martes, 25 de agosto de 2026

Escenas Míticas: Monstruos acuáticos - Infierno azul

 


   Cómo no iba a haber una de tiburones en este ciclo. Si las hay todos los veranos, incluso fuera de ellos, este año “Embestida”, por ejemplo. Tan cierto como que demasiado habitualmente el nivel ha sido muy bajo y son muy pocos los títulos de este subgénero que uno repite o hasta que pueda recordar una semana después de haberlas visto. Bueno, las de “Sharknado” se recuerdan pero por motivos muy distintos.




   Por supuesto, hay excepciones. Más allá de la secuela de la propia instigadora de la oleada de monster movies que se produjo después, “Tiburón” (ojo, la primera, es decir, “Tiburón 2”, las demás mejor olvidarlas), ha habido películas que se salvan de la quema. Como la divertidísima “Deep blue sea”, “Open water”, “A 47 metros” o incluso “Megalodón”. Y desde luego “Infierno azul”.



   Que probablemente es la mejor película de tiburones desde la de Steven Spielberg. Su éxito creó una avalancha de imitadoras de su fórmula, que nadie logró emular y que aplicaron a cualquier argumento con un animal amenazando vidas humanas, no solo tiburones. Personalmente solo destacaría dos por encima de las demás: “Piraña” y “Orca, la ballena asesina”.



   Porque yo siempre recomendaré, eso sí, sabiendo muy bien lo que es, “El último tiburón”, una típica exploitation italiana, que no tuvieron la más mínima vergüenza de vender como “Tiburón 3”, y que copia sin pudor el armazón argumental de la película de 1975. Desde luego, no es buena, incluso podría calificarse de infame, pero qué bien te lo pasas viéndola.



   El responsable de “Infierno azul” es un director bastante infravalorado en general por no tener un sello personal. De esos calificados “de encargo”. Pero que saben dirigir, que muy pocas veces fallan, lo que yo llamo un artesano efectivo. Hablo del español Jaume Collet-Serra. Prueba de que los productores sí aprecian esa efectividad es que nunca le falta trabajo.



   Collet-Serra debutó con el remake de “La casa de cera”, a la que considero bastante mejor versión de lo que se dijo. Y siguió con lo que ya es un clásico moderno del thriller de terror, “La huérfana”. Además, de un puñado de thrillers de intriga y suspense protagonizados por Liam Neeson, con el que prácticamente formó una sociedad. Quizá por su experiencia en el género es por lo que ha sido elegido el cineasta para el también remake de “Máximo riesgo”.



   Sin embargo, no fue la primera opción, el elegido había sido el francés Louis Leterrier (“Transporter”) pero rechazó la oferta por diferencias creativas y porque quería un presupuesto más amplio. Que finalmente fue de 17 millones de dólares, que se materializaron en un gran rendimiento en taquilla, en total 116 de recaudación. Y, en general, buenas críticas por parte de la prensa y el público.



   Jaume Collet-Serra le hace varios guiños a la película que todo el que hace una película de tiburones tiene como referencia desde hace cincuenta años, “Tiburón”. Esos planos desde debajo de las víctimas, recortando su silueta contra la superficie del agua o la forma en la que brota la sangre y tiñe el mar. Quién no ha copiado eso de Spielberg. Pero el homenaje más claro es situar una boya como elemento básico en la parte final de la historia.



   Y como en aquella, las apariciones del escualo están muy dosificadas. Por cierto, realmente bien recreado, totalmente por ordenador. La que no lo fue, es decir, es completamente real, fue la gaviota que acompaña a la protagonista buena parte de la película y con la que la actriz logró crear un lazo de confianza. Fue sacada de una organización conservacionista.



   Paradójicamente, la secuencia más compleja de filmar fue la conversación con los surfistas, para la que se necesitaron nueve barcos y setenta personas. Porque prácticamente todas las tomas submarinas fueron rodadas en un tanque de agua. Y probablemente la escena más visualmente fuerte fue la de la autosutura, donde la protagonista se cierra la enorme herida en la pierna con apenas unos pendientes que lleva.



   Que fue Blake Lively, en una de las mejores, si no la mejor, interpretaciones que ha hecho. Espoleada por su marido, Ryan Reynolds, para aceptar el papel, pues tenía ciertos paralelismos con el que acababa de hacer él, “Enterrado”, es decir, pasar gran parte de la película solo. Por eso no podemos destacar a más miembros del reparto, más allá de las breves participaciones de Óscar Jaenada y Brett Cullen.

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