“Romeo y Julieta” es junto a “Hamlet”, la obra de William Shakespeare más popular y también una de las más adaptadas al cine. No es esta la mejor adaptación de este título ni tampoco de las más destacadas del escritor en general, pero muy probablemente sea mi preferida, casi un placer culpable, porque es, de muy largo, la más atrevida, original y arriesgada.
Tanto que algunos afirmaron que el propio Shakespeare estaría removiéndose en la tumba cuando se estrenó en cines, por cierto, el mismo año que el “Hamlet” de Kenneth Branagh hacía lo propio. Sin embargo, a pesar de ser una absoluta locura en el estilo de dirección, estética y montaje de imágenes, considero que conserva y, diría que hasta potencia, el alma de la obra original.
Es cierto que rompía con todo lo clásico, que nadie se había atrevido a hacer algo tan radicalmente diferente a la hora de adaptar a Shakespeare a la pantalla, ya fuera la grande o la pequeña. No solo trasladaba la historia a la actualidad (finales de los noventa), es que casi parecía una distopia, cambiando totalmente el escenario a una ciudad ficticia llamada Verona Beach, rodada en México, muy alejada de la Italia de la obra.
Las familias de los Montesco y los Capuleto eran una suerte de familias mafiosas donde sus matones se enfrentaban en las calles (la secuencia de la gasolinera es impagable), y las espadas y florines eran sustituidas por preciosos pistolones de plata y oro que absolutamente todo el mundo llevaba encima. Y donde los coches parecen salidos de un programa de remozados tipo “Overhoulin”.
La película, que este año cumple treinta años, estuvo a cargo de un Baz Luhrmann, que tan solo había dirigido una película, “El amor está en el aire”. Que después volvería a revolucionarlo todo, esta vez en el musical, con “Moulin Rouge”, para continuar con algo más convencional, “Australia”. Se atrevía a hacer un remake de “El gran Gatsby”, un biopic de “Elvis” y lo siguiente que veremos es lo mismo pero de “Juana de Arco”.
Ganó el Bafta por la dirección y el guion, y la película fue nominada a la mejor dirección artística en los Oscars. Además, aunque pueda sorprender, mayoritariamente tuvo críticas positivas y comercialmente fue un éxito. Solo costó 14 millones de dólares pero es que recaudó 147 en taquilla. Es la adaptación de Shakespeare más rentable.
Para el papel de Romeo, aunque audicionaron actores como Christian Bale o Ewan McGregor (que luego si sería elegido para “Moulin Rouge”), se tuvo bastante claro desde el principio que el idóneo era Leonardo DiCaprio, que estaba tan entusiasmado con la idea que viajó a Australia para convencer personalmente a los responsables de Twenty Century Fox, cuando les asaltaron las dudas sobre el proyecto.
Al igual que Kate Winslet, DiCaprio fue seleccionado para hacer “Titanic” tras una película sobre una obra de Shakespeare. Aunque estuvo a punto de ser también Claire Danes la elegida para la película de James Cameron al ver su enorme química en pantalla con Leonardo DiCaprio. Pero sería repetir exactamente la misma pareja en muy poco tiempo y el público podría seguir viendo a Romeo y Julieta pero en un barco.
Porque “Titanic” forma parte de todas esas películas que no adaptan pero se inspiran en la fórmula creada por Shakespeare para “Romeo y Julieta”, la de dos amantes que proceden de mundos distintos, que hacen su amor imposible. Al igual que “Avatar”, “Grease”, “Crepúsculo” o “West side story”, que es prácticamente una pseudoadaptación. De las otras adaptaciones puras anteriores, las más destacadas son las de 1968, de Franco Zeffirelli y 1936 de George Cukor.
Claire Danes se impuso a actrices como Natalie Portman (la favorita pero solo tenía 13 años), Sarah Michelle Gellar, Jennifer Love Hewitt, la propia Kate Winslet o Christina Ricci. El reparto se completaba con nombres como Harold Perrineau, Pete Postlethwaite, John Leguizamo, Paul Sorvino, Brian Dennehy, Diane Venora y Paul Ruud.
La
película tiene una importante carga de simbología. En la fiesta de
disfraces, sus trajes representan a los personajes. Julieta va de
ángel, Romeo de caballero y Teobaldo de demonio, y los padres Capuleto de emperadores. Además, el agua
está presente en los momentos más importantes de la historia. La
presentación de Julieta, cuando se conocen (pecera), la declaración de amor mutuo (piscina), la
muerte de Mercucio (playa), la de Teobaldo (fuente) y la escena de
cama (lluvia).

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