martes, 2 de octubre de 2012

Escenas Míticas: Clásicos del terror I - La profecía

 

   Ya tenía ganas de tocar este tema. Durante este mes repasaremos las escenas de una de estas películas cada semana. Por supuesto, la lista podría ser muy larga y desde luego que me dejaré muchas. He seleccionado las que más  huella me dejaron.

   Comenzaremos con "La profecía". El anticristo prepara su llegada en la forma de un niño llamado Damien, hijo de un diplomático americano. Tras la muerte de la niñera en su quinto cumpleaños, se suceden diversos hechos sumamente extraños. A partir de aquí, cada persona que se interpone en el camino de Damien muere en misteriosos accidentes.
   Esta película me provocó bastantes pesadillas. El hecho de que fuera una profecía que no podía pararse de ninguna manera me causaba un gran desasosiego. Tiene escenas verdaderamente impactantes, como ahora veremos. Y esa música . . .  ¿a quien no le ponía de los nervios esa música?

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   El padre Brennan intenta advertir a Robert Thorn, padre de la criatura, de la verdadera naturaleza de este. Sin embargo, no le escucha y se marcha. Cuando el sacerdote se queda solo empieza a levantarse un viento muy sospechoso. El padre Brennan se teme lo peor. Y cuanta razón tenía de preocuparse pues es perseguido por un repentino temporal hasta las puertas de la iglesia donde es . . . ensartado por el pararrayos del edificio.

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   Una simple travesura cometida por el joven Damien que en su afán de pedalear a toda velocidad no se da cuenta que su madre está arreglando una planta, subida a un banco o algo así, despreocupada pero a pocos centímetros de la barandilla que la protegía de caer. Bueno, quizá no fuera un accidente, teniendo en cuenta que el personaje de Lee Remick estaba embarazada y el pequeño demonio ya no sería el rey de la casa. Atención al semblante de la niñera y como Damien se queda contemplando como su madre se escurre.
 
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   Gregory Peck y David Warner, o lo que es lo mismo, Robert Thorn y el fotógrafo Keith Jennings,  se encuentran en un cementerio de Roma donde se supone debería estar enterrado su verdadero hijo. Tras confirmar que este fue asesinado nada más nacer, descubren que no están solos allí. De hecho, están pero que muy acompañados, o más bien, rodeados de una bandada de perros con no muy buenas intenciones.

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   No pude quitarme esta imagen de la cabeza (nunca mejor dicho) en mucho tiempo. Después de visitar al arqueólogo Bugenhagen, que le entrega a Thorn un puñado de dagas con las que acabar con su "hijo", flaquea y tira los cuchillos junto a una obra en la calle. El fotógrafo va a recogerlos y, mira por donde, otro accidente fatídico. El descabezamiento se rodó desde varios ángulos y se repite hasta cuatro veces por si hemos perdido algún detalle del mismo.

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