En tiempos navideños y, por tanto, de celebraciones como la del nacimiento de Jesucristo, vamos a recordar una space opera cuya historia, sobre todo, en esta segunda parte, corresponde al viaje mesiánico de su protagonista, Paul Atreides. No es la única space ópera que lo hace. Antes “Star Wars” ya se inspiraba en algunos relatos bíblicos para encumbrar a su “elegido” para dar equilibrio a la galaxia.
Claro que es que George Lucas ya había saqueado previamente la propia novela de “Dune”. Por lo que me hace mucha gracia cuando algunos dicen que el “Dune” de Dennis Villeneuve se parece mucho a “Star Wars”. Primero, no lo hace, son tonos totalmente diferentes. Segundo, es “Star Wars” quien copió al libro de Frank Herbert. El cual, durante mucho tiempo, se consideró inadaptable, por lo que todos los directores que se han acercado a ella han considerado que se necesitarían varias películas para hacerlo.
Es lo que pretendía Ridley Scott, cuando en los ochenta fue tentado a ello, y lo que pensaba el propio David Lynch, director de la versión de 1984, que eran necesarias mínimo dos películas. Pero el productor Dino De Laurentiis no se lo permitió. No solo eso, le obligó a someter a su versión a un enorme recorte de metraje, que mutiló el resultado final, como ya vimos.
Villeneuve si lo consiguió. Así que Warner cedió ante lo que para el director canadiense era imprescindible para acceder a realizar el proyecto, en una fórmula que ya estaba aplicando para “It”, adaptar una novela de gran complejidad y extensión mediante dos películas pero una sola historia. No que una fuera la secuela de la otra. Para Villeneuve es, como sostenía Quentin Tarantino con su “Kill Bill”, una sola película dividida en dos partes.
De hecho, incluso la incorporación de varios actores para esta segunda parte parece más un avance de personajes que deberían ser más protagonistas en la tercera, como son los casos de Florence Pugh, Lea Seydoux o Anya Taylor-Joy (qué es prácticamente un cameo), puesto que el componente femenino va a ir adquiriendo cada vez más importancia.
Pero también se incorporaba Christopher Walken y Austin Butler. Que se unían a un reparto ya bastante nutrido de nombres relevantes donde repetían Timothy Chalamet, Rebecca Ferguson, Javier Bardem, Josh Brolin, Stellan Skarsgard o Dave Bautista. No me olvido de Zendaya, que precisamente tiene un rol principal en esta segunda parte, pues que en la primera solo aparecía en las visiones de Paul Atreides.
Con la tercera parte, Dennis Villeneuve parece que pone fin (o al menos descanso) a su periplo de grandes y muy buenas películas de ciencia ficción iniciado con “La llegada”, “Blade Runner 2049” y continuado y finalizado con la que será la trilogía de “Dune”. La cual estuvo a punto de truncarse, si su primer capítulo no hubiera resultado rentable en taquilla.
Cosa que estuvo a punto de ocurrir, pues “Dune, parte 1” se estrenó en octubre de 2021, apenas unos siete meses después de declararse la pandemia del covid, por tanto los cines no estaban a pleno rendimiento y el público todavía era reacio meterse en las salas. Aún así, consiguió recaudar 482 millones de dólares, lo que hacía presagiar que en condiciones más favorables, la cosa podría ir mejor todavía.
Y
así fue, con un presupuesto de 180 millones, por los 160 de la
anterior, recaudó 714 en taquilla, logrando además incluso mejores
críticas. Además, tuvo cinco nominaciones al Oscar, de las cuales
consiguió las del mejor sonido y los efectos especiales, que no
fueron todos precisamente visuales. Villeneuve no quería, por
ejemplo, que los gusanos se vieran muy digitales, así que mayormente
fueron mecánicos, y solo se usó el CGI para completar. La arena
también era real.
Villeneuve
realizaba más claramente que la película precedente, un homenaje al
cine épico clásico, que guarda ciertos paralelismos con el
“Lawrence de Arabia”, de David Lean, pero retratando a un líder
mucho más oscuro, un héroe nacido del fanatismo religioso.
