Aunque más desde el género
fantástico. Pero si, tiene un tramo en el que juegan con el tiempo,
con como lo perciben unos y otros, sin dar más detalles de en qué consiste. Aunque en su conjunto, viene a ser una alegoría sobre la
intervención del hombre en la naturaleza. En su modestia, me parece
realizada con gran mimo y sensibilidad, me he dejado seducir por ella
y ha terminado por gustarme bastante. Incluso la considero una
pequeña joyita de esas que no verá casi nadie. 6’5.
Hubo
un tiempo en el que nos llegaban muchas películas de Japón, de
hecho, era el país asiático del que más cine llegaba a occidente,
especialmente a través del género de terror, que se puso de moda
con títulos como “Ringu” (The ring) o “Ju-on” (La
maldición). Pero luego le pasó por la derecha el cine coreano. Pero
ahora parece que vuelve a coger fuerza el japonés. Aunque no tanto
con el terror esta vez. Por eso destaco este título, que vendría a
ser como la Annabelle nipona. Claro, a su manera, enganchando con el
folk horror de ese país como origen de una muñeca que da un mal
rollo que no veas, a pesar de que siempre la vemos como muñeca. Me
explico, no es Chucky y tampoco Annabelle, en el sentido de que no la
vemos moverse apenas. Y es un gran acierto, porque a parte de
ahorrarte los efectos especiales de moverla, siempre estas pensando
que lo va a hacer. Podríais decir, pues ya nos estás diciendo que
no, muchas gracias. Es que he dicho que apenas, no es lo mismo. De
todos modos, no está el suspense en esas escenas sino en todas las
veces, y no son pocas, que juegan a confundirnos con la figura de la
muñeca y de la niña, la hija de la protagonista. Y en ese sentido,
hay varias secuencias impactantes, incluso angustiantes. Aunque
tampoco llegue a inventar nada en cuanto a puesta en escena. Lo que
pasa es que el guion tiene algunas cosas que no cuadran. Por ejemplo,
no entiendo como dejan tantas veces a niños pequeños solos en
casas, coches, . . . Espero que no sea verdad porque si es así, poco
les pasa. No es nada del otro mundo ni tampoco me recuerda a las
mejores películas de terror que se pusieron de moda antaño, pero
entretiene y alegra que salgan películas japonesas de este género.
6.




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