Siempre
que se hace un remake de una película icónica se sabe que ya de
entrada parte con mucha desventaja en cuanto a una comparación que
va a ser inevitable. Porque el elemento nostalgia cuenta y mucho, y
tenemos un recuerdo más positivo todavía de lo que en realidad era
la película. Pero también hay que saber ser objetivo. Porque si a
esta película se la juzgara de forma independiente seguramente las
críticas tan negativas que ha recibido, más del público que de la
prensa, no serían tales. Más que emular
a la original lo
que han tratado es de llevarla a nuestro tiempo. Si, el esqueleto
argumental es básicamente el mismo pero tiene varias diferencias
bastante sustanciales. Sobre todo, en cuanto a un par de giros pero
más especialmente en cuanto al paralelismo entre la villana y la
víctima. En cuanto a que hay un equilibrio de la culpabilidad que no
existía en la original y que coloca a las dos protagonistas casi a
la misma altura, lo cual es un enfoque interesante porque la imagen
que tenemos de ambas dista de la película de los noventa. Lo cual
cuadra con que también exista un equilibrio entra las dos actrices.
En su precedente, Rebecca de Mornay se fagocitaba
al resto del reparto, tanto en la ficción de la historia como en la
interpretación. Nunca estuvo tan bien antes y nunca estuvo mejor
después, es la interpretación de su vida. Y eso se hacía patente
en comparación con Annabella Sciorra, a la cual se comía con patatas.
Era De Mornay la que hacía que esa película no fuera una thriller
más. Sin embargo, en el remake, Maika Monroe hace un buen trabajo
pero no es tan hipnótica, y Mary Elizabeth Winstead es capaz de
hacerle más frente que Sciorra a De Mornay. Incluso la resolución
final es más ambigua en cuanto a ambas. Por cierto, sorprende que las escenas de
violencia sean tan explícitas en esta versión. 6’5.
La
premisa no puede ser más sencilla. Un grupo de chavales jóvenes se
alista en una prueba que consiste en andar por una carretera hasta
ser el último en quedar en pie, sin poder parar en ningún momento
ni reducir la velocidad. Una nueva distopía de supervivencia para un
director especializado en ellas, Francis Lawrence, que ya se hizo
cargo de varias entregas de “Los Juegos del Hambre” o “Soy
leyenda”. Y
la verdad es que sabe manejar muy bien la tensión de que cuando un
personaje se pare, inmediatamente después se lo van a cargar.
Además, sin escatimar en lo más mínimo en lo explícito de la
violencia, incluso a veces, de forma gratuita. Pero bueno, así se
deja bien claro que el final para casi todos ellos va a ser
devastador y sin ninguna clase de piedad. Se basa en una novela de
Stephen King. Desconozco si es una adaptación fiel porque no la he leído,
pero conociendo ese escritor y muchas otras adaptaciones de sus
obras, me cuadra el verdadero tema de esta historia. Porque aunque
sea considerado el rey del terror, hay un tema predominante en sus
libros y es la amistad, incluso es sus propuestas más terroríficas,
como “It”. Esas conversaciones que tienen entre los personajes,
donde crean vínculos a pesar de que son rivales entre si, es lo
realmente interesante. Gracias a un acertado casting de actores
jóvenes, encabezado por Cooper Hoffman (“Licorise Pizza”) y
David Jonsson (“Alien Romulus”), con
veteranos como Judy Greer y un pasadísimo Mark Hamill. Visualmente
era imposible resultar un tanto repetitiva porque es siempre lo
mismo, lo cual intentan solucionar con algunos flashbacks, pero no
abusan de este recurso y son bastante cortos. Mejor, porque Stephen
King se excede bastante con esto es sus novelas. 6’5.
Lo
han conseguido. Era difícil pero se han superado. Es incluso peor
que la primera. Y eso que es verdad que es más entretenida, hay más
muñecos con efectos animatrónicos (que se sigue agradeciendo mucho,
por aquí ningún problema) y además son más terroríficos. De
hecho, es que es lo único que se puede salvar de la película.
Porque el guion es un sin sinsentido constante, como si lo hubieran
hecho sobre la marcha, dependiendo del estado de ánimo con que se
levantaran los guionistas. Giros sacados de la manga y metidos con
calzador en la trama. Los muñecos a veces responden a las leyes de
la mecánica y otras a lo sobrenatural. Todo porque si, porque
alguien lo ha escrito en un papel que ha llamado guion. Con
incongruencias como mostrar una tecnología que ni de puñetera coña
existía en el tiempo que sitúan la creación de los muñecos. Que
uno de ellos sea capaz de “poseer” humanos. O que nos hagan
referencia a un episodio que se supone que vivió uno de los
protagonistas en la película anterior pero que no nos enseñaron. Es
un completo desastre. No obstante, cuando no se tiene un guion, lo
que se hace es ofrecer un digno espectáculo en compensación. Pues
tengo que decir que aquí muere muy poca gente. Ya no es que no tenga
gore, es que apenas hay sangre. En cuanto el reparto hay cosas
curiosas. Mckenna Grace se está acostumbrando a salir en películas
de terror pero solo un ratito y siempre con el mismo destino. Dicen
que ha fichado por “Destino final 7” (pues ya está). Por cierto,
coinciden Skeet Ulrich y Matthew Lillard, los de “Scream”, aunque
son meros cameos. En fin, encima lo dejan todo para un tercera parte.
Pero si queréis divertiros de verdad con una propuesta similar,
poneos mejor “Willy´s Wonderland”. 4.




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