Un
grupo de bailarinas se dispone a participar en una competición en Budapest cuando su autobús se avería y terminan en una posada (muy
bien ambientada, por cierto) en medio del bosque húngaro lleno de
gente muy poco recomendable. Podría haber sido perfectamente la
premisa para una especie de “Hostel” o más claramente una
historia de “rape and revenge”. Pero no es ninguna de esas dos
vertientes. De hecho, no es ni terror, y tiene más trazas de género
de acción. Porque aunque lo más realista sería que todas estas chicas
no duraran ni cinco minutos, entonces no habría película, por lo
que resulta que aprovechan sus dotes artísticas para sobrevivir en
un edificio repleto de matones. Porque eso es lo que es en realidad,
un survival total. Que nadie le intente buscar el sentido al guion
porque no lo tiene. Dado que de la noche a la mañana, nunca mejor
dicho, estas chicas se convierten en unas expertas luchadoras que
pueden matar a quien se les ponga por en medio y utilizando cualquier
clase de arma. Aunque lo más chulo es como usan los bailes como
coreografías de las peleas, que no son pocas. Más allá de que,
sinceramente, no creo que ninguna de las actrices tuviera ni puñetera
idea de baile previamente a la película. Un reparto bastante
desconocido, a excepción de Maddie Ziegler y Millicent Simmonds (“Un
lugar tranquillo”). Y, por supuesto, la villana, que no es otra que
una Uma Thurman pasadísima y que probablemente se lo esté pasando
bomba. La película solo quiere entretener y tengo que reconocer que
lo consigue porque su mayor virtud es no tomarse muy en serio a si
misma. Más divertida de lo que esperaba. 6.
Es
verdad, no lo niego, es ver una película en la que salga Samara
Weaving y lanzarme a por ella. Pero es que me he dado cuenta que no
es solo que esté ella, es que me gustan sus películas en general.
Es decir, suele estar en películas tremendamente entretenidas y que
precisamente solo tienen esa pretensión. Y me encanta que en buena
parte sean tirando más hacia la serie B que al cine de grandes
masas. Es un tipo de cine en el que parece sentirse en su salsa y no
tiene ningún complejo de seguir haciéndolo. Aunque tiene talento de
sobra para hacer películas de más empaque comercial. Esta es un
remake de una noruega, “El viaje”, de Tommy Wirkola (“Zombis
nazis”). Habitualmente cuando se trasladan estas historias a
producciones americanas se les baja considerablemente el tono
violento y demás. No es para nada el caso porque el último tercio
es un festival de sangre y gore, con muchísima cantidad de humor
negro. Es como si su director, Jorma Taccone, hubiera tomado como
referencia a Quentin Tarantino y Sam Raimi. El resultado es muy
gamberro y, como consecuencia, divertidísimo. Incluso
autoparodiándose como película de esas que van directas a
streaming. Mención aparte para un reparto en el que todos están
sembrados. Porque a Samara Weaving la acompaña Jason Siegel, con el
que a priori no me pegaba nada pero que demuestran tener una
química brutal, especialmente en esa fase de screwball comedy en esa
especie de batalla de sexos (hay una escena de diálogo que
literalmente me he tronchado de risa). Pero también está Timothy
Olyphant y una impagable Juliette Lewis. 6’5.
Si hay un espejo en el que se mira, y de forma nada disimulada, es el de “Noche de bodas”, especialmente en cuanto al nivel de violencia que no escatima en sangre y gore, y al tono de humor negro. Claro que no tiene el enorme carisma que despliega Samara Weaving pero tampoco lo hace mal Zazie Beetz, y de paso recupera a actores como Tom Felton (creo que nunca le había visto fuera de la saga Harry Potter) y veteranas como Patricia Arquette y Heather Graham. Conviene no atender demasiado a la verosimilitud de la historia porque básicamente es una mera excusa para ver a su protagonista repartiendo estopa a diestro y siniestro y varias veces porque sus rivales tienen la mala costumbre de sobrevivir. El motivo lo sabréis cuando la veáis. Por tanto, aquí lo importante son las secuencias de acción, que son muchas y empiezan bastante pronto, y cuantas burradas se pueden poner en pantalla, que tampoco son pocas. Pero que el guion quepa en una servilleta de papel no significa que no se haya trabajado en otros apartados. Como el de la ambientación de un escenario prácticamente único, el de un hotel del que una vez que se entra ya no se sale, lo que le da cierto toque a “Abierto hasta el amanecer”. Y el de una fotografía muy marcada, que resalta los colores del interior. Está bastante lograda la recreación del lugar. Nuevamente, hay elementos que me han recordado a Tarantino y Raimi, y tengo que reconocer que, a pesar de la simpleza de la propuesta, me ha resultado muy entretenida y me he divertido con sus excesos. 6.




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