viernes, 13 de marzo de 2026

Microcríticas Express: La mano que mece la cuna (2024)/La larga marcha/Five nights Freddy's 2

 



   Siempre que se hace un remake de una película icónica se sabe que ya de entrada parte con mucha desventaja en cuanto a una comparación que va a ser inevitable. Porque el elemento nostalgia cuenta y mucho, y tenemos un recuerdo más positivo todavía de lo que en realidad era la película. Pero también hay que saber ser objetivo. Porque si a esta película se la juzgara de forma independiente seguramente las críticas tan negativas que ha recibido, más del público que de la prensa, no serían tales. Más que
emular a la original lo que han tratado es de llevarla a nuestro tiempo. Si, el esqueleto argumental es básicamente el mismo pero tiene varias diferencias bastante sustanciales. Sobre todo, en cuanto a un par de giros pero más especialmente en cuanto al paralelismo entre la villana y la víctima. En cuanto a que hay un equilibrio de la culpabilidad que no existía en la original y que coloca a las dos protagonistas casi a la misma altura, lo cual es un enfoque interesante porque la imagen que tenemos de ambas dista de la película de los noventa. Lo cual cuadra con que también exista un equilibrio entra las dos actrices. En su precedente, Rebecca de Mornay se fagocitaba al resto del reparto, tanto en la ficción de la historia como en la interpretación. Nunca estuvo tan bien antes y nunca estuvo mejor después, es la interpretación de su vida. Y eso se hacía patente en comparación con Annabella Sciorra, a la cual se comía con patatas. Era De Mornay la que hacía que esa película no fuera una thriller más. Sin embargo, en el remake, Maika Monroe hace un buen trabajo pero no es tan hipnótica, y Mary Elizabeth Winstead es capaz de hacerle más frente que Sciorra a De Mornay. Incluso la resolución final es más ambigua en cuanto a ambas. Por cierto, sorprende que las escenas de violencia sean tan explícitas en esta versión. 6’5.


   La premisa no puede ser más sencilla. Un grupo de chavales jóvenes se alista en una prueba que consiste en andar por una carretera hasta ser el último en quedar en pie, sin poder parar en ningún momento ni reducir la velocidad. Una nueva distopía de supervivencia para un director especializado en ellas, Francis Lawrence, que ya se hizo cargo de varias entregas de “Los Juegos del Hambre” o “Soy leyenda”.
Y la verdad es que sabe manejar muy bien la tensión de que cuando un personaje se pare, inmediatamente después se lo van a cargar. Además, sin escatimar en lo más mínimo en lo explícito de la violencia, incluso a veces, de forma gratuita. Pero bueno, así se deja bien claro que el final para casi todos ellos va a ser devastador y sin ninguna clase de piedad. Se basa en una novela de Stephen King. Desconozco si es una adaptación fiel porque no la he leído, pero conociendo ese escritor y muchas otras adaptaciones de sus obras, me cuadra el verdadero tema de esta historia. Porque aunque sea considerado el rey del terror, hay un tema predominante en sus libros y es la amistad, incluso es sus propuestas más terroríficas, como “It”. Esas conversaciones que tienen entre los personajes, donde crean vínculos a pesar de que son rivales entre si, es lo realmente interesante. Gracias a un acertado casting de actores jóvenes, encabezado por Cooper Hoffman (“Licorise Pizza”) y David Jonsson (“Alien Romulus”), con veteranos como Judy Greer y un pasadísimo Mark Hamill. Visualmente era imposible resultar un tanto repetitiva porque es siempre lo mismo, lo cual intentan solucionar con algunos flashbacks, pero no abusan de este recurso y son bastante cortos. Mejor, porque Stephen King se excede bastante con esto es sus novelas. 6’5.


   Lo han conseguido. Era difícil pero se han superado. Es incluso peor que la primera. Y eso que es verdad que es más entretenida, hay más muñecos con efectos animatrónicos (que se sigue agradeciendo mucho, por aquí ningún problema) y además son más terroríficos. De hecho, es que es lo único que se puede salvar de la película. Porque el guion es un sin sinsentido constante, como si lo hubieran hecho sobre la marcha, dependiendo del estado de ánimo con que se levantaran los guionistas. Giros sacados de la manga y metidos con calzador en la trama. Los muñecos a veces responden a las leyes de la mecánica y otras a lo sobrenatural. Todo porque si, porque alguien lo ha escrito en un papel que ha llamado guion. Con incongruencias como mostrar una tecnología que ni de puñetera coña existía en el tiempo que sitúan la creación de los muñecos. Que uno de ellos sea capaz de “poseer” humanos. O que nos hagan referencia a un episodio que se supone que vivió uno de los protagonistas en la película anterior pero que no nos enseñaron. Es un completo desastre. No obstante, cuando no se tiene un guion, lo que se hace es ofrecer un digno espectáculo en compensación. Pues tengo que decir que aquí muere muy poca gente. Ya no es que no tenga gore, es que apenas hay sangre. En cuanto el reparto hay cosas curiosas. Mckenna Grace se está acostumbrando a salir en películas de terror pero solo un ratito y siempre con el mismo destino. Dicen que ha fichado por “Destino final 7” (pues ya está). Por cierto, coinciden Skeet Ulrich y Matthew Lillard, los de “Scream”, aunque son meros cameos. En fin, encima lo dejan todo para un tercera parte. Pero si queréis divertiros de verdad con una propuesta similar, poneos mejor “Willy´s Wonderland”. 4.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Escenas Míticas: Sectas - Los sin nombre

 


   No solo es uno de los títulos de culto del cine español sino que tuvo reconocimiento internacional siendo aclamada en el Festival de Sitges, donde fue premiada como mejor película, donde se destacó su originalidad, y convirtió a su director, Jaume Balagueró, como cineasta seguir en cuanto al género de terror patrio pero también fuera de nuestras fronteras.


   Lo cual confirmó durante las dos siguientes décadas, lo que le ha supuesto ser considerado uno de los máximos exponentes del cine español de terror en este siglo. Porque “Los sin nombre” no fue más que su debut, al cual solo precedían un par de cortos donde ya se adivinaban pautas de su estilo que se refrendarían en sus siguientes películas.


   Porque después vinieron títulos como “Darkness” o “Frágiles”, más cercanos al terror anglosajón que al español, o al mejor episodio de la vuelta de la antología “Historias para no dormir”, “Para entrar a vivir”. Que precedieron al que, sin duda, es su mayor éxito de largo, “REC”, que tuvo tal repercusión que incluso tuvo remake norteamericano. Al igual que la siguiente, “Mientras duermes”.


   Sin embargo, en los últimos años, aunque ha hecho varias nuevas incursiones en el terror fantástico, como “Musa” o “Venus”, no ha vuelto a mostrar ese nivel pasado. Que se demostró en dos de las tres secuelas, la primera y la tercera, que tuvo “REC”. Lo siguiente que se espera del director catalán es una nueva visita a su género favorito, que llegará ya para 2027, y que lleva el título de “Hay alguien en el jardín”.



   “Los sin nombre” formaba parte de esa ola de nuevo terror español junto a ejemplos como “Tesis” o “Abre los ojos”, de Alejandro Amenábar, con el cual Balagueró compartía ese gusto por los finales sorpresa que M. Night Shyamalan había puesto de moda con “El sexto sentido”, constante que permanecería en sus siguientes películas.

   De hecho, Jaume Balagueró cambió el final de la novela que adaptaba, del mismo título, escrita por uno de los escritores británicos de terror de moda en aquel tiempo, Ramsey Campbell. Final que se mantuvo en secreto incluso para la mayoría de los propios integrantes del equipo, con la obsesión de que no se filtrara. Además, también suavizó varias escenas que en principio iban a ser más explícitas y violentas.



   “Los sin nombre” fue considerada lo que se llamó “proto-folk urbano”, que básicamente consistía en tratar el choque de lo arcaico y lo moderno, del folk horror, como hacía el principal referente del subgénero, y que pudimos ver aquí, “El hombre de mimbre”, y que se vio de nuevo en “Midsommar”, de Ari Aster, pero trasladándolo al escenario de la ciudad.



   Por lo cual, Balagueró se empeñó en rodar en localizaciones reales abandonadas, algo que repetiría en películas posteriores, como hospitales, fábricas o zonas industriales en desuso. Con la intención de darle un realismo más físico que el de un estudio, aparte de impregnar a la película de una ambientación lúgubre e incluso decadente.


   El resultado fue sensacional. Tuvo muy buenas críticas y funcionó bien económicamente, recaudando 4 millones de euros, habiendo invertido solo 900.000. Es más, ha influido en películas de otras nacionalidades, tan variadas como “The ring”, “Session 9”, “El orfanato” o “Martyrs”. El año pasado se estrenó una miniserie de seis episodios, también llamada “Los sin nombre”, que es una nueva adaptación, más que un remake.

   Aun siendo el debut cinematográfico de Jaume Balagueró, la película contaba con un reparto de nombres bastante reconocibles en el cine español, con ejemplos como Karra Elejalde, Tristán Ulloa, Emma Valarasau o Carlos Lasarte. En sus siguientes películas manejaría repartos más internacionales, de hecho, “Darkness” y “Frágiles” se rodaron en inglés.