No
podía faltar una secta satánica y quien mejor que aquel que tiene
entre sus obras más destacadas una de las películas más icónicas
dedicadas a la figura del diablo, “La semilla del diablo”, que
incluso pudo costarle el asesinato de su esposa en aquel tiempo,
Sharon Tate. Curiosamente “La novena puerta” se considera una
obra menor en la filmografía de Roman Polanski aunque, con el
tiempo, ha ido adquiriendo el rango de título de culto.
Porque
en su momento dividió a la crítica, proliferando casi más las
negativas, aunque recibiera el Premio de mejor Película Europea y
económicamente salvara los muebles. Costó 38 millones de dólares
y recaudó 58 en taquilla. Y si he decidido incluirla en este ciclo
es porque me parece una película claramente reivindicable.
Claro
que es que estamos hablando de uno de los mejores cineastas que ha
dado el cine, y de los más personales, con películas tan destacadas
como “Repulsión”, “El baile de los vampiros”, la mencionada
“La semilla del diablo”, “Chinatown”, “El quimérico
inquilino” o “Frenético”, entre otras. Es casi lógico no
colocar “La novena puerta” entre ellas aunque personalmente la valore más positivamente que en su tiempo.
Una
película que tiene toque español ya desde su gestación pues se
basa en una novela de Arturo Pérez Reverte, “El Club Dumas”,
aunque lo hace de forma muy libre, tomando solo algunas partes del
libro pues a Polanski sólo le interesaba lo relativo a la trama
satánica. De hecho, el título de la novela hace referencia a
Alejandro Dumas, y por tanto, sus obras son importantes en la
historia, más que las que escogió Polanski.
Aun
así, Pérez Reverte quedó satisfecho con la adaptación, a la que
calificó de muy entretenida, aunque fuera diferente a su libro,
porque si es verdad que se toma muchas libertades pero también
conserva el espíritu originario y su esencia. Además, también uno
de los guionistas es español, Enrique Urbizu, director de películas
de cine negro y policíaco como “Todo por la pasta”, “La caja
507” o “No habrá paz para los malvados”.
La
historia se inspira en la teoría de los libros con secretos de
poder. Para ello se hacen referencias bibliográficas reales, como el
“Quijote” de la edición de 1780 y diferentes guiños a Alejandro
Dumas, William Shakespeare o Edgar Allan Poe. Y a obras verdaderas
sobre demonología y ocultismo.
Algunos
grabados están inspirados en obras reales de Athanasius Kircher, en
el siglo XVII. Y a lo largo de la narración podemos ver símbolos
alquímicos por todas partes, como soles, lunas, triángulos
invertidos, posturas rituales. La mayoría provenientes de la
tradición de magia ceremonial y de la Cábala. Pero los libros que
vemos en la película fueron creados específicamente para ella. De
hecho, sus grabados van cambiando con la historia para adecuarse a la
trama.
Para
el papel protagonista, Polanski, al leer “El Club Dumas”, tuvo
claro que Johnny Depp debía encarnar el personaje principal pero
albergó dudas iniciales porque el actor era netamente más joven que el Corso de la novela. Aun así, la insistencia del actor acabó
rápidamente con las reservas del cineasta.
A
Depp le acompañaron Lena Olin, Frank Langella, James Russo y
Emmanuelle Seigneir. Esta última es la esposa de Polanski desde
1989, y aún hoy en día continúan casados tras 36 años. Ella
solo tenía 21 entonces, la mitad que él. Se conocieron en el rodaje
de “Frenético”, y después ha participado en varias películas
del director, convirtiéndose en su musa, como en “Lunas de hiel”,
“La venus de las pieles” y “La serpiente”.
Como
era marca de la casa, Román Polanski estaba más interesado en la
atmósfera y la ambientación por encima de lo demás e insistió en
darle a la película un tono marcadamente europeo, cultural y
elegante pero bajo una sensación tenebrosa y oscura, cercana al
terror de películas como “La profecía”.
E insistió en rodar en
escenarios reales, como el Castillo Puivert del final, aunque
evidentemente no lo incendiaron.

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